Ensayo
‘Oro y estiércol’, de Perejaume

Perejaume. | EUROPA PRESS
Este ensayo o colección de fragmentos, extraordinariamente poético, del artista polifacético catalán Perejaume, nos sumerge en un extraño mundo con el que sin embargo estamos muy familiarizados: se trata de mirar retablos, de pensarlos, de sentirlos y con ello homenajear los bosques que los sostienen. Como se sabe, los retablos se alzan en el fondo de las naves de las capillas como una lumbre llena de troncos entre el cielo y la Gloria, nos advierte el autor. ¿Quién no se ha detenido ante una iglesia o una catedral, ante las capillas laterales de muchos templos, a observar con detalle el paraíso barroco que alegoriza escenas de la cristiandad? No hace falta ser creyente para creer, para maravillarse del trabajo de los artesanos que fueron construyendo a través de los siglos esos bucles de madera y oro, en una loa dedicada a los bosques, a los árboles, a la tierra. Aunque la profusión de retablos por todo el país, antes de la quema que se hizo durante las revueltas anticlericales de 1835, 1909 y 1936, debía ser extraordinaria, nos dice Perejaume. Se han reconstruido, se han reelaborado, ahí están esos retablos de tantos cielos cultivados en el aire espeso y visionario a través de tanto hartazgo de imágenes y formas con santos encuevados, ángeles protuberantes y colgantes, motivos vegetales de todo tipo, todo ello en una prosa traducida del catalán impecablemente tan densa como ligera. Y al leerla tienes que echar mano de la imaginación, ese don tan humano y que cada vez se encoge más como efecto de las velocidades de las redes y sus aplicaciones. ¿Qué nos espera si ya no se es capaz de estar delante de un texto para que este te traslade sin necesidad de artilugios ni artimañas? Textos, estos, de conjunciones barrocas, tan cordobesas si tendemos la imaginación hacia Góngora o algunos poetas del grupo Cántico. Lo que se escribe y lo que se narra confluyen para darnos topografías múltiples. No es fácil reseñar tanta poesía en unas páginas: «Como amontonamientos de horizontes sucesivos, doblados, plantados en un mismo plano». Después de leer estos textos una se queda con ganas de regresar a los retablos cordobeses, el Retablo Mayor de la Mezquita-Catedral, los de las ocho iglesias fernandinas, el de la Iglesia de la Marced, o el de San Hipólito... o el de San Bartolomé en Espejo, o esos retablos de las iglesias de Lucena y Aguilar. Perejaume, para escribir este libro, se ha fijado en las iglesias de Cadaqués, con sus atlantes ganapanes, en la de Arenys de Mar o en la de Port de la Selva. Ha dado la clave al deslumbrarnos con las ostentaciones metafóricas que te detienen para mirar las repeticiones singulares creadas por talleres y maestros artesanos. Qué bello oficio. Como dice Victoria Cirlot en el epílogo, el título de este libro parece repetir lo que en leyendas y cuentos se encuentra con frecuencia, la mezcla de heces y oro, una humana asociación de lo que está desprovisto de valor con lo más valioso. Alquimia pura donde se trasmuta lo más bajo con lo más alto. El mismo Perejaume realizó en el año 2021 un montaje donde doró con 2700 hojas de pan de oro 30 toneladas de estiércol cerca de Mataró. Fragmentos volátiles y fragmentos de palabras, retablos que en la quema brillaron tanto como el oro. Una delicia de texto que nos seduce para mirarlos con más intensidad curiosa.
‘Oro y estiércol. Fragmentos de escritura forestal’.
Autor: Perejaume.
Editorial: Siruela. Madrid, 2025.
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