LAS GUARDAS
Nuestro pasado

Nuestro pasado / Córdoba
«Solo la flor que cae es una flor total, ha dicho un japonés. Casi podría decirse lo mismo de una civilización» (Cioran). Lo que para algunos es el gran éxito, para otros no es más que su propia anulación. Libro extraño el de Barthes ‘Fragmentos de un discurso amoroso’, y más que extraño diría que es original, o circunstancial, o concreto, y está concebido como una afirmación. Puede considerarse uno de los mayores ejemplos de la literatura fragmentaria, dejemos a un lado los aforismos, los micro textos, el fragmento nos llena, nos alimenta.
La falsa autenticidad es otra forma de concebir el mundo, de verlo, de vivirlo, queremos olvidar el pasado, pero el pasado nos persigue y nos alimenta. Somos incapaces de vivir sin nuestro pasado. No podemos perder nuestra propia esencia mítica, el relato social con el que vivimos ese pasado, es nuestra naturaleza, nuestra sustancia, nuestra condición, nuestra trascendencia. Escribía Barthes que «el demonio es plural». Los fragmentos destinados a «El rapto» son sublimes.
Vivimos en una sociedad precaria, al menos la vida se suele desarrollar de una forma efímera. Nuestra supervivencia se articula a través de productos que vienen preconcebidos por un sistema fracasado, un sistema erróneo, un sistema que no aparece cuando se le necesita. Defendemos la autorrealización olvidando que estamos en una cárcel de cristal donde miramos, pero no observamos. Recuerdo un aforismo de Cioran: «Todas las concesiones que se hacen van acompañadas de un empobrecimiento interior del que no se es consciente en el momento».
Aceptamos las verdades compasivamente y no descubrimos que no son verdades, ni serán verdades. Respiremos, acudamos al pasado cada vez que lo necesitemos, sin criminalizarlo, es nuestra historia, caminemos hacia él. Y no olviden que «el arte de caminar es un arte contemplativo», lo escribió Bobin en ‘Elogio de la nada’.
Culmino el repaso de esta columna y no dejo de recordar un párrafo del artículo anterior «Ya no hay nubes con forma de poemas, ni nubes de versos alejandrinos». Hemos sufrido una gran desgracia en el Levante español, una adversidad inmensa. Y tal vez Cioran tenía razón cuando escribió: «Se vive de la mentira mientras no se ha sufrido. Pero cuando se comienza a sufrir, se irrumpe en la verdad únicamente para echar de menos la mentira». Solo puedo mostrar inmensas condolencias.
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