LAS GUARDAS
Era educación y era vocación

‘Había del verbo a ver. Diario del instituto’
Leímos hace unas semanas una noticia que salió a la luz, con pompa y circunstancia, sobre un profesor que abandonó la enseñanza por las continuas faltas de respeto de los alumnos. Nada nuevo bajo el sol. Para el que no lo recuerde, España lidera las tasas de abandono escolar de la Unión Europea, entre otros muchos datos fulminantes.
El profesor en cuestión, Ángel María Fernández, ha publicado recientemente el libro ‘Había del verbo a ver. Diario del instituto’, donde relata las inclemencias de su paso por las aulas, y otorga a la obra un tono llorón y peyorativo de su trabajo como profesor. Uno puede sacar la conclusión de que todo en el aula es malo, o diciéndolo con más propiedad, su experiencia es muy negativa y no relata momentos felices o de gozo durante su ejercicio.
Veamos. Algo que hay que tener muy claro siempre, es que el conocimiento otorga felicidad, más felicidad diría. A más conocimiento, mucho más felices podemos ser. De ahí que el fomento a la lectura, la comprensión lectora, y otros muchos planes y proyectos, o simplemente actividades enfocadas al conocimiento, resulten provechosas, y desde luego, nos enriquezcan en felicidad, que no es poco.
Siempre defendemos la lectura, y mucho más a la edad escolar. Todo lo que ganemos en esos tiempos, nos hará más inteligentes y más felices. Está claro que los planes de estudio actuales ni promueven ni fomentan la cultura del esfuerzo, y el hecho en sí de leer, además de ser un placer elegido libremente, precisa de un esfuerzo del que debemos ser conscientes y consecuentes.
Las faltas de respeto son una falta de educación, pero el abandono o la marcha del puesto de trabajo educativo se debe a dos factores fundamentales. El primero es que la vocación no se había consolidado muy bien, o nunca había existido en realidad (no queremos hablar a la ligera, desconocemos la vocación de cada persona). Y la segunda es la falta de apoyo de las administraciones a la comunidad educativa, ya sea por parte de los inspectores, de los teóricos, o de los esbirros de la Consejería que más que apoyar, complican el día a día de un docente en su puesto de trabajo. Y esto último lo hacen con instrucciones, órdenes o decretos que no entienden ni ellos mismos, pero suenan bien y deben rellenar el currículo, un ejemplo la que tienen liada con las Situaciones de Aprendizaje. ¿Qué hacemos para qué el alumno no abandone o para que el docente esté gratamente satisfecho? Ese es el problema al que no quieren dar solución.
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