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LAS GUARDAS

Solamente

Imagen de una librería.

Imagen de una librería. / Jordi Otix

Ya quisiera la RAE, en estos tiempos, parecerse a las librerías; vuelve a perder el crédito, o el descrédito. La ilusión de algunos por la vuelta a la tilde no es comparable a la ilusión de otros por esas presentaciones desorbitadas donde el presentador debe ser más protagonista que el autor. Su inmenso discurso interminable aburre hasta las tildes.

Recuerdo ese «Se servirá una copa de vino español», modificado ahora por el vermú de turno. Los que indican que acuden, pero nunca se presentan. Los que dicen que van a fumarse un cigarro y ya no vuelven a entrar. Los pelotas, los indeseables, los que no saben qué hacer hasta el último momento, y acaban en la puerta para, al final, darle un abrazo al protagonista y decirle al oído: «Has estado magnífico», ya se han justificado.

Una librería es una auténtica delicia, y deben seguir siendo así. No deberían tener libros para los ineptos, esos que se juntan en torno a una editorial que otorga privilegios. Todo, en el fondo, es cuestión de inteligencia; inteligencia y lucidez. La ineptitud de algunos, y su eficacia o ineficacia, conforman el fondo presente y futuro. Pero siempre, hay que defender a una librería, ya sea de viejo, con libros antiguos y clásicos, o de fondo. También existen las honrosas excepciones, maravillosas siempre.

Esto ya no va de tildes, esto va de entretener a los ciudadanos con gilipolleces, mientras asistimos a una decadencia moral y social donde dan igual las librerías, las presentaciones, y hasta las tildes. Fíjense que todo parece un sueño, y en el sueño pensamos el mundo que le estamos dejando a nuestros hijos, o los libros que le estamos dejando a nuestros descendientes. Se habla más de resiliencia que de Dostoyevski. ¿Y qué es la resiliencia? Pues, la nueva Selectividad, que hará más inculto y peor persona a nuestras generaciones futuras. Todo es clientelismo, en el fondo todo es cuestión de pasta. Si la RAE quisiera podría hacer mucho por los que vienen detrás, a los que estamos aquí tan solo nos entretienen con banalidades. Solamente. Aquí está la clave.

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