ENSAYO

Rousseau,el filósofo ginebrino

Juan Arnau reflexiona sobre la

biografía y los escritos del intelectual

Jean Jacques Rousseau.

Jean Jacques Rousseau. / CÓRDOBA

Antonio González Carrillo

Antonio González Carrillo

Quién es en realidad ese filósofo ginebrino llamado Jean Jacques Rousseau? A esta cuestión responde el ensayista Juan Arnau, profesor en la Universidad Europa de Valencia en su reciente obra de inquietante título ‘Rousseau o la hierba doncella’ editada por Alianza Editorial en 2022, que hace un recorrido tanto por su biografía como por sus escritos. Lo de «la hierba doncella en flor» hace referencia a una hierba que le trae un médico amigo contra la enfermedad azul, para amortiguar las pasiones. Estaríamos ante una originalísima aproximación a la figura y los tiempos del filósofo ilustrado ginebrino. Un retrato ameno y poético que retrata de manera certera al autor de ‘El contrato social’ a base de pinceladas íntimas, al mismo tiempo que certeras y eficaces. En su más célebre obra hizo surgir como legado una nueva visión de la política basada en las ideas ilustradas de la voluntad general, del pueblo soberano como depositario de la soberanía, del gobierno eficaz y del Estado republicano que abrió paso a la democracia moderna que evitaría la rebelión y la desobediencia de los ciudadanos. Una democracia donde todos los miembros reconocen la autoridad de la razón para unirse en una ley común, en un mismo cuerpo político a la que obedecen porque nace de ellos mismos. Una sociedad que recibe el nombre genérico de república que es lo que defienden los republicanistas cívicos desde Isócrates y Cicerón. En su biografía constamos que Jean Jacques es tan romano y griego como moderno. Fue sin duda un tipo singular, que emergió achacoso y enfermo. Había nacido para ser perseguido, fue apedreado en su ciudad natal y ridiculizado sin piedad por el ingenio de otro ilustrado, Voltaire.

Rousseau,el filósofo ginebrino

Rousseau,el filósofo ginebrino / Antonio González Carrillo

Hijo de un relojero de Ginebra, procurador y pastor protestante. Fue Jean Jacques bueno y generoso a veces, a la vez que despreciable y vil en otras. Cantó como nadie la dignidad más elevada y las miserias más rastreras. En su vida cotidiana creía que era objetivo de una conspiración universal contra él. No conoció el amor, ni siquiera con Teresa Levasseur, su mujer, su ama de llaves y su cocinera, compañera de infortunios y madre de sus hijos a los que dejó en un hospicio, además de estorbo para su gloria.

De niño, a los 8 años se arrojó a la lectura de Plutarco, que forjó su espíritu heroico y romántico. Ganó en experiencias con estas lecturas y buscó los tipos que conoció en esas novelas y se entregó a ellos.

A los 10 años, fallecida su madre, su padre se tuvo que exiliar y se tuvo que quedar al cuidado de sus tíos. A los 13 años entra como aprendiz en casa de un grabador. Un maestro tirano que acabó por arrojarle a la holgazanería, el disimulo y la mentira. A los 16 años abjuró del calvinismo y abrazó el catolicismo del que también renegaría. Escribió música y se hizo amigo de Diderot, en una visita a Vicennes donde este se encontraba encarcelado, encontró en la calle un pasquín de un certamen de la Academia de Dijon donde se preguntaba si las Artes y las Ciencias contribuyen a mejorar a los hombres y las costumbres. Se presentó, lo ganó y su respuesta fue un no rotundo a la cuestión.

Arnau presta en este ensayo un especial interés a la religión en el capítulo quinto, titulado «Un vicario saboyano». La familia Rousseau procedía de los hugonotes. Jean Jacques, en su obra ‘Profesión de fe de un vicario saboyano’, reniega de sus ideas deístas mayoritaria entre los ilustrados. Sostiene que los primeros en echar a perder la causa de Dios son los sacerdotes y los beatos. Reniega de las máscaras de las religiones y de las inútiles disputas teológicas. Convencido de su insuficiencia, evita razonar sobre la naturaleza divina. No es razonable decirle a los hombres lo que tienen que creer o no. La jerga teológica se lamenta ha llenado la Filosofía de grandes absurdos.

En otros capítulos, Arnau se refiere a los amigos enciclopedistas como una época de genios y bellos espíritus, se centran sobre todo en la desigualdad como temática central en el conjunto de su obra; del interés propio que conduce a las desigualdades, del falso progreso que contribuye a la decrepitud de la especie; de los ecos del terremoto de Lisboa de 1755, de los cuerpos ensangrentados y las cenizas humeantes en la ciudad del Tajo, mientras filósofos como Leibniz vociferan que todo está bien. Este mundo es un teatro de terror, de pestes e ignorancia, también de esperanza. Se pregunta si la ciudad portuguesa tenía más vicios que Londres. En sus obras autobiográficas, sus célebres «Confesiones» dieron un vuelco fundamental a la literatura europea hasta el punto de ser considerado un autor precursor del Romanticismo.

En este texto breve y brillante Juan Arnau nos muestra de manera palmaria que el conocimiento no necesariamente se transmite sólo a través de datos objetivos sobre una vida y una obra de un autor, sino que hay vía alternativa fructífera que se revela amena y fértil.

‘Rousseau o la hierba doncella’.

Autor: Juan Arnau

Editorial: Alianza Editorial (Madrid 2022)

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