Cuando en 1998 publiqué el libro ‘La poesía que llega. Jóvenes poetas españoles’, no me cupo ninguna duda de que uno de los primeros puestos en la antología iba a corresponder a Pedro José Vizoso. En aquel momento, el escritor gallego, tras una vida azarosa por Hispanoamérica, se había afincado en Málaga, donde realizaba un oscuro trabajo, codirigía el suplemento ‘Papel Literario’ (que tanta importancia tuvo en la polémica de aquellos años entre los autores de la Experiencia y los de la Diferencia) y sólo había visto publicadas algunas ‘plaquettes’ poéticas en ediciones muy minoritarias, entre las que destacaba la titulada ‘La doble vida’. Muy pronto comprendí, al leer aquellos textos, que me hallaba ante un poeta excepcional. Poco después, Vizoso consiguió una plaza en una universidad estadounidense y, aunque dejamos de vernos, supe de él a través de sus publicaciones sobre escritores franceses del siglo XIX y de su soberbio estudio sobre el ‘Madrid modernista’. Su labor profesoral y erudita había resultado admirable, me dije, pero también me pregunté que cómo un poeta tan cierto como el que escribió ‘La doble vida’ podía guardar silencio durante décadas, sin dar a luz ni un nuevo poemario. Y de repente me llega al buzón el libro ‘La luz de las almas’ (arKadia, 2019), primera entrega de una trilogía que, según se nos informa en la contraportada del libro, será completada en breve con la publicación de las otras dos partes. ‘La luz de las almas’ es un poemario magnífico, de los mejores que he leído en lo que va de siglo, un libro hondo, lleno de fuerza y delicadeza a la vez y con un lenguaje poético en el que todo es novedad. Nos encontramos ante una poesía neosimbolista, colmada de sugerencias y constantes sensaciones cruzadas o sinestesias; una poesía crepuscular nacida de la contemplación, de la meditación y del silencio. El poeta se identifica con los elementos de la naturaleza: mar cielo, pájaros olivos… Y se mueve en la antítesis muerte-luz, esa luz de las almas (que tal vez por su condición de gallego aparece vinculada a la Santa Compaña).

Aunque encontramos algunos ejemplos de poemas en prosa, acaso en línea con la poesía última de Juan Ramón Jiménez, en el libro existe una preferencia por los versos alejandrinos propios de la formación francesa del autor. El dominio de la métrica es completo, con abundancia de aliteraciones y algunos hipérbatos, pero la forma queda siempre sometida al fondo y el fondo resulta estremecedor. El fuego de estos poemas gira en torno a las originalísimas metáforas. El mismo Vizoso escribe sobre ellas: «dan a la vida como un aura/ de sueño y magia y de saber. Por eso/ tal vez suscitan emociones, pintan/ lo que tu vida fue con los colores/ del arte y la literatura». El poeta vuelve los ojos hacia el pasado y siente la incertidumbre de su presente, se embriaga y nos embriaga de belleza, pero, como buen conocedor del Modernismo, también da testimonio de lo feo pues sabe que del contraste nace el latido verdadero del arte y de la existencia.

En ‘La luz de las almas’ hallamos también un largo poema dedicado a Gerard de Nerval (de quien Vizoso tradujo toda su poesía) en su última noche, con evocaciones de distintos momentos de su existencia y de las hijas del fuego. El poeta gallego se identifica con el del siglo XIX cuando escribe: «la insalvable distancia que te aparta/ de ese mundo ya ido es astronómica». El final de este poema, o acaso todo este poemario de principio a fin, resulta impresionante y confirma cuanto habíamos esperado de su autor.

‘Las luz de las almas’.

Autor: Pedro José Vizoso.

Editorial: Arkadia. 2019.