ENTREVISTA | Francisco López Barrios Escritor

"El relato me permite trabajar más el texto, insuflarle registros poéticos"

La trayectoria del escritor granadino pasó del periodismo a la agricultura ecológica y a la narrativa desarrollada desde un pueblo de Almería

Francisco López Barrios.

Francisco López Barrios. / GEMMA

Francisco López Barrios (Granada, 1945) es periodista, gestor cultural, crítico y articulista que había publicado dos novelas, Dicen que Ramón Ardales ha cruzado el Rubicón (1976) y Alguna vez, más tarde y para siempre (1984), las colecciones de cuentos, La noche de terror del terrorista (2002), Yo soy todos los besos que nunca pude darte (2015), El violinista imposible (2019) y la novela Amado pulpo (2017). Ha publicado, recientemente, La caza, captura y muerte de la abuelita hispánica, en una casa de lujo de una ciudad de lujo, sometida a la más rigurosa de las democracias y repleta de padres honestos y niños felices (2021).

¿Uno se retira de la primera línea informativa y se refugia en la soledad de la literatura?

En mi caso, así fue. Tras el cierre de El Independiente, donde fui redactor-jefe de Cultura, decidí abandonar la profesión. Los tiempos estaban cambiando y lo que venía no me interesaba, compré una tierra en un pueblo de Almería, Cuevas del Almanzora, con un cortijo semiderruido que restauré. Realicé los cursos de la Junta de Andalucía para convertirme en un experto en agricultura ecológica del olivar, planté el primer olivar ecológico de la comarca y mientras los olivos crecían cultivé melones, coliflores, alcachofas y sandías. En el campo aprendí de todo, aunque es una vida dura y sana que te permite dar de mano por la tarde, después de pegarte una ducha, y compartir una cerveza con el vecino sentado a la puerta del cortijo, dándole la razón a Prótagoras cuando dijo que «el hombre es la medida de todas cosas: de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son».

La noche de terror del terrorista (2002), ¿supone un antes y un después en su narrativa?

Ese fue mi primer libro de relatos. En diferentes fases discontinuas de mi vida había escrito y publicado libros de ensayo, novela e incluso una obra de teatro, cuando descubrí el relato de media distancia me encontré cómodo y disfruté escribiendo.

Un salto en el tiempo, Yo soy todos los besos que nunca pude darte (2015), ¿quizá dos relatos con mayores pretensiones?

Dos relatos. La novelas tienen otro tratamiento estructural y narrativo. El relato es más sintético, como un puñetazo en la mesa, un bisturí que con un solo tajo desmembra la realidad. Son dos posibilidades que me interesan y que no excluyen otros empeños. Ahora estoy inmerso en la escritura de una novela de la que llevo escritos más de 400 folios, y no descarto volver al relato si sigo con fuerzas y ganas de escribir.

¿El narrador de Amado pulpo (2017) se sirve del mundo animal como pretexto para explorar cuanto pueda ser enjuiciado en el ser humano, sus virtudes y sus defectos, sus ambiciones y sus sueños?

Sin duda. El pulpo protagonista, que ha aprendido a leer gracias a su enorme inteligencia y que con su relación amorosa con la chica que antes le comentaba, entra en contacto con la sociedad de los humanos, encuentra en ella puntos criticables y otros no tanto. Claro que detrás de los personajes de la historia se encuentra el autor del texto que los pone en pie. Esa es la realidad.

Un autor, de esmerada precisión, vuelve siempre al relato, ocurre en El violinista imposible (2019).

El relato me permite trabajar más el texto, insuflarle registros poéticos que en las distancias largas son menos viables. Me muevo con igual comodidad en el largo que en el corto. El primero con desarrollos argumentales más amplios; el corto una brusca irrupción del bisturí para aflorar el mal oculto.

En el cuento que da título al volumen, ¿le devuelve usted al violinista olvidado a su carmen, a ese paraíso, y se convierte en el alma de una Granada de embrujo?

Su pregunta me lleva a una reflexión sobre la contrafigura entre la Granada en vísperas de la guerra civil española que se desencadenará en la ciudad unas horas después de que ocurran los sucesos que se narran y el carmen idílico que podría ser el alma de una Granada que se encuentra más allá de los avatares humanos. El violinista es un burgués progresista, que vive en una especie de paraíso aislado y particular y paga con su vida la visión idealizada de una realidad durísima que se desarrolla a pocos metros de su casa y que traerá un racimo de muertes irremediables, entre ellas la suya. Le agradezco su pregunta, demuestra una vez más que los lectores recrean las propuestas de los autores descubriéndoles nuevos sentidos.

El título de su último volumen de cuentos, ¿es una declaración de intenciones, una crítica a los convencionalismos?

Se puede interpretar así. Me cansa en la narrativa actual la repetición argumental, el punto de vista ‘correcto’ del autor y los personajes condicionados por las modas ideológicas, por los usos y costumbres dictados por una moralina seudoprogre que lleva camino de dejar pequeña a la moral que impuso a sangre y fuego la iglesia católica. Una moralina disfrazada de modernidad que contamina la narrativa de un infantilismo atronador. Exijo, no pido, respeto para la libertad de creación. Y si en el libro aparecen situaciones que el lector no comparte, sea este un ciudadano normal o un ministro del gobierno, que cierren el libro y se olviden de él. Por supuesto, no me refiero a insultos directos personales o a instituciones civiles, religiosas, etcétera. Ese es el burdo recurso al escándalo con pretensiones de originalidad. Nada que ver con la libertad de fondo que defiendo.

La caza, captura y muerte de la abuelita hispánica, en una casa de lujo de una ciudad de lujo, sometida a la más rigurosa de las democracias y repleta de padres honestos y niños felices (2021), ¿ seis relatos de tono diferente y un nexo que los une?

En efecto, seis relatos de transgresión de diversos tabúes y es el carácter transgresor el nexo que los une. Como anécdota divertida, contar que el libro me lo rechazó la directora de una gran editorial española argumentando que era «un disparate porque en nuestro país no pasan esas cosas». Precisamente, ese relato ganó el premio Andalucía de la Crítica.

El fútbol, el carpe diem, la política, el miedo, los mundos enfrentados o el lirismo más absoluto, ¿vertebran el mundo retratado en estos relatos?

Vivimos una aparente y confortable normalidad, pero eso solo si nos miramos en el espejo encargado de falsearla. La realidad es disparatada, absurda, injusta, surrealista, estúpida. Cada día desaparecen miles de personas sin que nadie vuelva a verlas, se celebran ritos mortales genocidas y exterminios en nombre de banderas e identidades irrelevantes. Nos alimentamos de mitos absurdos, niños inocentes, mujeres víctimas de los hombres, como si todos los hombres fueran iguales en la maldad y las mujeres en la bondad, la sexualidad normalizada. De estas cosas escribo en el libro.

La última pregunta, obligada y sincera, ¿a estas alturas qué supone ganar el Premio Literario Internacional Gatelli Canne al Vento, en Italia?

Una alegría grande, en especial por la calidad de un jurado presidido por Neria de Giovanni, presidenta de la asociación internacional de críticos literarios. Participaron escritores de todo el mundo, incluidos de lugares tan remotos como Hawai y Pakistán y se recibieron originales en inglés, francés, español, italiano y sardo. Fue una sorpresa, un renovado estímulo y un motivo de agradecimiento para el jurado, en el que había también un crítico español, Ángel Basanta.