Entre los autores de ciencia ficción, el polaco Stanislaw Lem (Leópolis, Polonia, 1921-Cracovia, 2006) fue de los pocos de habla no inglesa que alcanzó fama internacional. El Invencible, una de sus obras maestras, prueba el porqué. La novela relata la expedición de la nave de guerra, El Invencible, que viaja al planeta Regis III en misión de rescate de una nave perdida, El Cóndor. La escena inicial es un paradigma de la ciencia ficción: la nave avanza a través del inmenso espacio con su tripulación hibernando, custodiando los cuerpos de los tripulantes, como una especie de gigantesca madre protectora. La nave actúa con voluntad propia, una máquina perfecta, calmada y equipada con las herramientas para destruir un planeta entero. La gigantesca estructura llega al planeta Regis III con una misión: no se tienen noticias de su nave gemela, El Cóndor, ni tampoco de su tripulación. El paisaje del planeta es desolador. Un inmenso desierto muy similar a la superficie de Marte, de tierras rojizas, escarpadas rocas y profundos cañones, aunque presenta una diferencia: existe un mar en el que la vida bulle, pero la superficie del planeta está muerta, no hay rastro de vida.

La tripulación de El Invencible comienza su investigación. Pertrechados con grandes robots protectores, los energobots, capaces de generar un campo de energía que mantiene a la columna a salvo, se dirigen a la última localización de El Cóndor. Y encuentran lo que parece imposible: la gigantesca nave de guerra semihundida en la arena, rodeada de herrumbre. Y lo más impactante: aparece entre restos metálicos de millones de años convertidos en cenizas, como si fueran los despojos de una guerra ancestral. Los científicos no se explican cómo El Cóndor ha podido caer. Cuando entran en la nave observan el desorden, los cuerpos desperdigados, como si todo hubiera sido presa de un caos terrible.

Finalmente, el enfrentamiento se produce: la columna enviada como avanzadilla se encuentra con una extraña nube de pequeños nanobots que actúan como un enjambre y que, a pesar de las medidas de defensa de alta tecnología, consuma el desastre. Las máquinas fallan y los hombres enloquecen, disparándose entre sí. En El Invencible los científicos hallan la respuesta: unos extraños cristales que vuelan como insectos, nanobots que han evolucionado por un conflicto ancestral con otros robots y que para sobrevivir han optado por aniquilar cualquier forma de vida terrestre. A través de un pulso electromagnético son capaces de inutilizar máquinas y cerebros, convirtiendo a los hombres en meros semovientes sin memoria, inconscientes de sus actos. El Invencible utiliza su mayor arma, El Cíclope, un titán de guerra fruto de la tecnología más avanzada que, pese a sembrar el caos atómico en la superficie del planeta, es incapaz de vencer al enjambre metálico, dotado de una especie de inteligencia colectiva. El Invencible, alertado por el súbito ataque de El Cíclope, desnortado por los nanobots, decide destruirlo. Un último intento para dar con los miembros perdidos de la tripulación lleva a Rohan, el contramaestre, a la superficie del planeta. Allí verá la inutilidad de la lucha contra aquellos seres artificiales, regresando finalmente a la nave.

Como Verne y otros visionarios, Stanislaw Lem plantea en esta novela algunos conceptos que solo recientemente se han llevado a la práctica, como el de la «inteligencia de enjambres», concepto desarrollado en 1989 por Beni y Jing, que el novelista apunta como un estado superior de la inteligencia artificial capaz de articular respuestas coordinadas en máquinas que actúan de forma colaborativa. Al mismo tiempo, introduce una inquietante posibilidad que hoy vemos como cercana cual es la de encontrar algún día restos arqueológicos extraterrestres y cómo influiría ese descubrimiento en la propia condición humana. Esta idea, desarrollada por otros autores como Jack McDevitt en Las máquinas de Dios (La Factoría de Ideas, 2006), resulta profundamente inquietante. El doctor Lauda, biólogo de El Invencible, conjetura que la antigua civilización lirana habría comenzado un proceso singular de evolución entre máquinas, un proceso en el que esas mismas máquinas fueron destruidas y que dio lugar a una selección natural, sobreviviendo las más aptas. Los vencedores habrían resultado ser los nanobots, unidos en una nube negra que no alberga ningún objetivo que no sea la supervivencia. Inquietantes ideas de un visionario que cobran cada día más vigencia e interés.

El Invencible

Autor: Stanislaw Lem.

Editorial: Impedimenta. Madrid, 2021.