Verde, nos dice el autor, habla de la vida frágil, amarga y al mismo tiempo hermosa, de un tallo que está siempre a punto de quebrarse a través de un viaje, en una especie de road movie que transita por tierras de La Mancha en el año 1977, en plena Transición, otro motivo relacionado con el verdor, como lo es simbólicamente el Seat 131 verde esmeralda con el que los protagonistas, el joven yago Arentín y su tío Pepe, viajante de comercio, atraviesan las vastedades manchegas. Las resonancias quijotescas que propician dos personajes «andantes» por lugares quijotescos nos vuelven la mirada de manera inevitable hacia Cervantes. Y no solo por los topónimos reales que se presentan, incluso el autor no se esconde y declara que por sus páginas transita la sombra de los dos más grandes personajes de la literatura española, pero también El Lazarillo o Alfanhuí. Carrasco, Marcela, un prostíbulo llamado Maritornes, posadas, «manteos» son referencias y homenaje a sus andanzas.

Puede pensarse que la ubicación temporal en un año tan simbólico, 1977, pareciera una declaración de intenciones para hagiografiar la Transición, pero no es así, el autor se centra más en situar unos personajes en unas determinadas coordenadas que se presentan más relevantes por lo que tienen de iniciático (verde) para acompañar el brote humano del joven. Otro gran eje de la narración deliciosa de Foronda reside en el enamoramiento «dulcineo» del tío hacia la cuñada, aunque no haga tampoco pragmáticas visitas a clubes de carretera. Una adversidad como tantas que se presentan a los dos varones por cuestiones imprevistas o incluso deterministas. Yago reflexiona: «La vida es el amargo fruto de la frustración». Escribir sobre esa variante provoca que nuestra lectura sea agridulce, con vaivenes entre la esperanza y la decepción, pura vida. Pero también hay momentos que nos recuerdan a Pascual Duarte, («yo señor no soy malo, pero…»), en los que se abre la crudeza como una granada que contenía en la bella ilusión del fruto una corrosiva acidez o a las ilusiones fantásticas del realismo mágico con un pollo que pica un cáncer. Todo ello se trufa a veces con unas líneas de lirismo gozoso, de las que gusta releer. También nos ofrece, como marca de la casa, algunos excursus propios de la oralidad, de los narradores a los que tanto apego tiene el autor, tal que fuese una invitación a salirnos del relato y conocer otras historias, para luego retomar el hilo que nos ocupa. Muy cervantino también.

Tercera novela de Luis Foronda, una voz sui generis en el panorama narrativo, con un estilo personal gestado poco a poco del que podemos decir que se ha erigido en un acertado manantial de creación sólida. Una declarada apuesta por contar.

‘Verde’. Autor: Luis Foronda . Editorial: Juancaballos . Úbeda, 2021.