Aunque la crisis lleva a teñir la poesía de negrura, decepción y desamparo, hace unos años un grupo de jóvenes poetas mujeres se han desanclado de los nubarrones para escribir en positivo, desde la pasión sosegada por la vida, la escritura, el amor, la naturaleza, la calle , los libros... Y ahí están, con sus versos plenos como manzanas hermosas y maduras dispuestas al disfrute.

Su poesía recuerda a las canciones de amigo, a los versos de las poetisas arábigo andaluzas, al primer germen de la poesía popular, a algo que nos retrotrae a la sencillez de la auténtica belleza, de lo genuino del lenguaje. Es la opción de quien no se pliega a crear teniendo como horizonte o paisaje la amargura, el dolor o la malicia, sino todo lo bello y lo bueno que puede verse, gozarse, compartirse. Entre los poemas y los libros de Laura Casielles, Nieves Muriel o María García Zambrano anda el juego y la llama.