Entrevista
Manuel García, párroco de Santa María de Gracia y San Eulogio (Padres Trinitarios): «Estos muros han acogido a muchos pobres»
«Todo sea porque este templo siga siendo el refugio de quien no tienen nada»

Lola Ruiz
Manuel García es el párroco de Santa María de Gracia y San Eulogio, popularmente la de Padres Trinitarios. Situada en ese límite donde el Casco Histórico se funde con el densamente poblado barrio de Levante, no es solo un monumento de cuatro siglos, sino un «cuartel de batalla» social. Sin embargo, los muros que durante centurias han cobijado a los más pobres hoy piden auxilio.
Nos recibe en una mañana de actividad frenética. Me decía antes de empezar que esto es una ‘parroquia de briega’, ¿no?
Esta es una parroquia de batalla. Y de batalla total. El pasado sábado, sin ir más lejos, celebré siete misas entre entierros, comuniones y bodas de plata. Es una locura de trabajo porque es una iglesia muy acogedora, con mucho trabajo con el comedor y que atrae a muchos cordobeses por la devoción a Jesús Rescatado y al Cristo de Gracia. La gente viene buscando confesión o la unción de los enfermos... El otro día recibimos a 108 personas para este sacramento.
Cuatro siglos de historia pesan mucho. San Juan Bautista de la Concepción la levantó cuando esto eran las afueras de Córdoba, buscando estar con los pobres.
Exacto. Él fundaba donde nadie quería estar, al lado de los excluidos. Ese espíritu trinitario se ha mantenido con los siglos: Aquí nació el comedor social, Proyecto Hombre o Córdoba Acoge, Estamos presentes en el centro psiquiátrico de Alcolea y en la pastoral penitenciaria, que es algo más que una tradición trinitaria. Todo nuestro dinero ha ido siempre para los pobres y eso tiene una consecuencia material en el edificio. Estos muros, que ahora sufren, han acogido a muchos pobres.
Precisamente por eso le están saliendo ‘achaques’ graves al templo. ¿Cuál es el diagnóstico actual?
El diagnóstico es preocupante. Las cubiertas y tejados no se arreglan a fondo desde hace 35 años. El viento y las palomas han hecho estragos y ahora tenemos cerca de veintitantas goteras por todo el edificio. Necesitamos una restauración urgente porque con las últimas lluvias los salones de catequesis han sido un desastre total, con desprendimientos de techos incluidos.
He visto imágenes de la fachada donde faltan piezas. Se habla incluso de la caída de partes de estatuas de ángeles y santos.
Es así. A la imagen de San Miguel se le cayó un brazo y parte de la cabeza. Son piezas de cuatro siglos que se van deteriorando. No son siempre trozos grandes, pero se caen de un lado, se caen de otro.... Y si miramos al interior, el presupuesto más económico para pintar —llegando hasta los 27 metros de la cúpula con andamios y grúas— son 80.000 euros.
¿Y el retablo mayor? Dicen que su estado no es precisamente muy ‘católico’, si me permite el juego de palabras.
El retablo mayor está para quitarlo entero. Hay columnas que se mueven, piezas que se caen y faltan y grietas muy profundas. Restaurarlo sería una millonada y llevaría años, así que por ahora solo podemos limpiarlo y sujetar las piezas que tememos que se nos caigan encima. La prioridad absoluta ahora son los tejados y la fachada.
Ante esta situación, ha surgido una campaña para recaudar fondos muy singular, en la que se ha implicado una firma del sector de la hostelería, que no es habitual. ¿Cómo está respondiendo Córdoba?
La respuesta viene del corazón, de la gente sencilla. Hay una rifa en marcha y, si vendiéramos todas las papeletas, sacaríamos 20.000 euros. Con eso no hay ni para empezar, pero paso a paso se hace camino. Me duele cuando escucho eso de que «la Iglesia tiene mucho dinero». Si tuviéramos dinero, no estaríamos sin iglesia. Nosotros, lógicamente, priorizamos el comedor.
Un comedor que atiende a unas 200 personas diarias. ¿Ha empeorado la situación en el barrio desde la pandemia?
Hay mucha gente vulnerable. Atendemos a personas que duermen en la calle, pero también a familias que tienen casa pero ganan 400 euros al mes. Si se ponen enfermos, ¿de dónde sacan para las medicinas? Por eso les preparamos sus paquetes con menús. Primer plato, segundo y postre, algo para la cena...
¿Sigue habiendo manos voluntarias para sostener todo esto?
Tenemos unos 60 voluntarios, lo cual es una barbaridad, pero el compromiso continuado cuesta mucho porque la gente está liada con trabajos, nietos. Hay mucha generosidad puntual, pero mantener el día a día es el reto.
No le robo más tiempo, pero no me voy sin mi papeleta para la rifa.
(Ríe) Todas las que quieras. Tengo aquí 5.000, así que no se va a quedar sin ella. Todo sea por que este templo siga siendo el refugio de quienes no tienen nada. •
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