El callejero
Un cine entre rejas y balcones
La calle Fernán Pérez de Oliva está dedicada al ingeniero, humanista y escritor, tío de Ambrosio de Morales

La calle Fernán Pérez de Oliva es muy conocida por acoger el famoso cine de verano San Andrés. | MANUEL MURILLO
Desde la plaza de San Andrés a la calle Gutiérrez de los Ríos transcurre una calle en forma de arco que recibe su nombre del ingeniero, humanista y escritor Fernán Pérez de Oliva, quien fuera tío del historiador Ambrosio de Morales. Con anterioridad, la calle era conocida como la de Huerta de San Andrés.
Pérez de Oliva (Córdoba, ¿1494? - Medina del Campo, Valladolid, 3 de agosto de 1531) pertenecía a una familia noble. Tras estudiar en las universidades de Salamanca y Alcalá de Henares, amplió sus estudios en la Universidad de la Sorbona de París (Francia) y en Roma (Italia), donde estuvo bajo la protección del papa León X, antes de volver a París, donde dio clases hasta 1523. Fue allí cuando publicó su primer texto, el prólogo Dialogus inter Siliceum, Arithmeticam et Famam, en el que ya se apuntaban algunos de los rasgos esenciales de su producción escrita y su actividad académica: la amplitud de sus intereses y conocimientos, la superación de la herencia medieval y la preocupación constante por elevar la dignidad de la lengua castellana.
De vuelta en España, en 1523, se convirtió en catedrático de Filosofía Natural, primero, y de Teología, después, de la Universidad de Salamanca, de la que también fue rector en 1529. Su labor en la universidad se inclinó hacia las ciencias experimentales, pero hubo de durar poco por su repentina muerte en 1531.
Sus escritos, al margen de las escasas ediciones en vida, tuvieron una difusión póstuma iniciada en 1546 por su obra maestra, aparecida en tierras italianas. El conjunto más amplio de su obra —aun dejando textos sin incluir— fue recogido por su sobrino, el cronista Ambrosio de Morales, para darlos a la luz en Córdoba, en 1586.
El cine
Pero si por algo es conocida esta tranquila calle es porque en el número 6 se ubica el que es el cine de verano más antiguo de España aún en actividad.
El cine Coliseo San Andrés abrió sus puertas de la mano de la empresa Cabrera en el verano de 1935 con la proyección de la película Sor Angélica, de Francisco Gargallo, estrenada un año antes.
Es uno de los muchos cines de verano que funcionaron en la capital cordobesa y que fueron desapareciendo con los años y la proliferación de salas más modernas. Era, de hecho, el único espacio que no era propiedad del desaparecido Martín Cañuelo, aunque sí lo gestionaba. Precisamente, el fallecimiento de Cañuelo provocó que durante dos años los cordobeses no pudieran disfrutar de una tradición tan arraigada como la de los cines estivales. Fue la tercera vez que el cine cerraba sus puertas: la primera, en 1937, a causa de la Guerra Civil; y la segunda, en 2020, por la pandemia del covid-19.
El cine es una plaza interior de planta pentagonal, rodeada de viviendas de doble altura, cuyas ventanas abren al patio de butacas. Además de la pantalla para las proyecciones cinematográficas, el Coliseo tiene la peculiaridad de disponer de un escenario cubierto, situado en su lado occidental, utilizado para representaciones teatrales y musicales. Es por ello que el Ayuntamiento de Córdoba, con el objetivo de preservar su actividad, anunció su intención de alquilarlo para desarrollar en él distintos eventos sociales y culturales.
Al cierre de esta edición, el gestor del Coliseo San Andrés, José María Casado, aún no había confirmado la apertura este verano, al encontrarse en negociaciones con el Ayuntamiento de Córdoba.
Cabe mencionar que está incluido dentro del Catálogo de Bienes Inmuebles Protegidos del Ayuntamiento de Córdoba como patio interior, debido a su singularidad.
Rejas y balcones
La calle Fernán Pérez de Oliva puede presumir, además, de contar con algunas de las rejas y balcones más hermosos de la ciudad. De hecho, este año, la casa número 7 se ha llevado el primer premio del Concurso de Rejas y Balcones de Córdoba 2026. Ya el año pasado había obtenido el tercer premio, galardón que este año también ha recaído en esta calle, en concreto en el número 2.
Así que en estos últimos días de mayo merece la pena pasear por esta estrecha calle de casas de dos plantas encaladas y salpicadas de enrejados.
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