Historias del Centro
La zona militar de la Trinidad

El cuartel de la Trinidad / Córdoba
No es el cuartel más antiguo de Córdoba pero, sin duda, es, junto al de Lepanto, el más conocido de la ciudad porque por sus instalaciones pasaron miles de ‘quintos’ en las décadas en las que el servicio militar fue obligatorio en España. El cuartel de la Trinidad, la zona de reclutamiento militar o, simplemente, la Zona, como popularmente se le conocía -y aún se la conoce-, se levantó en el solar que había ocupado el convento de los Trinitarios, fundado en 1236 por el rey Fernando III y que, tras ser desamortizado en 1836, fue derruido para levantar el edificio que hoy es propiedad de la Universidad de Córdoba. La zona militar comenzó su andadura en la segunda mitad de la primera década del siglo XX. Este cuartel sirvió como Caja de Reclutamiento -la número 25 hasta 1940-, el organismo que se encargaba de gestionar las levas para el Ejército. También fue un acuartelamiento de tropas y a partir de los años 60 se reconvirtió en un centro de reclutamiento para los jóvenes que tenían que realizar el servicio militar obligatorio, la famosa ‘mili’.
Entre sus paredes, miles de jóvenes pasaron el preceptivo reconocimiento médico -del que no pocos intentaron librarse, por cierto- y fueron tallados antes de su ‘sorteo de quintas’, que determinaba el destino, es decir, el centro de instrucción, de cada uno de ellos.
La zona no era un mero edificio administrativo en el que se decidía el futuro de esos mozos ‘de remplazo’. Además del centro de reclutamiento, albergó una compañía de intendencia que abastecía al resto de cuarteles de la capital cordobesa, así como la comandancia militar (lo que hoy es la Subdelegación de Defensa).
Como parte de la compañía de Intendencia, el cuartel, que ocupa una superficie de 6.395 metros cuadrados, contaba con una panadería en la que se elaboran los conocidos ‘chuscos’ de pan que se distribuían por los demás cuarteles de la ciudad.
El fin del servicio militar en el año 2000 trajo consigo el abandono del acuartelamiento y su deterioro, dando paso, tras un siglo de servicio, a una época de incertidumbre a la que en un futuro breve se espera poner punto y final tras la adquisición de las instalaciones por parte de la Universidad de Córdoba. Desde principios de este siglo y hasta la compra del edificio por parte de la UCO, que se formalizó el 14 de diciembre de 2023 por una cuantía de 2.450.000 euros, las propuestas de uso y aprovechamiento del edificio fueron diversas.
De convento a espacio universitario, el espacio espera recuperar su vitalidad
En el año 2000, la entonces alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, firmaba con el Ministerio de Defensa un acuerdo para la adquisición del cuartel de Lepanto y del Hospital Militar. Precisamente en aquel momento, y por primera vez, el Ayuntamiento planteaba la permuta de unos terrenos para la construcción de un club deportivo y social para militares por la zona militar.
Esta permuta, como sabemos, no llegó a realizarse y aunque los sucesivos alcaldes llegaron a plantear algunos usos para el edificio, nunca llegaron a materializarse. Se pensó en construir un aparcamiento, adaptarlo para una residencia militar, utilizarlo como ampliación de la Biblioteca-Archivo Municipal o crear en el un «polo digital», pero los sucesivos convenios y acuerdos nunca se ejecutaron.
El interés de la Universidad cordobesa por este espacio no es nuevo. Ya en 2009 llegó a solicitar el uso del edificio y encargó un proyecto para convertirlo en un espacio cultural que incluía una gran biblioteca.
Tras la compra del inmueble a finales de 2023, la UCO explicó que pretendía utilizarlo para ampliar las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras. Por el momento, solo se han llevado a cabo algunos trabajos de limpieza y desbroce de las zonas ajardinadas. La reforma va a ser más costosa de lo esperado, ya que el edificio, cerrado desde 2001, presenta un deterioro estructural importante. La UCOcalculó que rondará los 20 millones de euros por lo que se ha planteado una colaboración público-privada que permita abordar las obras. La Universidad sacó a licitación el estudio de viabilidad arquitectónica del espacio, pero tuvo que detener el proceso y reiniciarlo para introducir una rectificación.
En principio, este céntrico espacio no solo serviría para ampliar la mencionada facultad, sino que contaría con una zona de aparcamiento, un residencia de estudiantes y una biblioteca, si bien, todos estos usos están aún por concretar.
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