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Entrevista | Antonio Palacios Propietario del Hotel Riviera

«He visto crisis de todo tipo y aquí estamos»

«Con la viviendas turísticas el problema es lo desordenadas que han llegado»

«He visto crisis de todo tipo y aquí estamos»

«He visto crisis de todo tipo y aquí estamos» / JUAN M. NIZA

Juan M. Niza

Juan M. Niza

-Cincuenta años es una cifra que pocos establecimientos hoteleros alcanzan en Córdoba. El Suizo, entre 1870 y 1994; el Meliá Palace... Pero como hotel independiente, es todo un récord. Lo primero: felicidades.

-Sí que hay pocos. Como hotel independiente, creo que solo el Selu y el nuestro han perdurado tanto tiempo. Eso nos mete en la Champions, aunque a veces nos sentimos más como el Atlético de Madrid: unos sufridores. En tres generaciones he visto crisis de todo tipo, pero aquí estamos. La crisis del petróleo, la del 93, la del ladrillo, la pandemia...

-¿Y cuál pudo ser la más dura? ¿Qué nos enseñaron?

-El turismo siempre es muy sensible. Cuando hay una crisis, el turismo se resiente inmediatamente. Quizá la peor fue la de la burbuja inmobiliaria que vació bolsillos, afectó en todo, paralizó la evolución tecnológica... En muchas de esas crisis hemos tenido casi que reinventarnos.

-Hablemos de la evolución del turista, del usuario de hotel, ¿cómo ha cambiado?

-Cuando empezamos, en 1975, el mercado era sobre todo nacional y regional, con muchos comerciales y trabajadores especializados destinados a Córdoba unos días. El mercado internacional comenzó a cambiar en los años 80, pero el hito fundamental fue en 1984, cuando la Mezquita se declaró Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Ahí comenzamos a tener una visibilidad internacional y notamos un cambio en el turismo. Después, en los 90 y 2000, hubo una diversificación de la oferta con el turismo gastronómico y cultural. Respecto al cliente, el mundo del hotel ha perdido cierta familiaridad. Me explico. Antes el dueño del hotel era casi tu amigo, había una cercanía con los clientes habituales. Con la proliferación de cadenas esto cambia. También el tipo de cliente que venía por cuestiones laborales unos días ha bajado. Ya saben: el teletrabajo, la videoconferencia... El desplazamiento ya no es tan necesario. El cliente ya no valora cercanía sino solo precio, pasa a ser un turismo puro y duro de ocio. Por suerte conservamos clientes que vienen por cuestiones laborales y el segmento del turismo familiar.

-Le tocó también una época compleja al frente de Hostecor con el nuevo milenio, de 2001 a 2015, cuando se apostó de firme por el turismo, salió la competencia de otros alojamientos, se luchaba por el turismo de congresos y aumentar las pernoctaciones, llegaban más títulos de Patrimonio de la Humanidad...

-Absolutamente. Empezamos, por ejemplo, a trabajar la señalítica turística. De hecho, creo que la primera que se hizo en España de este tipo fue aquí, aunque la gente no lo sepa o lo olvide. Tenemos una plaza superimportante, y nos damos besitos de éxito... Pero, y hay que hacer la crítica, no hemos sabido rentabilizar esa situación. El problema es que no hemos sabido convertir al visitante en turista, que haga noche, que pernocte en la ciudad. Aún hay mucha gente que cree que, viendo la Mezquita, ya ha visto Córdoba. Hace falta mucha promoción y mucho trabajo de coordinación.

-¿Y respecto al auge de los apartamentos turísticos y viviendas de uso turístico, que usted comenzó a ver al frente de Hostecor hace una década y advirtió de ello? ¿Llegó a imaginar una situación como la actual?

-Ni lo podíamos imaginar. Con las viviendas de uso turístico, y en general con la proliferación de negocios, el problema es lo desordenadas que han llegado. Y yo no estoy en contra de ninguna modalidad ni de ningún nuevo proyecto, pero tenemos que jugar todos con las mismas reglas. Si no, nosotros, los hoteles, seremos menos competitivos mientras que se genera una sobreoferta.

-Volvamos a su etapa en Hostecor, durante cuatro mandatos. ¿Cómo la recuerda?

-Tuve suerte, pero la clave fue la colaboración. Conté con el apoyo de Alberto Rosales, Ramón Narváez, Marcelino Ferrero desde las administraciones... Se sentaban con los empresarios del sector y les daban su sitio. Nos preguntaban qué queríamos. Por desgracia, muchas de las cosas de las que se hablaban hace 30 años seguimos hablando de ellas.

-¿Cómo se imagina su hotel dentro de diez, de 20 años?

-(Saca una foto de su madre, Encarnación y señala a su hijo, Antonio, que está al lado). Pues aquí estamos tres generaciones (sonríe). Lo que me gustaría es que, aunque haya innovaciones en tecnología y en sistemas y una mejor promoción, quisiera que volvieran las viejas costumbres de educación, de buscar un amigo en el hotel en un mundo donde hemos humanizado a los animales y los humanos nos estamos animalizando.

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