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El callejero

Plaza de Ramón y Cajal: una ele muy frondosa

Curiosamente, la estatua que preside la plaza está dedicada a Eduardo Lucena y no a quien le da nombre

Una ele muy frondosa

Una ele muy frondosa / Noemí­ Caballero

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Córdoba

Con su reconocible forma en ele, la plaza de Ramón y Cajal -que rinde homenaje al Nobel de Fisiología y Medicina-, es fruto de la construcción en el siglo XVI del Palacio de los Venegas de Henestrosa. Al menos, en su parte septentrional porque la meridional no se abrió hasta finales del XIX.

Inicialmente recibió el nombre de plazuela o plaza de San Felipe, por el convento de San Felipe Neri, que se extendía desde este entorno hasta la iglesia de San Nicolás. En este solar del convento la familia Venegas levantó su palacete, del que cabe destacar su extensa fachada, atribuida al arquitecto Juan de Ochoa, y que presenta dos portadas gemelas de rasgos manieristas en las que aún puede verse el escudo con las armas de los Venegas en la parte superior.

Un siglo más tarde de su construcción, el palacete fue adquirido por el canónigo Luis Antonio Belluga y Moncada, quien fundó en él el Oratorio de San Felipe Neri en la zona sureste de la edificación.

En 1842 cambió su uso religioso por el militar, primero como Cuartel Provincial, después como Gobierno Militar desde 1862 y desde 2002 y hasta la fecha, como sede de la Subdelegación de Defensa.

El jardín

Frente a la Subdelegación de Defensa encontramos la sede la Delegación Territorial de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía en Córdoba. El edificio donde se ubica ocupa el lugar en donde, en su día, se levantó la Iglesia Omnium Sanctórum (Todos los Santos). De hecho, el jardín se sitúa en donde estuvo el cementerio de la iglesia que, cuando cerró sus puertas, pasó a integrarse en la de San Juan, que a la postre también se fusionaría con la de Trinidad. De hecho, la parroquia se llama de San Juan y Todos los Santos.

El jardín ocupa el interior de la plaza, y no es plano, sino que está en cuesta, para salvar el desnivel entre las construcciones del lado oeste y el resto de la plaza, todo ello compuesto por varios arriates separados por estrechos caminos pavimentados con guijarro cordobés.

La zona ajardinada destaca por su frondosidad. Entre las especies del arbolado encontramos conacacias, ciprés, palmera datilera, magnolio, mandarino y tilo, árboles a los que se unen rosales, durillos, jazmines, cintas y pitosporos en los arriates.

La escultura

En la parte sur de la plaza destaca la escultura del músico Eduardo Lucena, obra del escultor Enrique Moreno, que está rodeada por un banco corrido semicircular.

Aunque la realización de este monumento fue promovida por el Centro Filarmónico, entidad cultural creada por el propio Eduardo Lucena, en 1926, tardaría 55 años en exponerse.

Inicialmente, la composición incluía la figura de una musa como una alegoría de la música, que no llegó a realizarse. En realidad, la figura del músico también está sin terminar, porque el autor fue fusilado en el 36 antes de poder concluirla.

La figura no llegó a ser expuesta y se amontonó junto a otras piezas en un almacén de la ciudad. Con el paso de los años se le perdió el rastro hasta que se encontró en 1964, abandonada en un descampado en el antiguo viaducto del Brillante. En ese momento, un grupo de intelectuales cordobeses organizó una petición para restaurar la figura, ya que las pedradas de los niños habían hecho que perdiera la nariz, además de ser ubicada en alguna de las plazas de la ciudad. Así fue como, finalmente, la obra es colocada en su ubicación actual en el año 1981.

Pero si por algo es conocida esta plaza es por el ya mítico Bar Lucas que cerró sus puertas en mayo después de 50 años de actividad por los problemas de salud de su dueño, Rafael Lucas. Ahora, el bar ha reabierto de la mano de su sobrina Erica Carnero. ¡Tenemos perritos para rato!•

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