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Historias del Centro

El Hotel Suizo de Las Tendillas

El hotel se convirtió en el primer establecimiento de lujo de la ciudad

Hotel Suizo de Las Tendillas

Hotel Suizo de Las Tendillas / CÓRDOBA

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Córdoba

Fue el primer hotel de lujo con el que contó la capital cordobesa, pero la ampliación de la Plaza de Las Tendillas puso punto y final a su historia y, de alguna forma, a toda una época en la que Córdoba recibió a célebres románticos como Alejandro Dumas, Teófilo Gautier o Prosper Mérimée, que situaron a la ciudad entre los grandes destinos del Grand Tour europeo.

Córdoba se había convertido en un destacado destino turístico gracias, en parte, a la llegada del ferrocarril a la ciudad y a su conexión con Málaga a partir de 1865, pero no contaba con establecimientos hoteleros para recibir a turistas de alto standing hasta que los hermanos Nicolás, Fuster y Ambrosio Putzi, más conocidos como los hermanos Puzzini, impulsaron la construcción del Hotel Suizo. No era el primer hotel que construían. De hecho, habían hecho fortuna construyendo alojamientos en ciudades de toda España a las que llegaba el ferrocarril y en la propia capital cordobesa contaban con otros establecimientos hosteleros.

En 1860, los hermanos Puzzini adquirieron el el solar de las Casas de la Encomienda de Calatrava en la entonces llamada calle Paraíso (entre la zona oeste de Las Tendillas y el edificio de Telefónica). Ahí, tras una década de obras, se levantaría el primer gran hotel de la ciudad.

Con una luminosa fachada de estilo neoclásico y dos plantas de altura, contaba con 75 habitaciones y el comedor tenía capacidad para 150 comensales. Inmediatamente, el hotel se convirtió en parada de referencia de los cada vez más numerosos viajeros que llegaban a la ciudad. Literatos ilustres como Pedro Antonio de Alarcón o José Zorrilla; notables políticos como los diferentes presidentes de la I República Española: Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón o Emilio Castelar; así como miembros de las monarquías europeas reinantes, como el duque de Edimburgo, el príncipe de Prusia Guillermo Nicolás o el rey Leopoldo II de Bélgica.

Como relataba Antonio Jesús González en CÓRDOBA coincidiendo con el centenario del derribo del edificio, el Suizo fue mucho más que un hotel. Dirigido en su primera etapa por el cordobés Rafael de Moya, contaba con servicios nada habituales en una modesta capital de provincias: servicio de carruajes; de traductor, a cargo del Manuel Bacarizo; restaurante, con chefs como Pablo Bruzo; o servicio de venta de fotografías y postales de la ciudad. De hecho, sus habituales banquetes eran grandes eventos sociales en la ciudad. En ellos se homenajeaban los logros de los personajes patrios, como el del ministro cordobés José Sánchez Guerra, en 1904. Eventos donde, entre discursos, se degustaban los mejores platos de la gastronomía francesa del momento («Consomé a la Priteniese, Escalopes de Foi gra en Bellevue o Pigeons a la Broche au Crefson») y, además, amenizados por la música de la Banda Municipal. En 1909, el negocio hotelero amplió sus servicios en el mismo edificio con un nuevo restaurante, una pastelería y un cafetería que durante su inauguración colapsó de cordobeses la plaza de Las Tendillas.

Precisamente su ubicación fue el motivo de su decadencia. El hotel interfería en la alineación de la calle Capitulares (por mucho tiempo conocida como la calle Nueva) con la de Gondomar. El Ayuntamiento quería ampliar la plaza de Las Tendillas y ya en 1908, bajo la alcaldía de Antonio Pineda de las Infantas, se había puesto sobre la mesa la idea de derribar el edificio. La primitiva y diminuta plazuela de las Tendillas había sido ampliada expropiando la parte del solar de la Encomienda que los hermanos Puzzini no habían edificado y se pretendía dar aún más extensión a la misma. El proyecto finalmente no se llevó a cabo y en 1913 el alcalde Salvador Muñoz Pérez volvió a intentarlo. Así, el 5 de diciembre de 1914, siendo alcalde Manuel Enríquez Barrios, se acordó con los herederos de los hermanos Puzzini la compra-venta del hotel, que ocupaba 1.752 metros cuadrados. El precio final de venta se fijó en 560.000 pesetas. Sin embargo, el Ayuntamiento no contaba con fondos para la expropiación y la adquisición del inmueble se retrasó hasta el 24 de junio de 1918, cuando el alcalde José Sanz Noguer firmó el contrato, respetándose el precio estipulado en 1914, aunque debido a la existencia de contratos de alquiler en vigencia de varias dependencias establecidas en el mismo, éste no podría ser derribado antes del 31 de diciembre de 1923, fecha en la que cumplían dichos alquileres. Finalmente, el lunes 24 de marzo de 1924 comenzaba la demolición del histórico hotel, que concluiría un año después. El edificio desapareció pero no así su leyenda, que resonó durante décadas en la ciudad.

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