ENTREVISTA | Mario Roldán Propietario de Sombreros Rusi

«Mi tienda es patrimonio de Córdoba»

«Se está popularizando desde hace 25 años el sombrero cordobés panamá»

«Mi tienda es patrimonio de Córdoba» | MANUEL MURILLO

«Mi tienda es patrimonio de Córdoba» | MANUEL MURILLO

Juan M. Niza

Juan M. Niza

Veo que, pesar de lo que dicen las malas lenguas, aún no han cerrado ustedes en el Centro.

¿Cerrar? ¿La firma Rusi? ¡No! (Ríe). A pesar de lo que se dijo y se escribió. Sí lo hizo un establecimiento de la otra rama de la familia, que no tenía relevo. Pero aquí seguimos en la casa en la que comenzó José Rusi, sin contar con la fábrica, tras 122 años cumplidos en febrero.

He oído que, precisamente, está investigando ese pasado.

Pues sí. Aprovecho momentos que me quedan libres en verano, que son pocos. El caso es que tuve la suerte de acceder a legajos de un pleito del gremio de sombrereros por las tasas de Hacienda, y encontré que don José Rusi ya afirmaba estar desde el 31 de octubre de 1903, pero que su negocio llevaba abierto 20 meses. En mayo de 1903, incluso, en Diario de Córdoba hallé publicidad de Sombrerería la Española ofertando sombreros cordobeses y de paja para la Feria. Ya ve.

Alucinante. ¿Y después?

Al fallecer José Rusi, en 1926, se crean dos negocios que en principio tenían una administración única, el de los herederos directos y otro, el de la viuda, Vázquez Huertas. Ésta legó su parte a su sobrina, que se lo pasó a mi padre, Roldán Vázquez, y de él me llegó a mí.

Algo de patrimonio comercial y antropológico tiene su tienda, ¿no?

Yo lo veo así. Creo que mi tienda es patrimonio local. Es una firma familiar, dedicada a una prenda que es icónica y patrimonio cordobés, que se basa en la artesanía y con un taller tradicional. Todo en la línea que José Rusi puso: trabajar con lo mejor del mercado.

Para cuando se distribuya esta edición de La Crónica del Centro ya se habrá vendido para la Feria todo lo que se tenía que vender, ¿no?

Vamos a ver. Nos queda el apartado del turismo. Llegan muchos visitantes que quieren llevarse no solo un recuerdo, sino una obra de arte cordobesa valiosa en sí misma. De hecho, yo ya no cierro ni en agosto. Mis vacaciones son en septiembre. Y además tenemos que pensar en la provincia. Hay muchas ferias y muchas romerías. El auge del mundo del caballo va en paralelo. Incluso con versiones en panamá, mucho más ligera y fresca y que permite no tener que ponerte forzosamente el traje corto completo, sin dejar de estar a tono.

No sabía que el sombrero panamá diese para tanto.

El pistoletazo de salida para los sombreros panamá es la romería del Rocío. No es lo mismo estar esos días con un sombrero de fieltro que con la versión, que se está popularizando desde hace 25 años, del sombrero cordobés panamá, fresco y ligero. Eso sí, y aunque la fábrica es la misma, las medidas de mi sombrero cordobés de panamá son únicas, iguales a las del sombrero clásico y distintas a las de cualquier otro. Tanto en copa como en ala. Soy muy exigente.

Hagamos un alto en lo técnico. Usted que lo sabe mejor que nadie: ¿Cómo tenemos la cabeza los cordobeses? ¿Muy dura?

(Ríe). Hay de todo. Sí le puedo hablar de lo que afirma el dicho: «El cordobés piensa muy bien pero tarde». Lo digo por los encargos que me llegan cuando se ha echado el tiempo encima. Pedidos, limpiezas y ajustes.

Hábleme de precios. ¿Cuánto hay que invertir en esta artesanía?

Hágase una idea. Las campanas de pelo de liebre ya solo quedan dos o tres empresas en Europa que las hagan y yo trabajo con piezas de 250 gramos ya que el sombrero cordobés tiene que tener cierto cuerpo, badanas que sean de piel fina, cintas con parte de seda para que no encojan con el sol (de gama de alta) el forro de raso. A eso hay que añadir la mano de obra de un trabajo a medida. Un sombrero cordobés no puede valer menos de 210 euros. Los hay de serie por ahí, pero tampoco bajan de 180 euros.

Pues con las horas que le echa. ¿A usted le salen las cuentas?

No es eso. Lo que quiero es que se mantenga esta tradición.

¿Y además del sombrero cordobés? ¿Hay algo para este mismo verano?

Pasamos a tener las mismas líneas de modelo (’traveller, trilby’, etcétera) pero todos confeccionados en lo que se conoce como sombrero panamá, elaborado con toquilla, ‘ludovica palmata’, originaria de Ecuador y un producto protegido y certificado. También se ven cada día más los confeccionados con ciertos tejidos técnicos, con protección solar del 50, 60, 80, hechos en algodones orgánicos. Hay personas que necesitan más protección que solo el panamá. Este mundo cada vez se va ampliando más y hay más posibilidades.

O sea, se innova y mucho.

El típico sombrero de paja ya es cosa de tienda de todo a cien. Se están haciendo sombreros en tejidos de papel vegetal, lino, algodón específico, panamá tradicional. Hay todo un mundo amplísimo.

Entonces no hay que hablar de un arte que se pierde, sino al contrario, de nuevas técnicas ¿no?

Y en internet puedes ver tendencias y modelos en otros países. Estilos y tejidos. Se puede experimentar dentro de las posibilidades. Siempre manteniendo la línea artesanal, claro.

¿Se siente también usted, en cierta forma, patrimonio inmaterial, una especie en extinción?

Artesanos sombrereros quedamos menos que linces. Y sin embargo nadie se ocupa de los artesanos sombrereros.

Dígame una anécdota que se pueda contar de algún cliente.

Me encontré en un archivo que en 1904 el rey Alfonso XIII visitó Córdoba y don José Rusi bajó a la catedral, se fijó en la cabeza y confeccionó un sombrero cordobés a medida. A través de la amistad que mantenía con el Duque de Hornachuelos le hizo llegar el sombrero. Fue por lo que tuvo el atrevimiento de solicitar el título de proveedor de la Real Casa. ¡Que se lo concedieron!

O sea, le quitó la corona a un rey para ponerle un sombrero cordobés.

(Ríe) Y otra anécdota fue con el papa San Juan Pablo II.

¡Qué me dice!

Fue en el viaje que hizo al Rocío. Se le regaló un sombrero cordobés blanco de aquí. Ahora está en un museo en Roma.

¿Cuando ve a un turista con un sombrero cordobés de plástico, le da rabia, pena?

Antes me daba coraje. Ahora pìenso que habrá bebido dos copas de más, y ni siquiera de buen vino cordobés.

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