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Curiosidades de la provincia

El pequeño pueblo de Córdoba en la Subbética que esconde una cueva prehistórica y un castillo andalusí (y es ideal para visitar en septiembre)

El municipio, incluido en la red de Los Pueblos Más Bonitos de España, destaca por su riqueza natural y patrimonial

Vista de Zuheros, con el castillo y la Cueva de los Murciélagos.

Vista de Zuheros, con el castillo y la Cueva de los Murciélagos. / Córdoba

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Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

Córdoba

En lo alto de un risco, donde la roca parece sostener al propio pueblo, aparece Zuheros. Desde lejos, su silueta blanca se confunde con la montaña, como si siempre hubiera estado ahí, encajada en la sierra.

Con poco más de 600 habitantes, este pequeño municipio de la Subbética cordobesa parece discreto a primera vista. Pero basta acercarse un poco para entender que su tamaño no tiene nada que ver con lo que guarda. Aquí, la historia no está concentrada en un único monumento ni en una sola calle. Está repartida entre la piedra, la montaña y el paisaje que lo rodea.

Un lugar suspendido entre la campiña y la sierra

Zuheros se asoma sobre un territorio donde la campiña cordobesa empieza a transformarse en montaña. A sus espaldas se extiende el Parque Natural de las Sierras Subbéticas, un espacio protegido que también es geoparque reconocido por la Unesco.

Parte de Zuheros, desde el Mirador del Cañón del Bailón.

Parte de Zuheros, desde el Mirador del Cañón del Bailón. / Andalucia.org

El relieve es abrupto, marcado por formaciones calizas, barrancos y olivares que trepan por las laderas. En este entorno, senderos como el del río Bailón o la Vía Verde del Aceite no son solo rutas: son una forma de adentrarse en un paisaje que cambia a cada paso.

La cueva que guarda miles de años de historia

A pocos kilómetros del casco urbano, el paisaje se abre de forma inesperada. Allí se encuentra la Cueva de los Murciélagos, una cavidad que no solo impresiona por su tamaño, sino por lo que conserva en su interior.

Interior de la cueva de Los Murciélagos, que está declarada Bien de Interés Cultural.

Interior de la cueva de Los Murciélagos, que está declarada Bien de Interés Cultural. / MANUEL RIVERA

En sus galerías han aparecido restos del Neolítico, pinturas rupestres y formaciones naturales esculpidas durante miles de años. Entre ellas destaca una estalagmita que se eleva varios metros, conocida popularmente como el espárrago, una de las imágenes más curiosas del lugar. No es solo una cueva. Es un archivo natural y humano de tiempos muy anteriores a cualquier pueblo de la zona.

Un castillo que domina el silencio de la sierra

De vuelta en el pueblo, el trazado de las calles estrechas y encaladas conduce inevitablemente hacia lo alto. Allí se levanta el castillo de Zuheros, asentado sobre la roca como si formara parte de ella. Su origen se remonta a época andalusí, aunque lo que se ve hoy es el resultado de múltiples transformaciones a lo largo del tiempo. Desde sus muros se entiende mejor la posición estratégica del lugar: un punto de control natural sobre el valle y los caminos de la Subbética.

Muy cerca, la iglesia de los Remedios recuerda otro de los capítulos de su historia, probablemente levantada sobre una antigua mezquita.

Castillo de Zuheros: baluarte orgulloso

Castillo de Zuheros: baluarte orgulloso / Córdoba

En un municipio tan pequeño, sorprende la presencia de varios espacios dedicados a la cultura y la memoria local. El Museo de Costumbres y Artes Populares conserva objetos cotidianos que hablan de otra forma de vida, más rural y ligada a la tierra. El Museo-Estudio Francisco Poyato introduce otra capa inesperada: el arte contemporáneo en un entorno rural. Y el museo arqueológico vinculado a la cueva completa ese recorrido entre pasado remoto y tradición reciente.

Interior de una de las salas del Museo Arqueológico municipal de Zuheros.

Interior de una de las salas del Museo Arqueológico municipal de Zuheros. / turismozuheros.es/museo-arqueologico-zuheros/

Un lugar que se entiende mejor en septiembre

Zuheros no se impone. Se descubre poco a poco, en silencio, mientras la luz cambia sobre la roca y el valle se vuelve más suave.

En septiembre, ese equilibrio se hace más evidente. El calor del verano empieza a aflojar, los senderos se recorren con más calma y el pueblo recupera un ritmo más tranquilo, sin el movimiento de los meses más intensos. Es en ese momento cuando Zuheros se muestra con más claridad: no como un destino de paso, sino como un lugar donde naturaleza, historia y paisaje parecen encajar sin esfuerzo.

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