Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Reportaje

De Cabra a Rumanía y Letonia: el verano que abre las puertas de Europa

Más de una veintena de jóvenes egabrenses participan este verano en distintos intercambios en ambos países del este de Europa para aprender, convivir y ganar autonomía

En los intercambios conviven jóvenes de diferentes nacionalidades.

En los intercambios conviven jóvenes de diferentes nacionalidades. / CÓRDOBA

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
José Moreno

José Moreno

Cabra

Para algunos jóvenes de Cabra, este verano ha tenido un marcado acento europeo. Aeropuertos internacionales, escalas, nuevas amistades, noches interculturales, lagos, baloncesto y muchas horas de convivencia han formado parte de unas vacaciones diferentes para más de una veintena de participantes movilizados por la delegación de Juventud del Ayuntamiento de Cabra dentro del programa Erasmus+.

Julia, de 19 años, y Mateo, de 14, han vivido este verano su primer Intercambio Juvenil Europeo. Ella viajó a Rumanía y él puso rumbo a Letonia. Sus familias aseguran que lo aprendido ha ido mucho más allá de los contenidos inicialmente previstos.

El aprendizaje comenzó antes de hacer las maletas. Los jóvenes prepararon materiales sobre Cabra y su cultura para compartirlos durante las noches interculturales, en las que no faltaron tapas y otros productos representativos. También tuvieron que organizar sus viajes, consultar la meteorología y preparar el equipaje según las condiciones que encontrarían a miles de kilómetros de casa.

La primera vez fuera de casa

Y junto a la ropa viajaron también los miedos y las inseguridades propios de enfrentarse por primera vez a una experiencia internacional. Precisamente, parte del valor de estos intercambios reside en aprender a gestionar esas emociones y ganar autonomía.

Carmen, de 22 años, y otros nueve jóvenes de Cabra participaron en Rumanía en un intercambio centrado en competencias para la empleabilidad, junto a jóvenes de Polonia. Fran, de 16 años, se estrenó en Letonia, donde el grupo trabajó herramientas para el conocimiento y la gestión de las emociones.

Jóvenes egabrenses, en el aeropuerto antes de emprender el regreso a casa.

Jóvenes egabrenses, en el aeropuerto antes de emprender el regreso a casa. / CÓRDOBA

Aprender más allá del aula

Cada Intercambio Juvenil Europeo aborda una temática diferente y desarrolla un programa de actividades a lo largo de la jornada. El inglés es la lengua habitual de comunicación, aunque no constituye un requisito excluyente.

La razón está en la propia filosofía de Erasmus+: una apuesta por la educación no formal y la inclusión. La barrera idiomática se convierte así en parte del aprendizaje. Los jóvenes aprenden a comunicarse con palabras, gestos y recursos propios mientras participan en dinámicas, talleres y actividades con personas de diferentes nacionalidades.

La convivencia, clave en estos viajes

La convivencia es otro elemento fundamental. Las comidas se realizan conjuntamente y las habitaciones compartidas contribuyen a romper las primeras barreras. El objetivo es que, al finalizar el intercambio, las diferencias de nacionalidad pasen a un segundo plano frente a las relaciones personales creadas durante esos días. Julen y Héctor, ambos de 15 años, encontraron en la cancha de baloncesto del alojamiento una forma sencilla de estrechar lazos con Eduards y Feliks, procedentes de Irlanda y Letonia. En Letonia también hubo tiempo para bañarse en un lago, mientras que los participantes desplazados a Rumanía aprovecharon el tiempo libre para conocer el entorno urbano.

Además del programa formativo, los intercambios reservan espacios para el ocio y el descanso, favoreciendo que los jóvenes sigan compartiendo experiencias fuera de las actividades.

Erasmus+

Erasmus+ no es una experiencia reservada a universitarios ni exige un elevado nivel de estudios. Los Intercambios Juveniles Europeos están dirigidos a jóvenes de entre 14 y 30 años y se desarrollan mediante educación no formal. Tampoco el coste debería ser un obstáculo. El programa contempla los principales gastos asociados a la experiencia -viaje, alojamiento, manutención y formación-, por lo que la participación puede resultar gratuita.

Más allá de los destinos, quienes han participado este verano coinciden en señalar el impacto personal de la experiencia. «Jamás imaginé que pudiese crear un vínculo tan bonito con desconocidos en tan poco tiempo», explica Juanma, de 23 años, que se ha estrenado este año. María, de 21 años y con experiencia previa, destaca la convivencia: «Fue maravilloso ver cómo todos trabajábamos en equipo, ayudándonos unos a otros y apoyando a las personas que no dominaban tanto el idioma».

Para Elianne, de 22 años, una de las claves ha sido el encuentro con otras culturas. «Conocer a personas de diferentes orígenes, aprender sobre su cultura y forma de ser ha sido una experiencia muy enriquecedora que me ha hecho sentir más en conexión con otros países de Europa», señala.

Elena, de 18 años, resume su aprendizaje desde una perspectiva personal: «He descubierto los diferentes caminos a los que puedo acceder y crear mi proyecto personal de vida».

Competencias que regresan

El viaje termina cuando los jóvenes regresan a Cabra, pero buena parte de lo aprendido continúa con ellos. Las familias han percibido cambios que van más allá de lo académico: mayor autonomía, responsabilidad, tolerancia y capacidad para desenvolverse en situaciones nuevas.

Desde manejar una tarjeta de embarque hasta compartir habitación con jóvenes de otros países, superar las dificultades de comunicarse en otro idioma o asumir responsabilidades dentro de un grupo, cada situación se convierte en una oportunidad de aprendizaje. Por eso, aunque resulte difícil condensar todo lo que supone un Intercambio Juvenil Europeo, la experiencia de esta veintena de jóvenes de Cabra deja una idea clara: viajar, convivir y aprender con otros europeos puede convertirse también en una forma de crecer, ganar independencia y ampliar las posibilidades para construir el propio proyecto de vida.

Un verano que, para ellos, ha sido mucho más que unas vacaciones: una primera aproximación a una Europa que dejaron de contemplar desde lejos para vivirla en primera persona.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents