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Curiosidades de la provincia

Pocos conocen el origen de este pueblo de Córdoba: empezó siendo un puñado de cabañas de pastores

El municipio cordobés nació en la Edad Media y consiguió su independencia en el siglo XV, forjando una villa próspera en la comarca de Los Pedroches

Fachada del Ayuntamiento de Torrecampo.

Fachada del Ayuntamiento de Torrecampo. / Córdoba

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Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

Córdoba

Hoy presume de historia y personalidad propia, pero los orígenes de este pueblo de Córdoba fueron mucho más humildes. Este municipio de Los Pedroches nació en la Edad Media como un sencillo asentamiento de cabañas de pastores y, en apenas unas décadas, logró emanciparse para construir su propio destino.

De aquel pequeño núcleo ganadero surgió una villa próspera que dejó su huella en las calles de granito que aún conservan el recuerdo de los siglos de mayor esplendor.

Un pueblo con siglos de historia

Torrecampo no es un pueblo que haya llegado hasta aquí por casualidad. Su posición en el mapa lo explica casi todo: enclavado entre la meseta y el valle del Guadalquivir, cerca de los grandes pasos históricos que unían el centro y el sur de la Península Ibérica, y a tiro de piedra de las rutas que unían Valencia con Lisboa. Durante siglos, cualquiera que quisiera cruzar de un lado a otro de Hispania acababa pasando por estas tierras de Los Pedroches. Eso dejó huella.

Y vaya si la dejó. El subsuelo granítico sobre el que se asienta el pueblo guarda metales que ya se explotaban en la Prehistoria y que no dejaron de extraerse hasta bien entrado el siglo XX. Por los alrededores aparecen dólmenes, esas estructuras funerarias que los pueblos antiguos levantaban para sus muertos y que aquí abundan como recordatorio de que este territorio estuvo poblado mucho antes de que nadie pensara en darle un nombre.

Vista aérea de Torrecampo.

Vista aérea de Torrecampo. / Córdoba

Pero Torrecampo como tal nació mucho más modestamente. En la Edad Media no era más que un puñado de cabañas de pastores. Las primeras menciones escritas al lugar aparecen en el siglo XV, cuando figuraba como una aldea más bajo el dominio de Pedroche. Lo que resulta llamativo es la prisa con la que sus habitantes quisieron quitarse ese yugo: ya en 1468 hay constancia de sus primeros intentos de desvincularse de la jurisdicción pedrocheña, y en 1478, apenas diez años después, consiguieron el reconocimiento de su independencia.

La prosperidad de Torrecampo

Esa autonomía recién estrenada coincidió con un momento de prosperidad económica sostenida por la industria pañera y la ganadería. Y cuando un pueblo tiene dinero y orgullo a la vez, suele querer demostrarlo. Las portadas de granito con grandes dinteles que salpican el callejero de Torrecampo son el testimonio directo de aquella época.

La mayoría puede fecharse entre finales del siglo XV y mediados del XVI, exactamente cuando el concejo se consolidaba y la lana llenaba las arcas. No es casualidad. Los arcos de medio punto, los alfices de estilo mudéjar, ese gusto por enmarcar las puertas con sobriedad y solidez, todo eso se construyó con la confianza que generaba la prosperidad.

Un pastor con sus ovejas, en una imagen de archivo.

Un pastor con sus ovejas, en una imagen de archivo. / Córdoba

La historia, claro, siguió su curso. En el siglo XVII la industria pañera ya era un recuerdo y la agricultura y la ganadería tomaron el relevo. Y durante casi un siglo, entre 1660 y 1747, el pueblo perdió incluso su condición de villa de realengo cuando Felipe IV vendió Torrecampo, junto con las otras seis villas de la mancomunidad, para integrarlo en el marquesado de El Carpio.

Pasado ese paréntesis, Torrecampo recuperó su estatus y siguió adelante, fiel a ese carácter que ya asomaba cuando no era más que unas cabañas con ganas de convertirse en algo más.

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