Reportaje
Adiós a la fonda de Posadas
Testigo de tres siglos, tras más de un centenar de años abierto, el negocio de comidas y camas más antiguo de la localidad malena cierra sus puertas por la jubilación de sus dueños, Antonio y Feli

La complicidad entre Feli y Antonio ha sido fundamental para el éxito del negocio. / R.V.

Sobre las cuatro de la tarde, Antonio se dirigía a sus clientes para informarles de que se había terminado la cerveza. El anuncio cualquier otro día de bullicio no hubiera tenido mayor importancia, pero en este caso venía a significar que se acababa para siempre. Y con ello, se terminaban las tapas de pajarilla, las de callos, la ensaladilla y, también, los desayunos con aceite del molino y las tertulias en torno al medio de vino de Montilla.
Son muchas cosas, muchos detalles cotidianos los que dicen adiós con el cierre de la Fonda García de Posadas, un negocio que hasta hace muy poco tiempo ha mantenido vivo el espíritu hospitalario que da nombre al pueblo. Era «la fonda». No había que dar más explicaciones.
A descansar
Antonio García y Felisa Ramírez han decidido parar después de medio siglo de servicio a los malenos y de cuantos llegaban a Posadas en tren o por las carreteras que confluyen a sus puertas. Corredores de ganado y de fincas, viajantes de comercio, abogados, ferroviarios, albañiles, jornaleros, jubilados y grupos heterogéneos de amigos y amigas o familias tenían en la fonda un punto de encuentro cotidiano. Hasta los ciclistas de la capital que en Posadas inician su regreso, tenían como referencia de avituallamiento matutino el veterano negocio.
El local llevaba más de un siglo abierto. Antonio tiene referencias del año 1892, según contó a este periódico. En una primera etapa era conocido como Fonda Cuevas. Después, desde hace más de medio siglo, fue la familia García la que empezó a dirigirla. Los padres de Antonio (Juan y Pepita) criaron a sus tres hijos con el negocio de camas (tenía cinco habitaciones dobles) y comida (casera y muy casera). Ella todavía, a sus 88 años, se seguía asomando a diario a la cocina para echar una mano. Dos de los hijos, Juan y Antonio, siguieron en la hostelería. Uno en Palma del Río y Antonio tomando el relevo, junto a Feli, su mujer, de sus progenitores. El tercer hermano, Curro, optó por abrir un supermercado.
Sentimientos encontrados
La jornada del cierre, no por esperada y anunciada, fue lamentada por los «fondistas» malenos, quienes, sin embargo, felicitaban al matrimonio por haber llegado juntos al momento de la jubilación y haberlo conseguido con el cariño unánime de sus convecinos.

La jornada de despedida de la Fonda García de Posadas fue todo un acontecimiento social. / R.V.
El relevo generacional no ha sido posible. Sus dos hijas, Raquel e Irene, han iniciado otros recorridos profesionales que, sin embargo, no les impidieron sumarse a jornada de despedida haciendo lo que desde pequeñas habían visto y aprendido a hacer, atender a sus clientes y amigos.

Antonio y Felisa con sus hijas, Irene y Raquel, minutos antes de cerrar el negocio. / R.V.
Jornada de recuerdos
En la jornada de cierre abundaron las frases de reconocimiento de la calidad de la cocina, lo que, ante la inminente pérdida, había hecho que algunos previsores encargaran días antes algunas raciones de callos o pajarilla para congelar y seguir degustándolas en casa; se hablaba del aparente despiste permanente de Antonio y del genio desenfadado, siempre, de Feli. Pero la confianza y fidelidad de la parroquia era tal, que Antonio, cuando llegaba la hora de pagar, su frase habitual era: «¿qué os habéis tomado?», en la certeza de que jamás ninguno de sus habituales dejaría algo sin abonar.
Visitantes ilustres y otros, no tanto
En la Fonda García se han recibido visitas ilustres, como la de Manuel Benítez El Cordobés o la del exjugador madridista Antonio García Navajas (entre otros muchos) y se han vivido experiencias dignas de recordar, como la de ser proveedores, por su cercanía, de la comida para los presos que pasaban por el calabozo de la Policía Local (a donde a veces –según cuenta entre risas- tenía que acudir Antonio para completar alguna ronda de reconocimiento de posibles delincuentes), o de aportar el bocadillo que el Ayuntamiento suministra a los transeúntes.
Con el cierre de la fonda, Posadas dice adiós a un negocio familiar que ha sido testigo, escenario y emblema de más de cien años de vivencias malenas.
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