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Reportaje

Cabra descubre a fondo su castillo milenario

Una investigación histórico-científica identifica nuevas estructuras defensivas y reconstruye la evolución del recinto desde su origen islámico hasta su transformación en colegio de las Madres Escolapias

Una imagen del castillo-palacio de Cabra, objeto ahora de nuevas investigaciones histórico-científicas.

Una imagen del castillo-palacio de Cabra, objeto ahora de nuevas investigaciones histórico-científicas. / José Moreno

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José Moreno

José Moreno

Cabra

La investigación sobre el castillo-palacio de Cabra ha abierto nuevas vías para comprender uno de los edificios históricos más singulares de la Subbética y que acumula más de mil años de ocupación humana. La identificación de estructuras defensivas medievales y la constatación de graves problemas de conservación marcaron una de las conferencias celebradas en el Museo Arqueológico Municipal con motivo del Día Internacional de los Museos.

La historiadora María Jesús Sánchez-Raya y el arquitecto Francisco Javier Muñoz Aguilar, acompañados por el director del Museo Arqueológico Municipal, Antonio Moreno, dieron a conocer las principales conclusiones del trabajo El castillo-palacio de Cabra: Aproximación a su estudio, presentado en el séptimo Congreso Internacional Fortificaciones y Patrimonio Militar celebrado en Valdepeñas y organizado por la UNED de Ciudad Real, la Red de Fortificaciones de España y la Asociación de Amigos del Castillo de Montjuïc.

Reconstrucción desde sus orígenes islámicos a su transformación en colegio

El estudio, el primero de carácter histórico-científico, plantea una reconstrucción evolutiva del conjunto monumental desde sus orígenes islámicos hasta su transformación en colegio a finales del siglo XIX. Sánchez-Raya señala que el enclave pudo surgir entre los siglos VIII-IX como un "hisn", una fortificación islámica compuesta por alcazaba y albacara, vinculada al control fiscal y militar del territorio dependiente de Córdoba.

La investigadora destacó que el castillo sufrió al menos dos grandes demoliciones durante la Edad Media. La primera tras la conquista cristiana de 1240, y una segunda tras la recuperación nazarí impulsada por Muhammad IV. Posteriormente, la fortaleza quedó ligada a la Orden de Calatrava y más tarde pasó a manos de Leonor de Guzmán y de los Fernández de Córdoba, convirtiéndose progresivamente en residencia nobiliaria.

La investigación reinterpreta las estructuras defensivas visibles del castillo

«Ya no hablamos únicamente de un castillo militar, sino de un castillo-palacio», señaló la historiadora, incidiendo en la convivencia de funciones defensivas y residenciales. Uno de los aspectos más novedosos de la investigación es la reinterpretación de estructuras defensivas aún visibles. Se identifican restos de ladroneras, portillos militares, astilleras para armas de fuego primitivas y una posible torre albarrana -la Torre Juana-vinculada a la protección del flanco más vulnerable del recinto.

Sánchez-Raya subrayó además el valor de fotografías antiguas y documentos del Archivo de la Nobleza para localizar torres desaparecidas y reconstruir el trazado defensivo original.

Un inmueble que sufre de grietas, desplazamientos y deformaciones

La conferencia dedicó una parte importante a los problemas de conservación del inmueble. Así el arquitecto Francisco Javier Muñoz advirtió que el castillo se asienta sobre margas de escasa capacidad portante y sobre rellenos históricos de hasta ocho metros de profundidad en algunas zonas, circunstancia que explica grietas, desplazamientos y deformaciones acumuladas durante siglos.

Además, señaló que algunas patologías podrían estar relacionadas incluso con el terremoto de Lisboa de 1755, determinadas grietas verticales presentes en la torre principal. También alertó de problemas derivados de humedades, empujes de vegetación, cubiertas deterioradas y movimientos del terreno en la ladera norte.

El estado de conservación es mucho mejor que otras fortalezas similares

Pese a ello ambos investigadores coincidieron en que el edificio presenta un estado de conservación «extraordinario» en comparación con otras fortalezas similares gracias a su uso continuado desde hace más de mil años y desde 1899 como colegio de las Madres Escolapias. «Tenemos edificio porque ha habido colegio», resumió Sánchez-Raya.

El estudio propone ahora una nueva fase de trabajo multidisciplinar basada en levantamientos láser, análisis arqueológicos, estudios geotécnicos y campañas de documentación histórica que permitan planificar futuras restauraciones. Muñoz defendió la necesidad de vincular cualquier intervención a un modelo estable de financiación y usos compatibles con la conservación patrimonial.

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