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Historia

La maravilla que esconde Luque: búnkeres de guerra convertidos en uno de los miradores más espectaculares de la Subbética de Córdoba

Una ruta que parte de un punto de la Vía Verde del Aceite te lleva a las trincheras y casamatas de la Guerra Civil que sobreviven entre olivares, a poco más de un kilómetro del casco urbano

Luque, de fondo, con los búnkeres del Alamillo a un lado.

Luque, de fondo, con los búnkeres del Alamillo a un lado. / Córdoba

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Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

Córdoba

Escondidos entre el olivar de la Subbética, cerca de la Vía Verde del Aceite, los búnkeres del Alamillo de Luque llevan décadas aguardando en silencio. Casamatas, trincheras, galerías subterráneas y un búnker componen un conjunto de arquitectura militar de la Guerra Civil española que ahora cualquiera puede recorrer a pie, a poco más de un kilómetro del casco urbano de la localidad.

Dominar o ser dominado. Esa era exactamente la lógica de este lugar. La historia pesa aquí de manera literal. La zona fue estratégica desde el primer día del alzamiento militar en julio de 1936. Alambres de espino primero, trincheras improvisadas después. Lo que hoy ves, las casamatas, el búnker de tipo reducto, las galerías que se hunden bajo tierra, se construyó a finales de 1938 y principios de 1939.

Cómo llegar y qué ver

Por la antigua estación de Luque ya no pasan trenes -llevan parados desde 1984- pero el edificio vive. Fue rehabilitado con tino: hoy es restaurante y centro de interpretación, y en sus paredes cuelgan fotos del antiguo Tren del Aceite, esa línea que unió Jaén con Puente Genil desde 1891 y que ahora es Vía Verde. Desde allí comienza la ruta que conduce a los búnkeres.

Sales a la vía y tomas dirección este. El paisaje se abre en una paleta de verdes, ocres y grises por los olivos y la tierra. A poco más de 500 metros, una señal modesta indica el cruce del camino de Pozo Cortés. Giras a la derecha, luego a la izquierda. El camino del Alamillo se abre ante ti. Cruzas el arroyo del Alamillo por un vado de hormigón y, 200 metros después, te detienes. Hay un panel de madera con información, pero lo que de verdad te detiene es lo que asoma por encima del matorral: la estructura gris de un búnker.

Búnker del Alamillo.

Búnker del Alamillo. / Córdoba

El paraje conserva vegetación autóctona entre el mar de olivos: torvisco, majuelo, retama y el llamativo lirio azul de invierno florecen junto a las estructuras de guerra, en un contraste que tiene algo de perturbador y mucho de bello. Desde allí entiendes por qué eligieron este punto. Las vistas son extraordinarias: la Subbética cordobesa se despliega en todas direcciones. Un mirador magnífico.

Luque, tierra de fronteras

El pueblo lleva milenios siendo territorio en disputa. Recintos ibero-romanos como Los Castillarejos, el imponente castillo medieval y estos búnkeres del siglo XX forman una cadena ininterrumpida de arquitectura defensiva. El museo municipal resume esa historia en un solo espacio.

Búnker del Alamillo.

Estructura del búnker de la Guerra Civil de Luque. / Córdoba

Hoy los búnkeres del Alamillo son un mirador excepcional sobre la Subbética cordobesa y las sierras de Alcaudete. Hace 85 fueron la frontera entre dos Españas. La visita no solo merece la pena por el paisaje, merece la pena porque pocas cosas enseñan tanto como ponerse en el lugar donde alguien, una noche de 1939, esperaba.

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