Fiestas Aracelitanas
Lucena enaltece a la Virgen de Araceli en el día más grande de la ciudad
El obispo de la Diócesis, Jesús Fernández, en su primera misa solemne del primer domingo de mayo, insistió en la unidad como don principal de Dios y la Virgen protagonizó la solemne procesión

Salida procesional de la Virgen de Araceli en el día de su onomástica. / M. GONZÁLEZ

El día principal de Lucena, entre la tradición mariana y la pasión aracelitana. El primer domingo de mayo ha envuelto como cada año a la ciudad en un aroma arrebatador de alegría compartida y solemnidad propagada. La Virgen de Araceli desciende desde su Santuario en abril con la finalidad cardinal de compartir su onomástica con aquellos que enarbolan su reinado en el municipio desde 1562 y, también, por su concepto universal, junto a quienes vislumbran otros horizontes hasta terminar cautivados por el Altar del Cielo.
El progresivo trasiego de devotos, oriundos de la ciudad retornados y visitantes atraídos por la fortaleza de unas fiestas declaradas de Interés Turístico Nacional empezó a adquirir ardor tras el amanecer, con referencia inexcusable en la Plaza Nueva y el templo de San Mateo.
Salvas de honor
Otro episodio de salvas, en honor de la patrona, desde el patio de armas del Castillo del Moral, sacudió una nueva felicitación a la Madre de todos los lucentinos. El obispo de Córdoba, Jesús Fernández González, antes de completar su primer año de misión pastoral en la Diócesis, ofició la misa solemne y liturgia principal del calendario anual de Lucena.

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, celebró la misa en San Mateo. / M. GONZÁLEZ
Concelebrada por otros párrocos locales, brotaron los excelsos acordes de la Misa del Campo Andaluz, obra maestra de Antonio Villa Álvarez de Sotomayor e interpretada por la Coral Lucentina y la Orquesta del Conservatorio Profesional de Música Maestro Chicano Muñoz, dirigidos por Víctor Nájera. La excelente afluencia ocupó por completo la capacidad del templo de San Mateo Apóstol, entre los bancos usuales y decenas de sillas portátiles. A esta celebración litúrgica acudieron, aparte del alcalde de la ciudad, Aurelio Fernández, el presidente del Parlamento de Andalucía, Jesús Aguirre, y el presidente de la Diputación, Salvador Fuentes.
En la homilía, aludió «al consuelo y la certeza» que encarna María, «firme», siempre, al pie de la Cruz de su Hijo, el Señor, que representa «el camino, la verdad y la vida». Reparó «en la meta» que busca cualquier ser humano y que «sólo siguiendo» al Maestro se logra esa «plenitud» aspirada porque «salidos de las manos de Dios, a ellas queremos llegar». Al pueblo cristiano, a la familia de la Iglesia universal, los emplazó a enseñar con testimonios de vida y palabra el auténtico camino, consagrando la ofrenda de los sacramentos y obras «generosas y entregadas».
«Modelo y paradigma»
Enfatizó el prelado «el don de la unidad», señalando como «modelo y paradigma» las enseñanzas categóricas de la comunidad primitiva de Jerusalén, frente a los riesgos de la división, con la protección y clarividencia de la Virgen María y el Espíritu Santo. Expresamente encomendó a la Virgen de Araceli la apertura de la puerta del Cielo, «en un gesto precioso» con la humanidad.
La iglesia mayor reabrió sus puertas a las seis de la tarde, presentando la estampa de la Virgen de Araceli entronizada, en la ubicación prominente, aguardando la aparición de la cuadrilla de 36 santeros, de impoluta túnica blanca y cordón rojo, guiada por el manijero Rafael Romero Gutiérrez. Pasadas las siete, saludaron y acompañaron a la patrona la Agrupación Musical Santa María Magdalena del Arahal y la Sociedad Didáctico Musical Banda de Música de Lucena, exhibiendo unas dotes musicales de categoría superior.
Fandangos, pétalos, centenares de promesas, veneración constante convertidas en velas y coplas aracelitanas adornaron la procesión, desde las 20.00 horas, por el centro urbano, hasta derramarse los sentimientos y eclosionar el júbilo aracelitano en la calle El Peso.
380 kilos de pirotecnia para despedir a la Virgen
Antes de las 23.25, la Virgen de Araceli se adentró definitivamente en la Plaza Nueva y relució, como la única luz que permanece, antes del comienzo del espectáculo musical y de fuegos artificiales, alargado hasta los 26 minutos y medio. Este montaje artístico y visual se compone de 380 kilos de material pirotécnico, con un total de 24 módulos de conexión en el terreno y 668 órdenes de disparo. Con los últimos efectos patentados, en la traca definitiva retumbaron hasta 2.786 turnos de cohetes.
Y, pasada la medianoche, actuó en la Caseta Municipal, dentro del antiguo recinto ferial, el grupo Channel.
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