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Reportaje

Una ofrenda de flores entre oraciones y gratitud a la Virgen de Araceli

Centenares de colectivos e instituciones, así como miles de personas, depositan ante la patrona de Lucena las cestas y ramos en un acto de movilización multitudinaria en el segundo día de las Fiestas Aracelitanas.

Manuel González

Manuel González

Lucena

Las Fiestas Aracelitanas aglutinan, en una ofrenda de flores masiva, infinidad de motivos, entornos sociales, realidades cotidianas, peticiones anónimas y tradiciones colectivas. Un acto institucionalizado, entre familias espontáneas y grupos corporativos, que concita centenares de cestas y ramos.

Una jornada de sábado que arremolina a una enorme multitud desde el Paseo de Rojas. La patrona de la localidad aguarda, un día antes de su onomástica, desde el retablo principal de San Mateo.

La aracelitana mayor y las damas, en primera instancia, desbocan su emoción acumulando instantes indescriptibles por el impacto directo de esas razones inconfesables que emplazan a cualquier persona con sus flores de amor ante la Virgen de Araceli.

Traje lucentino con rasgos y trazos de las ocho provincias andaluzas

Desde antes de las 18.30 horas, centenares de asociaciones y agrupaciones, de heterogénea índole, se citaban en el entorno de la avenida del Parque. Las cintas identificativas de cada cesta expresaban el rótulo de instituciones, entidades profesionales, clubes, cofradías, centros educativos, peñas, cuadrillas de santeros, formaciones políticas y, en el cierre, la corporación municipal. El atuendo tradicional de las mujeres, denominado traje regional o de lucentina, patentado desde 1992, compendia rasgos y trazos de las ocho provincias de Andalucía.

Ofrenda de Flores a la Virgen de Araceli

Ofrenda de Flores a la Virgen de Araceli. / M. GONZÁLEZ

Entre los sonidos de la Hermandad de Tambores y de la Sociedad Didáctico-Musical Banda de Música de Lucena, el ocaso de la tarde halló su transición en el encendido del alumbrado nuclear de la Plaza Nueva. A la conclusión, en la iglesia de San Mateo, el pueblo se concentraba para entonar la Salve Solemne y el himno de la Virgen de Araceli, con letra de José María Pemán y música de Luis Aramburu, datándose en 1948. Y, en la misma noche, acariciando la madrugada, los Campanilleros de la Aurora, en una convocatoria de formidable e imparable auge, por su cercanía, sencillez y significado, interpretan la primera felicitación, entre coplas de octubre, a la Virgen de Araceli.

En la Caseta Municipal, la programación lúdica y festiva proseguía con el tributo Memorias de la Copla.

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