Reportaje
Adiós a una confitería con 80 años de historia en Puente Genil: cuatro generaciones y toda una vida tras el mostrador
La pastelería Miragenil, negocio emblemático de Puente Genil, cierra de forma definitiva el próximo 31 de mayo tras décadas de sacrificio, tradición y elaboración de dulces que han marcado a miles de clientes

Exterior de la histórica confitería Miragenil, en Puente Genil. / V. Requena

Hay negocios que no solo venden productos, sino que construyen memoria. Este es el caso de Miragenil, una confitería con casi ochenta años de historia, cuyo origen se remonta a una etapa anterior incluso a la propia familia que hoy se despide de ella. En sus inicios, el local estuvo regentado por Fernando López y Carmen García, pero el verdadero arraigo familiar comenzó cuando Rafael García, natural de Puente Genil y abuelo materno de María del Carmen, asumió la dirección del establecimiento.
Desde entonces, el testigo fue pasando de generación en generación casi sin interrupciones: primero a sus hijos, después a María del Carmen y a su marido, Luis Fernando Gama. "Somos la tercera generación de la familia, aunque si contamos desde el origen del negocio, podríamos hablar de la cuarta", explican.
Para María del Carmen, la confitería no ha sido solo un trabajo, sino el escenario de toda una vida. Creció entre bandejas de dulces y empezó a trabajar con apenas 17 años. Cuatro décadas después, a sus 57, pone punto final a una trayectoria ininterrumpida tras el mostrador. Junto a su marido, tomó las riendas del negocio en 1992, consolidando un estilo propio basado en la cercanía con el cliente y el respeto por la tradición.
Merengas, roscos de gachas, garrapiñadas...
Y es precisamente esa tradición la que ha mantenido vivos algunos de sus productos más emblemáticos. Dulces como la merenga, el rosco de gachas, las garrapiñadas, las yemas, el pionono o la milhoja han resistido el paso del tiempo y siguen siendo los favoritos, incluso para quienes los encargan desde otras ciudades. "Hay clientes que saben que el producto no llegará perfecto, pero lo que buscan es ese sabor", comenta Gama.
No todos los clásicos han corrido la misma suerte. Algunos, como el cortadillo de cabello de ángel, han ido perdiendo protagonismo con los años, quedando más ligados a generaciones mayores.
El sector, además, ha cambiado profundamente. "Antes la variedad era mucho más limitada; ahora hay una oferta enorme y en constante evolución", recuerda Fernando. A las recetas tradicionales se han sumado nuevas tendencias, como las tartas modernas o las cookies, incorporadas más recientemente a su catálogo.

Luis Fernando Gama y María del Carmen García, en el interior de la confitería Miragenil. / V. Requena
El negocio también intentó adaptarse a los nuevos tiempos, apostando por envíos a distintos puntos de España e incluso ofreciendo lotes variados que incluían productos como magdalenas o aceite. Sin embargo, detrás de esa capacidad de adaptación siempre ha existido una realidad menos visible: el sacrificio personal.
"Lo hemos perdido todo en cuanto a tiempo", reconoce María del Carmen. La dedicación absoluta al negocio ha significado renunciar durante años a fines de semana, festivos, celebraciones familiares e incluso momentos vitales. "No hemos tenido ni Semana Santa, ni Navidad... la tienda siempre estaba primero", resume. Recuerda, incluso, haber tenido que volver prácticamente del hospital tras dar a luz para atender el local.
El cierre de la confitería está previsto para el 31 de mayo
El cierre, previsto para el próximo 31 de mayo, no ha sido una decisión impulsiva. Llevaban cerca de un año valorándolo. "La primera razón ha sido nuestro nieto", dicen ambos. A ello se suma el desgaste acumulado tras décadas de trabajo y los problemas físicos derivados del esfuerzo continuo. "No hemos podido disfrutar de nuestros hijos como nos hubiera gustado, y no queremos que pase lo mismo ahora", explican.
Sus hijos, aunque crecieron entre vitrinas y hornos, han tomado otros caminos profesionales: su hija es maestra y su hijo, graduado en Traducción, prepara oposiciones para bombero. Ninguno continuará con la confitería.
Porque, como ellos mismos señalan, este tipo de negocio está profundamente ligado a quienes lo regentan. "La gente viene buscándonos a nosotros. Sin los dueños, no es lo mismo".
Con el cierre de la persiana no solo desaparece un establecimiento, sino una parte de la historia compartida de Puente Genil. Queda, sin embargo, el legado intangible: el sabor que marcó a generaciones de clientes y la huella de una familia que dedicó su vida a endulzar la de los demás.
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