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Arqueología

Nuevas aportaciones al conocimiento del poblado íbero del Cerro de la Cruz de Almedinilla

Las recientes excavaciones han documentado estructuras y piezas de gran interés, que vuelven a poner de manifiesto la importancia que atesora este yacimiento arqueológico del sur de la provincia

Zona del yacimiento de Almedinilla en la que se ha llevado a cabo la última campaña de excavaciones.

Zona del yacimiento de Almedinilla en la que se ha llevado a cabo la última campaña de excavaciones. / Ecomuseo del Río Caicena

Rafael Cobo

Rafael Cobo

Almedinilla

La última campaña de excavaciones que se han llevado a cabo en el yacimiento arqueológico del Cerro de la Cruz, en Almedinilla, sigue aportando numerosa información sobre este poblado de época ibérica en ladera, dispuesto en terrazas escalonadas excavadas directamente en la roca y debido a su importancia, declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de Zona Arqueológica, el 29 de enero de 2002.

La última excavación, iniciada hace dos años y de la que se han llevado a cabo tres campañas de dos meses cada una de ellas, trata de exhumar y acondicionar el denominado sector este del yacimiento, como así indicaba para Diario CÓRDOBA Nacho Muñiz, director del Ecomuseo del Río Caicena y de la excavación, que señalaba la intervención en un entorno de 200 metros cuadrados, “en los que hemos documentado una nueva vivienda ibérica, abierta a una de las calles del poblado”. En este vivienda, como así apostilla Muñiz, «hemos encontrado uno de los hallazgos más espectaculares de la campaña, unos muros de adobe, restos de arquitectura en tierra, de tres metros de altura fechados a mediados del siglo II A.C., coincidiendo con la fecha de la destrucción violenta del poblado».

Asociado a esa vivienda, los trabajos han sacado a la luz una zona de patio con un aljibe y otra zona de almacenes y espacios de escaleras para salvar la pendiente.

En relación a la gran estructura de adobes, Muñiz señala que en un principio se barajó que podría tratarse de una especie de hórreo o suspensura (pequeños pilares cuadrados de ladrillo -pilae- que sostienen un suelo elevado o suspendido), o también unos almacenes.

Igualmente, son reseñables los dos huecos para situar escaleras, que debieron ser de madera, para salvar la pronunciada pendiente del cerro, pudiendo de esta manera acceder desde la estancia ibérica que se abre a la calle inferior, a los espacios superiores y en contacto con la calle superior.

Vivienda pre-emiral

Debajo del nivel del incendio que asoló el poblado, Muñiz destaca la aparición de materiales ibéricos intactos, «como es habitual», mientras que, por encima de este, se ha documentado una vivienda de una fase posterior a la ibérica, en principio tardorromana/pre-emiral (siglos VII-VIII). En esta vivienda se pudo documentar un hogar para cocinar con una ollita y huesos que, a falta de un estudio en detalle, parecen de gallina, además de otras piezas como un posible reposadero (hecho con el fondo de una orza), una jarrita (similar a las halladas en la necrópolis tardorromana de El Ruedo) y una marmita realizada a torno lento.

Otro de los hallazgos que Muñiz ha catalogado como «excepcional» es el de distintos suelos, tanto en los pisos inferiores como en los superiores, en los que se ha constatado tres preparaciones, consistentes en una capa anaranjada de arcilla apisonada con fragmentos cerámicos, otra sólo de cal y arena con fragmentos cerámicos, y una última también anaranjada de arcilla apisonada.

Varios de los fragmentos cerámicos hallados.

Varios de los fragmentos cerámicos hallados. / Ecomuseo del Río Caicena

Para el director de la excavación, «son capas de preparado de suelos por los que se circularía, y no suelos en sí mismos, porque las cerámicas encontradas entre las capas son fragmentos y no piezas completas o semicompletas».

Junto a las estructuras de muros de adobes, de ladrillos de barro y paja secados al sol, Muñiz hacía alusión a varias piezas curiosas, entre ellas unas trébedes ibéricas de hierro, piezas de origen itálico, y una reja de arado ibérico, «una pieza única, que se ha podido documentar en el suelo de la vivienda excavada».

Además de la excavación, su director concreta que se ha cubierto la zona exhumada, por lo que ya se encuentra protegida, iniciándose ahora la restauración y consolidación tanto los bienes muebles como los inmuebles, es decir los restos de muros y pavimentos y también todas las piezas que han salido a la luz.

Una de las estructuras documentadas.

Una de las estructuras documentadas. / Ecomuseo del Río Caicena

Como añadía Muñiz, «lo que se ha intentado con esta intervención es resolver unas cuestiones de escorrentía, de drenaje, para que no se deteriorara el yacimiento, y solventar unas dudas arqueológicas que se han resuelto en parte, ya que, según excavamos han surgido nuevas dudas».

Presupuesto escaso

En cuanto a la financiación, la Diputación de Córdoba ha aportado 26.000 euros y 11.000 el ayuntamiento de Almedinilla, afirmando Muñiz que para un yacimiento de la envergadura del Cerro de la Cruz, «se requeriría una inversión mayor, por lo que tenemos que acometer pequeñas intervenciones y, por falta de presupuesto, en este caso, no vamos a poder documentar lo que teníamos previsto, de tal manera que el año que viene pediremos una prórroga».

La excavación ha estado dirigida por el Ignacio Muñiz, director del Ecomuseo Histórico del Río Caicena, participando en ella el grupo de investigación Prometeo de la Universidad de Granada, del que también forma parte el Ecomuseo. La intención, según concluía Muñiz, es seguir solicitando subvenciones para continuar con las excavaciones, consolidación y conservación este enclave, que ha situado a Almedinilla en un punto de referencia para el conocimiento del mundo íbero-romano.

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