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Curiosidades de la provincia

La iglesia que ardió pero no desapareció y hoy es símbolo de un pueblo de Córdoba

El fuego arrasó su interior y quedaron la fachada y los muros, que hoy forman parte del corazón histórico de esta localidad de la Subbética

La Iglesia Vieja de Doña Mencía.

La Iglesia Vieja de Doña Mencía. / Francis Flores

Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

Córdoba

Durante la mañana del 14 de septiembre de 1932, la iglesia de un pueblo de Córdoba salió ardiendo. El fuego llevó el templo a la ruina. Solo quedaron en pie la fachada y los muros, por lo que, pese a la tragedia, las llamas no lo hicieron desaparecer. La iglesia fue reconstruida y se habilitó como auditorio municipal, quedando además como un símbolo de la historia medieval de la provincia de Córdoba.

Cinco años después de que se levantará el castillo de la localidad, en 1420, se construyó una iglesia que formaría un binomio esencial con la fortificación y que daría origen a este pueblo de la Subbética tal y como se conoce hoy en día.

La iglesia y su castillo, o viceversa

Ese pueblo es Doña Mencía, y el templo es la conocida como Iglesia Vieja. Cuando uno pasea hoy por sus calles blancas cuesta imaginar que este rincón tranquilo fue, hace seis siglos, tierra de frontera. En 1415, el noble Diego Fernández de Córdoba mandó alzar el castillo para vigilar un territorio expuesto a las tensiones entre Castilla y el reino nazarí. Poco después, la iglesia completó la escena: si la fortaleza defendía los cuerpos, el templo venía a resguardar las almas. No eran edificios aislados, sino las dos caras de una misma estrategia para fundar y afianzar un pueblo.

La historia quiso, además, bendecir aquel empeño. En 1419, una bula del Papa Martín V concedía indulgencias a quienes cruzaran su puerta, un reclamo espiritual que reforzó su prestigio y atrajo devoción. Un año más tarde, en 1420, la iglesia se convirtió en parroquia bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación.

Portada de la Iglesia Vieja de Doña Mencía.

Portada de la Iglesia Vieja de Doña Mencía. / Córdoba

Aquel primer templo debió de ser sobrio y modesto. Pero los siglos la fueron transformando. Ampliaciones, reformas, una Capilla Mayor añadida en el XVII y, ya en pleno siglo XVIII, un ambicioso templo barroco que llegó a abrazarse al castillo a través de un arco aún visible. Dentro brillaba un gran retablo financiado por la Casa de Sessa, reflejo del esplendor del convento dominico, donde llegaron a residir más de treinta religiosos. Hoy solo quedan restos, pero basta contemplarlos para entender que la historia nunca se fue del todo.

Lo que se perdió y lo que queda

Parte de ese legado artístico, sin embargo, se perdió en el incendio de 1932. El retablo, las cubiertas y el interior desaparecieron bajo las llamas, pero no la memoria del lugar. La portada de piedra, los muros perimetrales y la hornacina del campanario con el Cristo crucificado tallado en piedra resistieron como una especie de esqueleto monumental.

Arco que une la iglesia con el castillo de Doña Mencía.

Arco que une la iglesia con el castillo de Doña Mencía. / Córdoba

Durante décadas, la ruina permaneció visible, integrada en el casco antiguo. Finalmente, en el año 2000, el espacio fue adaptado como auditorio al aire libre bajo el cielo de la Subbética. La antigua iglesia no sobrevivió intacta al fuego, pero tampoco desapareció. Convertida en escenario cultural y en vestigio medieval, sigue formando, junto al castillo, el corazón histórico de Doña Mencía.

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