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Semana Santa en la provincia

El pueblo de Córdoba que se quedó sin costaleros, pero logró resucitar su Semana Santa: "Se vino abajo"

Las procesiones dejaron de salir, pero este no fue el único reto que afrontaron los vecinos de la localidad

Momento del encuentro entre la Virgen de los Dolores y el Sepulcro.

Momento del encuentro entre la Virgen de los Dolores y el Sepulcro. / Córdoba

Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

Córdoba

Durante más de cuatro siglos, la Semana Santa de Hornachuelos ha formado parte de la identidad local. Pero hubo un momento, no tan lejano, en el que todo se detuvo. A finales de los años 80 y principios de los 90, las procesiones dejaron de salir durante dos años seguidos por un motivo simple: no había costaleros.

La historia, recuperada y difundida por el propio Ayuntamiento del municipio, resume uno de los episodios más desconocidos de esta tradición. No es el único. La Semana Santa de Hornachuelos es una historia de resiliencia y de comunidad, en la que sus vecinos han luchado permanentemente por mantenerla viva.

Cuando la tradición se rompe

El origen de la Semana Santa meloja se remonta al siglo XVI, con hermandades como la Vera Cruz o la Soledad, que no solo organizaban el culto, sino que también cumplían funciones sociales, como la atención a enfermos y personas sin recursos.

Vista panorámica de la localidad con el gentilicio más dulce de Córdoba.

Vista panorámica de la localidad de Hornachuelos. / Ayuntamiento

Como en muchos otros lugares, la Guerra Civil supuso la pérdida de gran parte del patrimonio religioso. Algunas imágenes lograron salvars. Pero el golpe más inesperado llegaría décadas después, ya en democracia: la falta de relevo generacional. Sin costaleros, no hay pasos. Y sin pasos, no hay procesión. "Se vino abajo", resume José Antonio Cruz, hermano Mayor de la Hermandad de la Virgen de los Dolores.

La reacción vecinal que evitó la desaparición

La solución vino de un grupo de vecinos, que decidió implicarse creando una asociación para recuperar la Semana Santa. A partir de ahí, el proceso fue lento, pero efectivo, y se reorganizó la celebración, adoptando algunos cambios relevantes.

Antes, por ejemplo, se representaba la entrada de Jesús en Jerusalén con una burra y niños reales. La escena teatral del Domingo de Ramos fue sustituida por un paso. Sin embargo, al carecer de tradición costalera, el paso dejó de salir durante años. El pueblo fue dando solución a todos los retos que se fueron planteando.

El Nazareno de Hornachuelos.

El Nazareno de Hornachuelos. / Córdoba

Días clave

Hoy, la Semana Santa ha recuperado su pulso y mantiene elementos muy particulares. El Miércoles Santo, por ejemplo, se celebra un Vía Crucis en silencio, roto únicamente por el sonido de un tambor y por el recuerdo uno a uno los vecinos fallecidos en el último año. El Jueves Santo gira en torno a dos imágenes muy queridas como son Jesús Nazareno y María Santísima Nazarena, conocida como Reina de los Cazadores. Esta última tiene una singularidad poco habitual: fue donada con la condición de que fueran mujeres quienes la portaran. El encuentro entre ambas imágenes, en la parte alta del pueblo, es uno de los momentos más esperados.

En la iglesia de Santa María de las Flores se conserva, además, una de las historias más llamativas. Un Cristo con una herida visible en el rostro, dañada durante la guerra, fue rescatado por un niño que lo escondió en su casa durante años. Décadas después, su familia decidió devolverlo al templo, donde hoy se conserva restaurado. Para ellos, "volvió a donde nunca debió salir".

La Borriquita de Hornachuelos.

La Borriquita de Hornachuelos. / Córdoba

El Viernes Santo está marcado por la Virgen de los Dolores, una talla de 1717 atribuida a Juan Prieto. Curiosamente, fue creada para Córdoba, donde apenas procesionó porque su expresión no encajaba con lo esperado. En Hornachuelos ocurrió justo lo contrario: esa misma dulzura la convirtió en una de las imágenes más veneradas. Su corona está hecha con plata donada por vecinos, y su ajuar incluye incluso una pieza relacionada con Fabiola de Mora y Aragón, que pasó por la localidad. Ese mismo día tiene lugar el encuentro entre el Santo Sepulcro y la Virgen, una de las escenas más sobrecogedoras. De madrugada, la Virgen vuelve a salir en la procesión de la Soledad en silencio.

El Domingo de Resurrección tampoco tuvo continuidad durante años. Su recuperación volvió a depender de los jóvenes, repitiendo un patrón que se ha dado varias veces: desaparición, reacción y reconstrucción. Ese relevo generacional se ve también en la llamada Semana Santa chica, donde los niños reproducen las procesiones.

El Domingo de Resurrección en Hornachuelos.

El Domingo de Resurrección en Hornachuelos. / Córdoba

Lo que hace singular a la Semana Santa de Hornachuelos no es solo su antigüedad o sus imágenes, sino su capacidad para sobrevivir incluso cuando todo parecía perdido.

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