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Reportaje

El acero francés que impulsó el Tren del Aceite en Andalucía

El viaducto El Alamedal, una joya de la ingeniería ferroviaria situada entre las antiguas estaciones de Cabra y Lucena, fue el primer puente de acero construido en España por la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces y evidencia la influencia de Gustave Eiffel en nuestro país.

La utilización del acero, como en este viaducto, recuerda el estilo de Gustave Eiffel.

La utilización del acero, como en este viaducto, recuerda el estilo de Gustave Eiffel. / J. MORENO

JOSÉ MORENO

Cabra

Entre las antiguas estaciones de Cabra y Lucena, en pleno corazón de Andalucía, se encuentra aún como testigo mudo de la historia de aquella vieja línea de ferrocarril que se cerró al transporte de viajeros y mercancías el 1 de enero de 1985, el viaducto El Alamedal, una joya de la ingeniería ferroviaria que marcó un antes y un después en la modernización del transporte en España. Con una longitud de 71,2 metros de luz y un solo tramo de rasante inferior, este puente, inaugurado a finales del siglo XIX, es mucho más que una obra de infraestructura: es un testimonio del esfuerzo técnico y la visión industrial de la época.

Según la Revista Ilustrada de Banca en su número 1 de 10 de enero de 1899, El Alamedal fue el primer puente de acero construido en España por la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces. Situado sobre el arroyo que le da nombre, el viaducto mide 70 metros en un solo tramo, con vigas de 7,50 metros de altura. La vía férrea se encuentra a 1,50 metros sobre la parte superior de estas vigas, y el peso total de la obra metálica alcanza las 180 toneladas, cifras que evidencian la magnitud de esta proeza técnica para la época.

El proyecto fue liderado por el ingeniero jefe de la línea, Sr. Delaperriere, mientras que la construcción quedó bajo la supervisión del Sr. C. Alessandri. El tablero metálico fue fabricado en Francia, en los talleres de Daydée y Pillet, en Creil, y la obra se realizó bajo la vigilancia del Sr. Lantier, jefe de sección, y del Sr. Vigier, conductor del proyecto. Esta colaboración internacional refleja no solo la ambición de la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces, sino también la influencia directa de la ingeniería francesa en la modernización del ferrocarril español.

Ciclistas cruzan el viaducto El Alamedal, en una imagen reciente. | J. MORENO

Ciclistas cruzan el viaducto El Alamedal, en una imagen reciente. / J. MORENO

La construcción del viaducto El Alamedal se enmarca dentro del desarrollo del eje del Tren del Aceite, una línea ferroviaria clave para la economía andaluza, destinada a transportar aceite de oliva y otros productos agrícolas desde tierras jiennenses y cordobesas hacia los mercados nacionales e internacionales.

Nodo ferroviario

Este eje no solo dinamizó la economía regional, sino que también consolidó Andalucía como un nodo estratégico dentro de la red ferroviaria española, fomentando la integración comercial y cultural con el resto del país.

Una línea la de Linares a Puente Genil construida por la Compañía de Ferrocarriles Andaluces, cuyas obras se iniciaron a finales de 1879 con el tramo Espeluy-Jaén, y que, tras varias fases, ocasionó una puesta en servicio escalonada que se prolongó durante más de una década: Espeluy-Jaén (1881), Cabra-Puente Genil (1891), Jaén-Cabra (1893) y Linares-Espeluy (1893).

Influencias de Eiffel

Además, la importancia de la obra del El Alamedal evidencia la influencia del ingeniero francés Gustave Eiffel en España. A finales del siglo XIX, la arquitectura de puentes metálicos de Eiffel se convirtió en referencia para ingenieros españoles, combinando ligereza, resistencia y elegancia estructural. La utilización del acero en un solo tramo de grandes dimensiones, como en este viaducto, recuerda el estilo de Eiffel y sienta un precedente en la adopción de técnicas modernas en la península ibérica.

Hoy, más de un siglo después, el viaducto El Alamedal sigue siendo un símbolo de innovación, internacionalización y progreso industrial, uniendo historia, ingeniería y economía en un solo arco metálico que desafía el tiempo. Su existencia nos recuerda que cada tren que cruzó sus vigas no solo transportó carga o pasajeros, sino también la memoria de una Andalucía que apostó por el progreso y la modernidad.

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