Obituario
José María Luque: Un periodista entregado y humilde, un buen escritor
El excorresponsal del Diario CÓRDOBA en Montilla José María Luque fallece a los 78 años tras una larga enfermedad, dejando un legado de 26 años de dedicación al periodismo local

José María Luque, junto a la estatua de Don Bosco, en el Colegio Salesiano de Montilla. / José Antonio Aguilar
Este lunes ha fallecido en Montilla, a los 78 años, tras una larga enfermedad, José María Luque, uno de los mejores corresponsales en la historia de este periódico.
Conocí a José María Luque a finales de los años ochenta, cuando empecé a trabajar en la sección de Provincia del Diario CÓRDOBA. Él, por aquel entonces, además de un excelente maestro, que jamás desatendió a sus alumnos, era corresponsal de Montilla, una labor en la que se mantuvo durante 26 años, desde 1987 a 2013, y que abandonó, desgraciadamente, a causa de la enfermedad que ahora se lo ha llevado.
En la década de los noventa, con el programa Montilla 92, esta ciudad adquirió una notable proyección y gran parte del mérito la tuvo José María Luque, un corresponsal entregado a su trabajo que no dudaba en realizar el mayor esfuerzo para enaltecerla. José Mari –junto a Rafa Aguilar, su compañero fotógrafo–, estaba siempre para todo, sacaba el tiempo de donde no lo hubiera y cumplía su cometido a la perfección. Honrado, correcto, cumplidor, perfeccionista, justo, ajeno a las polémicas, magnífico redactor, amante de su tierra... qué les voy a contar: un excelentísimo periodista que lo controlaba todo. No había noticia que se le escapara. Para ello, evidentemente, estaba muy bien relacionado y se le tenía una gran consideración. Dos cualidades imprescindibles para todo buen periodista. Y todo porque era una persona sensata y humilde que no se jactaba de sus logros. Méritos suficientes, sin duda, para concederle en 1999 el título de Corresponsal del Año del Diario CÓRDOBA.
Pero José María Luque, cuando empezó a colaborar en el Diario CÓRDOBA, ya tenía experiencia periodística. Antes había escrito en la revista Nuestro Ambiente, de la Asociación de Antiguos Alumnos de Don Bosco, decana de la prensa de Montilla. Y luego, también, mientras ejercía como corresponsal, colaboró en el suplemento Comarcas y propició la creación de La Crónica de Montilla, ambos del Diario CÓRDOBA. En el suplemento Comarcas, del que yo era responsable, publicó, junto a Juan Portero, los reportajes que darían lugar a su primer libro, Tabernas, ventas y ventorrillos de los pueblos de Córdoba, editado en 1999 y del que tuve el privilegio de escribir el prólogo, un prólogo en el que lo califiqué de "agudo observador de un entorno que le apasiona" y "maestro de escuela con vocación periodística que dedica las mejores horas de su vida a reflejar ese entorno", una opinión que, 27 años después, continúo sosteniendo.
Articulista y escritor
Y además de este enorme quehacer periodístico diario en el que se volcó generosamente, José Mari tuvo otra ocupación paralela que mostró claramente su apego a la tierra: el articulismo. Enlazado, unido a él –por la actualidad, por la cercanía–, pero no necesariamente emparejado. El periodismo es el compromiso con la inmediatez, que se ejerce a través de la información diaria; el articulismo, en su caso, es una muestra voluntaria de amor a la tierra, en el que resaltas sus valores, en el que destacas aquellos aspectos que la hacen única; pero una muestra ya más reposada, más analítica, más certera. Y José Mari lo hace perfectamente con una escritura fresca, clara, cercana, de frases cortas que penetran en el lector, que le hacen interesarse por aspectos en los que no repararía nunca a pesar de tenerlos al lado.
José Mari ha escrito cuatro libros en los que se muestra como un gran escritor: Tabernas, ventas y ventorrillos de los pueblos de Córdoba, del que ya les he hablado; Montilla, un itinerario sentimental (2003); Confidencias con vino mismo y otros excesos (2011); y Guiomar, el rescate de la diosa (escrito en colaboración con María Dolores Ramírez Ponferrada, 2014). Y todos ellos tienen una característica común: su amor a Montilla, a su tierra y a sus gentes, su entrega absoluta a los valores de su pueblo.
Para mí, personalmente, José María Luque, más que un corresponsal, era un amigo, alguien en quien podías confiar plenamente, con el que podías quedar tanto para un encuentro de trabajo como para una comida familiar. Sí, José Mari era un amigo, un gran amigo al que recordaré siempre. Por eso, hoy, lamento su pérdida. Descansa en paz.
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