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Obituario

Fallece a los 76 años el músico montoreño Fernando Cachinero Tejada

El corazón de una trompeta que se hace eterna

Fernando Cachinero Tejada.

Fernando Cachinero Tejada. / CASAVI

Rafael Castro

Rafael Castro

Hoy lunes, las calles de Montoro guardan un respetuoso silencio, ese que solo queda cuando una melodía querida deja de sonar en la tierra para unirse al coro celestial. A los 76 años de edad ha fallecido Fernando Cachinero Tejada, figura imprescindible de la Asociación Músico Cultural Juan Mohedo y pilar fundamental en su refundación.

Fernando no solo tocaba la trompeta; la hacía hablar desde el alma. Su tesón y lucha incansable por mantener viva la tradición musical de su pueblo lo convirtieron en un referente. Para sus compañeros, no solo se va un músico, se va un maestro de la humildad y el compañerismo. Su trato cercano con los más pequeños de la banda sembró semillas de música que florecerán durante generaciones.

Devoción y Raíces

Hombre del sector oleícola, Fernando llevaba en su esencia el aroma de los olivos y la fe profunda de su tierra. Su vida estuvo marcada por una devoción inquebrantable a sus titulares: Nuestro Padre Jesús Nazareno, el "Rey de Montoro"; la Esperanza Macarena; Nuestra Señora de las Angustias y la Virgen del Carmen.

Hoy, es fácil imaginarlo ante ese "balcón privilegiado", descansando junto a los compañeros que partieron antes, custodiando cada nota que su banda vuelva a interpretar.

El amor como partitura principal

Más allá de los escenarios y los desfiles, el mayor orgullo de Fernando fue siempre su familia. Su vida fue un testimonio de amor absoluto hacia su esposa, Mari, y sus hijos, Manolo y Nico. A ellos les deja el legado de un hombre bueno, amable y sencillo que supo vivir con el corazón en la mano y la trompeta en los labios. "Hay personas que nunca se marchan del todo; viven en nosotros a través de los recuerdos".

Desde la Asociación Juan Mohedo, el sentimiento es de una profunda orfandad, pero también de gratitud eterna. Cada paso, cada marcha y cada pasodoble que suene de ahora en adelante llevará el eco de su trompeta. Sus anécdotas y su risa seguirán presentes en cada ensayo, asegurando que su legado no sea solo un recuerdo, sino una guía eterna.

Descansa en paz, Fernando. Tu música ya es parte de la eternidad.

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