Entrevista
Brígida Jiménez, exdirectora del Ifapa de Cabra: "El olivar del siglo XXI necesita profesionales preparados en áreas diversas"
Recibirá este domingo el título de hija adoptiva de la localidad egabrense

Brígida Jiménez, exdirectora del Ifapa de Cabra, que será nombrada hija predilecta de la ciudad este domingo. / J. Moreno

-Tras años de trabajo en investigación y promoción del aceite de oliva virgen extra en el centro Ifapa de Cabra, que ha dirigido desde 1989, ¿qué significa para usted recibir el título de hija adoptiva de Cabra?
-Recibir este reconocimiento es algo profundamente emocionante para mí. Cuando llegué al Ifapa de Cabra lo hice movida por la ilusión de trabajar en investigación y de aportar mi pequeño grano de arena al desarrollo del sector oleícola. Con el paso de los años, aquella ilusión inicial se convirtió en una verdadera vocación, y Cabra dejó de ser simplemente el lugar donde desempeñaba mi trabajo para convertirse en mi hogar. Aquí he vivido algunos de los momentos más importantes de mi vida, tanto en el plano profesional como en el personal. Aquí he formado mi familia, he construido amistades muy profundas y he compartido innumerables proyectos con personas extraordinarias... Todos ellos han sido compañeros de camino en una trayectoria que nunca ha sido individual, sino colectiva. Por eso siento este reconocimiento como algo que pertenece también a todos ellos. Cabra me ha dado mucho más de lo que yo haya podido aportar, y recibir este título supone una enorme responsabilidad, pero también una gratitud inmensa hacia una ciudad que siempre me ha hecho sentir parte de ella.
-Usted ha defendido en numerosas ocasiones la importancia de formar al consumidor. ¿Por qué es tan relevante?
-Porque el consumidor tiene un papel decisivo en la valorización de un producto. Cuando el consumidor está formado, cuando conoce lo que significa realmente un aceite de oliva virgen extra, cambia completamente su manera de percibirlo. Aprende a diferenciar calidades, a interpretar correctamente las etiquetas, a reconocer atributos sensoriales como el frutado, el amargo o el picante, y entiende que detrás de cada botella hay un enorme esfuerzo. Por eso siempre he defendido que la educación del consumidor es una herramienta fundamental para proteger y prestigiar el aceite de oliva virgen extra. Un consumidor informado no solo valora más el producto, sino que también contribuye a que el sector avance hacia la calidad. El conocimiento genera respeto hacia el producto y hacia todo el trabajo que hay detrás.
-¿Qué papel desempeña la investigación en la mejora del sector oleícola?
-La investigación ha sido absolutamente determinante, la investigación ha permitido mejorar las técnicas de cultivo, optimizar los sistemas de recolección, perfeccionar los procesos de elaboración del aceite y establecer métodos rigurosos de control de calidad. Todo ello ha contribuido a que hoy podamos hablar de aceites de oliva virgen extra con niveles de excelencia cada vez más altos. En el Ifapa de Cabra siempre hemos tenido muy claro que la investigación debe estar conectada con la realidad del sector. Nuestro objetivo no ha sido únicamente generar conocimiento, sino transferirlo de forma eficaz a agricultores, cooperativas y almazaras para que puedan aplicarlo en su día a día.
«El conocimiento genera respeto hacia el producto y hacia todo el trabajo que hay detrás»
-El olivar es uno de los grandes pilares económicos. ¿A qué retos que enfrenta actualmente?
-El sector del olivar se encuentra en un momento muy importante de su historia. Por un lado, tiene una fortaleza enorme: una tradición milenaria, una cultura profundamente vinculada al territorio y un producto de altísima calidad reconocido en todo el mundo. Pero, al mismo tiempo, existen desafíos que debemos afrontar con inteligencia y con visión de futuro. Uno de los más evidentes es el cambio climático, que está afectando de manera directa a los ciclos productivos del olivar y a la disponibilidad de recursos hídricos. La gestión eficiente del agua se ha convertido en una cuestión estratégica para garantizar la sostenibilidad del cultivo. Otro reto fundamental es mejorar la rentabilidad de los agricultores. El esfuerzo que requiere el cuidado del olivar debe verse recompensado con precios justos y con un reconocimiento adecuado del valor del producto. También debemos mirar con atención al relevo generacional y la viabilidad socioeconómica de los territorios olivareros tradicionales. Y, por supuesto, está el desafío de la diferenciación en los mercados. En un mundo cada vez más globalizado, no basta con producir aceite; es necesario apostar por la calidad, por la identidad territorial, por la trazabilidad y por la excelencia.
-¿Cómo ve el futuro del aceite de oliva virgen extra?
-Lo percibo con optimismo. El aceite de oliva virgen extra está ganando cada vez más reconocimiento a nivel nacional e internacional. Sus cualidades gastronómicas, su riqueza sensorial y sus beneficios para la salud lo convierten en un alimento excepcional. Cada vez más consumidores en distintos países descubren su valor y lo incorporan a su dieta diaria. Esa tendencia abre oportunidades muy importantes para los países productores, especialmente para España y para Andalucía, que ocupan una posición de liderazgo mundial. El prestigio del aceite de oliva virgen extra se construye cada día, con calidad, con conocimiento y con compromiso.
Nacida en la localidad jiennense de Arjona, esta destacada investigadora especializada en olivicultura y elaiotecnia acaba de jubilarse como directora del Ifapa egabrense, al que llegó en 1989
-¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los jóvenes interesados en el sector agrícola?
-Me gustaría decirles que miren al campo con una perspectiva abierta y moderna. La agricultura actual es un ámbito lleno de oportunidades para quienes tienen formación y ganas de innovar. El olivar del siglo XXI necesita profesionales preparados en áreas muy diversas: agronomía, tecnología alimentaria, análisis sensorial, sostenibilidad, digitalización o comercialización internacional. El campo ya no es únicamente tradición; es también ciencia, tecnología y emprendimiento. Estoy convencida de que, con su energía y su preparación, sabrán continuar este legado y llevarlo aún más lejos. Porque el olivar no es solo historia: es también un horizonte lleno de posibilidades.
-Al entrar ahora en una nueva etapa en su vida tras su jubilación, ¿quedará desligada de toda su labor investigadora o afrontará nuevos retos?
-La jubilación marca el final de una etapa administrativa, pero no del compromiso. El olivar forma parte de mi vida, de mi historia familiar y de mi manera de entender el mundo rural. Mi compromiso con este sector es profesional, pero también profundamente personal y emocional. Por eso seguiré trabajando, desde el lugar que ahora me corresponde, para que el olivar y el aceite de oliva virgen extra sigan ocupando el lugar que merecen en nuestra sociedad., ya que defender el aceite de oliva virgen extra es también defender el trabajo de miles de agricultores, la sostenibilidad de nuestros paisajes y la continuidad de una cultura milenaria basada en el respeto a la tierra.
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