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Fiestas religiosas

La santería de Lucena, declarada Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía

El Consejo de Gobierno inscribe en el Catálogo del Patrimonio Histórico una práctica del siglo XIX que destaca en las procesiones por la forma en que los santeros portan las imágenes

Los santeros portan a Nuestro Padre Jesús del Valle el Miércoles Santo.

Los santeros portan a Nuestro Padre Jesús del Valle el Miércoles Santo. / M. González

Diario CÓRDOBA

Diario CÓRDOBA

Córdoba

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha acordado inscribir la santería de Lucena como Bien de Interés Cultural (BIC), a instancias de la Consejería de Cultura y Deporte, en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz (CGPHA), con la tipología de Actividad de Interés Etnológico. Esta actividad, cuyo origen se sitúa en el siglo XIX, constituye una de las expresiones culturales más singulares de las procesiones religiosas en la comunidad andaluza.

La santería, que ahora se protege bajo la máxima figura de protección, es el arte ritualizado de portar las imágenes sagradas en tronos, a hombros de una cuadrilla de hombres -los llamados santeros-, dirigida por un capataz -conocido por los lucentinos como manijero-. Santear identifica y distingue la forma de procesionar de Lucena respecto de otras formas análogas, conformando un modelo organizativo propio.

Acompañada de tambores y, a veces, del torralbo

Esta singular forma de portar las imágenes procesionales -o santos-, que se acompaña únicamente de tambores y, en algunos casos, del torralbo, corneta que se utiliza en las santerías de Pasión para anunciar la llegada de un paso, ha generado un mundo propio de enorme singularidad en el contexto de los rituales festivos de Andalucía. Al valor social de la santería como institución de carácter genuino hay que añadir el valor estético y plástico de llevar los tronos a hombros, concebido como arte en movimiento.

En este ritual lucentino los santeros portan las imágenes sobre los hombros con el rostro descubierto, la cabeza erguida, cogiendo el varal con la mano correspondiente al hombro que soporta el peso, en una pose casi rígida, al mismo tiempo que imprimen movimiento, en algunos casos dinámico y en otros estático. Se persigue, por tanto, que el movimiento represente a la imagen o la escena que se lleva, diferenciándose una serie de estilos o de pasos básicos, reproducidos en santería de pasión y de gloria.

La Virgen de Araceli, durante el recorrido de vuelta a su ermita

La Virgen de Araceli, durante la procesión de subida a su santuario. / M. González

Indumentaria específica de las cuadrillas de santeros

Las cuadrillas de santeros van uniformadas con indumentaria específica. Así, en las santerías de Pasión van vestidos con una túnica corta y capirote corto echado hacia atrás sin cubre-rostro, del color de la cofradía. En las santerías de la Virgen de Araceli la indumentaria de los santeros cambia. En la bajada y subida en romería los santeros llevan pantalón de medio ancho, botas negras, camisa blanca, cinto, pañuelo blanco, faja del color del vestido de la Virgen y el escudo de la Real Archicofradía en el pecho.

La práctica de la santería se remonta al siglo XIX, y en esta fecha sitúan su origen los investigadores locales. Sin embargo, constan preexistencias barrocas y dieciochescas en el siglo XVII y XVII en las que pueden apreciarse aspectos directos de la santería. Esta forma de portar las imágenes, sin perder la esencia del santeo, ha ido evolucionando hasta hoy, detectándose varias etapas o fases a lo largo de la historia.

Los saberes o conocimientos para realizar una buena santería, vestirse de santero, participar en las juntas o cantar saetas de santería se han ido transmitiendo de generación a generación y a través de la observación de las prácticas dentro de las cuadrillas. De este modo, se garantiza la continuidad en el tiempo sin perder cada una de las características que la hacen singular. 

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