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Los efectos del tren de borrascas

El Higueral y el desconcierto por el agua que brota: "Ha roto el venero de Maroto"

Los vecinos de la aldea de Iznájar temen que nuevas lluvias puedan provocar más problemas, aunque las canalizaciones parecen resistir por ahora

Los vecinos de El Higueral siguen preocupados por el agua

A. J. González

Rafael Verdú

Rafael Verdú

El Higueral (Iznájar)

Al mediodía del 12 de febrero, Mari Dulce pasaba el rato viendo la tele en el salón de su casa, una vivienda rústica de techos bajos y vigas de madera en El Higueral. Unas 200 almas ven la vida pasar en esta pequeña aldea de Iznájar donde el tiempo se mide en pasos cortos y lentos, como en todos los sitios con cuestas. Era un viernes cualquiera, con buen tiempo -por fin- después de tres semanas de temporales que habían dejado hasta 1.000 litros por metro cuadrado; los vecinos lo han calculado porque muchos tienen un pequeño huerto donde es fácil instalar un pluviómetro casero. Las calles hablan de lo mismo con la voz de los regatos, las fuentes o el lavadero. Hay mucha agua, quizás demasiada.

Aquel día, un estruendo procedente de un pequeño y vetusto cuarto de baño sorprendió a Mari Dulce, como ella misma recuerda casi un mes después -"sentí el crujido", dice-. La montaña sobre la que se asienta El Higueral había supurado, ahíta de agua. Lo hizo primero por su retrete, probablemente porque bajo su casa se encuentra un pozo construido y canalizado décadas atrás por su padre. Ahí comenzó la pesadilla para los habitantes de la aldea, que aún dura -aunque con menos intensidad- más de tres semanas después.

Mari Dulce corrió a su escusado, por donde el agua ya salía a borbotones. Alarmada, llamó a un albañil para hacer drenajes y dar salida a una corriente que podía reventar la pared. "El paleta no se atrevía a picar, porque ellos no entienden de tuberías", recuerda. Un fontanero reguló como pudo el flujo de agua, que inundó su cocina y salió a la calle por el salón. El manantial que hay bajo su casa, cuando quiere salir, lo hace por una canalización del tamaño de una gatera, sobrada para tiempos normales pero inútil para un diluvio. El último que vivió El Higueral fue en 1963, según asegura el alcalde de Iznájar, Lope Ruiz. Algunos ancianos del caserío aún lo recuerdan, aunque dudan con las fechas. "Hace más de 40 o 50 años que pasó lo mismo", sentencia una vecina; "yo no estaba aquí", apostilla otra.

La inundación alcanzó un palmo

"Ha roto el venero de Maroto". Algo así rezaba el EsAlert, con ripio guasón, que mandó por whatsapp Mari Dulce a sus vecinos, sin esperar a ningún comité de emergencias. "Maroto era como le decían a mi padre", aclara. Él fue quien construyó aquel pozo bien canalizado. Si el agua ya brotaba por su baño, seguramente lo haría igual en otras viviendas, o estaría a punto de hacerlo. Y así fue.

Unas casas más abajo, Mónica tiene un pequeño almacén donde guarda mercancía sobrante de una tienda de ropa y otros enseres, vigilados por el gato de un almanaque de 2003. Allí, el agua supuestamente inodora se ve poco pero se huele mucho. La inundación del día 12 alcanzó un palmo y hubo que levantar el enlosado para dar salida a la corriente que manaba de las paredes y del suelo. "Aquí saltaba el agua por todos lados", aunque "estaba enlosaíto y estaba bien", se lamenta. Tres semanas después, todavía un hilo desagua en una cercana alcantarilla.

María, vecina de El Higueral, señala el punto por donde empezó a salir el agua desde una vivienda a la calle.

María, vecina de El Higueral, señala el punto por donde empezó a salir el agua desde una vivienda a la calle. / A. J. González

Los vecinos estiman que se vieron afectadas en mayor o menor medida siete u ocho casas del pueblo. Además, el agua llegó a circular como un arroyo por el centro de algunas calles. Las fuentes y el lavadero todavía siguen evacuando con ganas, pero las canalizaciones y las alcantarillas pueden asumir el volumen sin desbordarse. No temen, al menos por ahora, que las próximas lluvias provoquen de nuevo inundaciones porque creen que la tierra tiene de nuevo capacidad para absorber cantidades de agua a las que están acostumbrados.

¿La solución? Ni sencilla ni rápida ni barata

La solución definitiva para El Higueral no será sencilla, rápida ni barata, apunta el alcalde de Iznájar, que ya ha visitado la localidad y se ha reunido con técnicos de varias administraciones. Primero hay que esperar a que el acuífero baje de nivel para después poder realizar los estudios geotécnicos pertinentes. Soluciones hay, como las hay para casi todo, pero probablemente requieran de una gran inversión que un Ayuntamiento como el de Iznájar no puede asumir. En la aldea "hay manantiales que llevaban mucho tiempo sin agua y lo mismo se han taponado las salidas, pero es que lo que ha llovido está lejos de ser normal", explica. Tiene, asegura, el compromiso de todas las administraciones para buscar un arreglo.

Al menos, el agua que sigue brotando desde el suelo de El Higueral tiene un aspecto apetecible, fresca y clara. A simple vista cualquiera diría que se puede beber, como la de algunos manantiales de este encantador y tranquilo poblado. Es poco consuelo para sus habitantes porque "ahora echan muchas porquerías en el campo y cualquiera se atreve a beberla", se queja Mari Dulce. Hace muchos años ese manantial que ahora estorba sí que daba agua potable. De lo contrario, ¿para qué iba a hacer Maroto un pozo bajo su casa?

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