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Impacto del paso de las borrascas

Expertos de la CHG desvelan que las inundaciones se produjeron en zonas marcadas en los mapas de riesgo

La gestión de los desembalses en grandes pantanos como La Breña impidió que la situación fuera crítica durante el episodio del tren de borrascas

Inundaciones en una parcelación de Córdoba el pasado 19 de febrero.

Inundaciones en una parcelación de Córdoba el pasado 19 de febrero. / A. J. González

Diario CÓRDOBA

Diario CÓRDOBA

Córdoba

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) ha celebrado en la mañana de este lunes unas jornadas técnicas para analizar su actuación durante las borrascas que afectaron a la cuenca entre el 28 de enero y el 7 de febrero de 2026. Durante el encuentro, al que han acudido unas 200 personas, se han presentado los informes más recientes elaborados por el organismo que desvelan que la comparación de los mapas de inundabilidad de la CHG con las imágenes captadas por el satélite Copernicus en los días del episodio demuestra una coincidencia muy elevada entre la extensión real de las inundaciones y las zonas previstas en los mapas de peligrosidad.

Desde la entidad se ha subrayado en un comunicado la importancia de que las administraciones competentes elaboren y actualicen sus planes de emergencia basándose en estas ARPSIs (Áreas con Riesgo Potencial Significativo de Inundación).

Las jornadas, que han corrido a cargo del comisario de Aguas de la CHG, Alejandro Rodríguez González, y de la directora técnica, Nuria Jiménez Gutiérrez, han sido inauguradas por la presidenta de la CHG, Gloria María Martín Valcárcel, que ha querido poner en valor el trabajo del organismo “durante un mes muy complicado, en el que el personal ha trabajado de forma impecable” en un episodio, “que ha aportado mucha información de cara a la gestión futura que haga la Confederación”, ha indicado la presidenta.

Ha hecho hincapié Martín Valcárcel en “la gran cantidad de trabajo que queda por delante” para subsanar los daños ocasionados por este episodio y ha destacado que la entidad cuenta con 61 millones para llevar a cabo estas obras de emergencia.

Inundaciones que pueden repetirse cada 10 años

Durante su presentación, el comisario de Aguas ha indicado que, salvo en Dúdar y Quéntar, dos localidades de Granada donde ha habido un periodo de retorno de 500 años, en el resto de la cuenca se ha vivido un T10 (situación que puede repetirse cada 10 años). Ha explicado que el análisis de este episodio ha permitido calibrar los modelos existentes, lo que incrementará su fiabilidad de cara a futuros eventos. Las ARPSIs no solo identifican las zonas inundables, sino que también permiten estimar cuántas personas se verían afectadas en distintos escenarios de crecida y con qué periodicidad podrían repetirse estos episodios.

“Al final de todo esto están los planes de emergencias, y quiero hacer ver que tenemos una precisión muy importante de lo que puede pasar en el caudal del río. Con nuestros modelos se saben qué personas se van a ver afectadas con un caudal determinado, por lo que es necesario que se anticipen y creen un plan antes de que sucedan los episodios”, ha pedido el comisario. De hecho, la mayor parte de las afecciones que se han producido durante los temporales en los 60 municipios afectados han sido en tramos ya considerados como ARPSIs, en concreto 28 tramos.

El responsable ha subrayado, además, la importancia de preservar la funcionalidad de las llanuras de inundación, que actúan como zonas naturales de expansión del río y permiten almacenar grandes volúmenes de agua durante las avenidas. Su ocupación o alteración incrementa el riesgo en áreas urbanas y dificulta el funcionamiento natural del sistema fluvial. Así, por ejemplo, en Lora del Río la llanura de inundación llega a almacenar 42 hm³ y en Almodóvar del Río casi 12 hm³, en un episodio T10.

Gloria Martín Valcárcel, Nuria Jiménez y Alejandro Rodríguez, durante las jornadas de este lunes.

Gloria Martín Valcárcel, Nuria Jiménez y Alejandro Rodríguez, durante las jornadas de este lunes. / CÓRDOBA

Por su parte, la directora técnica de la CHG ha presentado el trabajo realizado por los técnicos de la CHG durante las dos semanas de lluvias extremas. Durante ese periodo, la precipitación media acumulada alcanzó los 340 l/m², con picos que llegaron a 800 l/m² en algunos puntos de la cuenca. La experta ha explicado que la anticipación y el seguimiento continuo, en tiempo real, de los caudales en toda la demarcación fueron determinantes durante el episodio.

A ello se sumó la gestión precisa de la laminación en las presas, que permitió reducir de forma significativa los efectos del temporal para evitar daños mayores. “Los grandes embalses, como el del Tranco, el Negratín o Breña han hecho que la situación no sea tan crítica”, ha explicado la experta, que ha resaltado que la labor de los técnicos de la CHG se situó en contener los desembalses cuando era mayor la crecida aguas abajo, para desembalsar una vez que el momento de crecida había pasado.

“La aportación máxima, el 5 de febrero, a los embalses de la cuenca fue de 10.940 m³/seg y el máximo desembalse que se llevó a cabo fue de 3.880 m³/seg y con un retraso de 16 horas. De este modo, el efecto es doble: disminución y retraso en el tiempo”, ha relatado Nuria Jiménez.

El episodio, que ha supuesto un aumento del volumen embalsado de 3.800 a 6.500 hm³, ha dejado los embalses del Guadalquivir en un 81% de su capacidad y una experiencia que conlleva un aprendizaje de cara el futuro. De este modo, con las primeras alertas de la Aemet “se comenzó a calcular la cantidad de agua que podía llegar a entrar en la cuenca para tomar de forma rápida las primeras decisiones. Se hizo el análisis con el caudal estimado, la precipitación máxima prevista y el volumen de escorrentía”, ha relatado la responsable, a partir de ahí el trabajo de los técnicos se situó en el análisis que minuto a minuto hacía el SAIH con el fin de ‘milimetrar’ los desembalses y coordinarse con emergencias y administraciones autonómicas y locales.

Los datos fueron la clave

“El conocimiento de los datos fue clave, en algunos casos se perdieron puntos de control por las crecidas, pero en menos de 24 horas teníamos otro instalado”, ha indicado. En total, la CHG cuenta con 439 puntos de control y 3.400 sensores, gracias a los cuales la entidad pudo, además de realizar su gestión de laminación, avisar de la situaciones de mayor riesgo a los servicios de emergencias con 217 boletines compartidos durante los días de lluvias y el aviso de 25 embalses relevantes.

“Ha sido buenísima la colaboración con Protección Civil, la Aemet y la Junta de Andalucía”, ha indicado Jiménez. Una gestión en una situación extrema que, según concluyen ambos expertos, ha servido para evitar daños mayores y para anticipar planes de acción de cara a futuros episodios similares.

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