Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Infraestructuras hidráulicas

Los embalses cordobeses son 10 años más ‘jóvenes’ que los españoles

La edad media de las principales presas de la provincia se sitúa en cerca de 46 años n El embalse más antiguo es el del Guadalmellato, con 115 años

Imagen reciente del embalse de La Breña, uno de los de más reciente construcción de toda la provincia.  | MANUEL MURILLO

Imagen reciente del embalse de La Breña, uno de los de más reciente construcción de toda la provincia. | MANUEL MURILLO

Rafael Verdú

Rafael Verdú

Córdoba

Más de un siglo lleva la provincia de Córdoba levantando pantanos con técnicas modernas. La ingeniería hidráulica lleva usándose para la construcción de presas desde la Antigüedad y en España hay ejemplos de balsas romanas aún en funcionamiento (aunque ninguna de ellas está en Córdoba). La mayoría de estas infraestructuras, sin embargo, se construyó durante la segunda mitad del siglo XX y acumulan ya décadas de servicio.

El embalse más antiguo de la provincia es el del Guadalmellato, que abastece a Córdoba capital y se construyó allá por 1911. Sigue en perfecto estado de funcionamiento y forma parte de un sistema que se completó 80 años más tarde, con la inauguración de la presa de San Rafael de Navallana aguas abajo. El más moderno, por contra, es el embalse de La Colada, finalizado en 2009 aunque nunca se usó para los fines previstos por la falta de canalizaciones. Ahora que ya existen, sus aguas están tan contaminadas que no sirven ni siquiera para el baño.

Nuevos embalses

Los 14 embalses principales que se ubican en el interior de la provincia de Córdoba tienen una edad media en este año 2026 de casi 46 años, lo que los coloca sensiblemente por debajo de la media española, que supera los 55 años de edad.

En buena medida, ello se debe a que Córdoba es una de las pocas provincias en las que se han seguido construyendo pantanos en el nuevo milenio. Son tres las presas que aún tienen menos de 20 años de edad: El Arenoso, finalizado en 2008; La Breña II, puesto en servicio en ese mismo año, y el ya mencionado de La Colada. No se incluye para el cálculo de la media la primera presa de La Breña, que data de 1934 pero que ahora queda inundada con el recrecimiento que supuso La Breña II.

Vista del embalse de La Colada, entre los términos de El Viso, Belalcázar e hinojosa del Duque.

Vista del embalse de La Colada, entre los términos de El Viso, Belalcázar e Hinojosa del Duque. / CÓRDOBA

En contra de una opinión muy extendida, la mayor parte de los embalses cordobeses no fueron construidos durante el franquismo. De hecho, sólo cuatro de los 14 pantanos analizados entraron en servicio entraron en servicio en esa etapa, aunque se cuentan entre los de mayor tamaño. Son los del Bembézar (1963), Iznájar (1969), Puente Nuevo (1973) y Sierra Boyera (1974). El Retortillo también data de esas mismas fechas, pero es una presa de derivación (un azud para elevar el nivel del agua) entre las provincias de Córdoba y Sevilla.

El estado de los embalses españoles se analiza en el informe Líneas de actuación para la mejora de la seguridad de las presas 2023-2033, elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica. El documento contempla casi un centenar de medidas para mejorar la seguridad de los diques, incluyendo inversiones a corto plazo en las infraestructuras más veteranas, aunque no se detallan las necesidades de cada una de las presas.

En España hay más de 2.300 embalses —casi la mitad de ellas consideradas de gran capacidad— que suman una capacidad máxima de 61.000 hectómetros cúbicos.

Casi todo ese volumen de agua se dedica a usos agrarios, aunque los porcentajes varían según las condiciones de cada zona. En Andalucía, por ejemplo, se necesita más agua embalsada para los cultivos (en torno a un 86%) que en regiones donde el régimen de lluvias es mucho más elevado, como en el Norte.

El ‘milagro’ que agranda presas

Hay algunos embalses en la cuenca que, con el paso del tiempo, han ganado capacidad en vez de perderla como ocurre en otros casos debido a los sedimentos. No se trata de ningún milagro, sino de un efecto perfectamente explicable y que en parte ha conseguido paliar el descenso de volumen en embalses como Iznájar. Una decena de pantanos andaluces parecen ahora más grandes de lo que fueron en el momento de su construcción. La ganancia ha sido escasa, salvo en el caso de la presa de Fresneda (en la provincia de Ciudad Real pero muy cerca de Jaén), que ha crecido más de un 40%. La explicación radica en los métodos de medición, que han avanzado mucho en las últimas décadas y que son mucho más precisos que antaño. En Córdoba sólo hay un embalse que haya aumentado su capacidad. Se trata del Martín Gonzalo, en el Valle del Guadalquivir oriental, que ha pasado de casi 18 hectómetros cúbicos a más de 20.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents