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Reportaje

De Grazalema a la Subbética: una esponja de roca que absorbe y libera el agua en las montañas del sur de Córdoba

La Subbética cordobesa es un paisaje kárstico similar al de la Sierra de Grazalema, pero aquí la tierra absorbe el agua de lluvias menos intensas y la libera después a través de manantiales

Así luce el paisaje kárstico de la Subbética cordobesa tras las lluvias

Diario CÓRDOBA

Rafael Verdú

Rafael Verdú

Córdoba

Hace un siglo se construyó en la provincia de Málaga la primera presa moderna de España, hecha con hormigón en lugar de mampostería. En su momento fue un hito de la ingeniería nacional, que logró levantar sus 74 metros de altura en apenas nueve meses. Hoy, el embalse de Montejaque -que así se llama-se considera una «presa fantasma» ya que nunca ha tenido uso por una razón sencilla: a pesar de que el vaso no es grande (unos 36 hectómetros cúbicos, similar al de Sierra Boyera), jamás se ha llenado. Hasta ahora.

Los diseñadores no tuvieron en cuenta las características geológicas del terreno. Montejaque, entre Ronda y Grazalema, se encuentra encajonado entre roquedos de piedra caliza, en un terreno kárstico que funciona como una esponja. La tierra, sencillamente, se bebía toda el agua que atrapaba la presa y luego la evacuaba poco a poco por sus poros donde a bien tuviera la naturaleza, cuyos dictados no siempre coinciden con los del ser humano. Más bien, no lo hacen casi nunca.

Desde un punto de vista geológico -que los ingenieros de hace un siglo aún no tenían en cuenta, y ese fue su fallo-, la composición del terreno en Montejaque o la cercana Sierra de Grazalema explica las inundaciones de la zona tras semanas de lluvias torrenciales. Mientras fue posible, la tierra retuvo el agua en sus rendijas y oquedades, hasta que las entradas continuas llenaron el vaso a rebosar. El agua entonces salió por donde pudo, desde hontanares a cotas de altura impensables; donde había un salto de agua ahora existe una laguna. En Córdoba existe una comarca muy parecida.

La Subbética es un terreno compuesto de rocas calizas fracturadas, que en términos científicos se denomina karst. Antonio Jesús González, profesor de Geología de la UCO, explica que «si tengo una zona de caliza altamente fracturada por cuestiones geológicas frente a otra menos roturada, ¿dónde puede haber más inundaciones? En la más fracturada, porque hay más caminos para el agua. Pueden ser grietas milimétricas o cavernas en su más amplio sentido». No le gusta a este experto la comparación con un queso gruyère, con agujeros incomunicados; prefiere asimilar el karst a una esponja «llena de huecos».

Esas condiciones se dan en la Subbética (y también en la Cueva del Yeso de Baena), pero no en toda la comarca por igual. González detalla que «todos los macizos del sur de la Subbética, como Tiñosa, Horconera, Gallinera o la zona de la nava de Cabra y Luque son masas calcáreas». Los manantiales se encuentran en la base, de modo que el agua tiende a salir por las fuentes de cauces como los ríos Cabra, el Marbella en Zuheros, Fuente Alhama... «y así hay ocho o diez grandes fuentes en la base de esos macizos».

En condiciones excepcionales, la base del acuífero de la Subbética podría colmatarse y subir el nivel hasta cotas muy por encima de esos veneros. «Hay fuentes en altura que no funcionan ni todos los años ni todas las épocas», asegura el geólogo. Pero es extremadamente improbable que en estas sierras cordobesas ocurra nada parecido a lo vivido en Grazalema. Para ello el régimen de lluvias tendría que ser tan intenso y extraordinario como en la montaña gaditana. Según González, «teóricamente puede suceder, pero nunca hemos visto la dinámica de Grazalema en la Subbética. La susceptibilidad al fenómeno existe, pero bajo ninguna circunstancia hay que alarmarse porque aquí no hay la misma intensidad de lluvias ni el grado de facturación del macizo interno es el mismo». Puntualmente en la Subbética han surgido pequeñas dolinas -depresiones naturales del terreno fruto de hundimientos- que han llegado a tragarse algún arroyo, pero nadie espera que eso ocurra en zonas habitadas.

La lluvia deja en Grazalema más de mil litros en diez días

Los datos de pluviometría avalan la tesis del geólogo. En Grazalema, solo en el mes de enero se han superado los 1.200 litros por metro cuadrado, algo así como todo lo que llueve en un año en la cornisa cantábrica. Y más de mil litros se concentraron en diez días. En Priego de Córdoba, por poner un ejemplo comparativo, en el mismo mes no se alcanzaron ni los 200 litros, aunque en algunos puntos se triplicó esa cifra por momentos.

Según el geólogo de la UCO, «aquí no hemos conocido nada similar» a lo vivido en Grazalema. Además, «por muy fracturado que esté un sistema, si tiene conductos de salida, las aguas salen rápido. El problema es que no surja el agua y suba dentro de la sierra, y ahí la velocidad de entrada del agua tiene mucho que decir». En resumen, los problemas en un sistema kárstico como el de la Subbética se dan «no porque haya mucha agua sino porque ha entrado demasiado rápido».

La presa fantasma de Montejaque se ha llenado ahora después de un siglo vacía, para preocupación de las autoridades y los vecinos. Cabe preguntarse por qué al embalse de Iznájar, si se asienta en terrenos parecidos, no le ha ocurrido lo mismo. En realidad, el sustrato en esa zona de la Subbética es impermeable, lo que impide las filtraciones o las limita a porcentajes muy bajos como los que tiene cualquier otro pantano. «Iznájar está sobre margas, algunas del Triásico, que son materiales arcillosos. Son rocas carbonatadas, todas bastante impermeables», aclara González. Los ingenieros, menos mal, ya sabían cuando levantaron este pantano que una presa nunca debe construirse sobre una esponja.

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