Tragedia ferroviaria
Adamuz, el corazón en la vía
La tragedia ferroviaria que ha sacudido al municipio cordobés deja imágenes imborrables, historias de dolor extremo y una respuesta colectiva que ha emocionado incluso en medio del horror

Un grupo de personas en la caseta municipal de Adamuz, alrededor de una mesa con frutas y zumos. / A.J. GONZáLEZ

Por las vías del término municipal de Adamuz no solo descarriló ayer un tren. También lo hizo la rutina, la calma y la normalidad de un pueblo que, desde avanzada la tarde del día 18 de enero, quedó atrapado en una tragedia ferroviaria de enorme magnitud: el descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad a su paso por la localidad, traducido en decenas de fallecidos y heridos -cifras actualizándose, en continuo aumento-, junto a cientos de escenas descorazonadoras. El estruendo del accidente rompió el silencio habitual del campo y, con él, se desmoronó la tranquilidad de vecinos que jamás imaginaron que su nombre quedaría ligado a una jornada negra.
Porque lo ocurrido ha pasado rápidamente a formar parte de la memoria colectiva del municipio: una catástrofe que dejó imágenes durísimas, situaciones difíciles -imposibles- de borrar y un reguero de dolor que todavía se respira en el ambiente. Pero entre el metal retorcido, los gritos y la incertidumbre, emergió también la otra cara de la tragedia. La de un pueblo entero volcado sin reservas, que convirtió el miedo en solidaridad, las casas en refugios y a vecinos anónimos en primeros auxilios improvisados. Un día de horror que, paradójicamente, sacó a la luz lo mejor de una comunidad unida frente al desastre.
“Me iba a explotar el corazón”
Gonzalo fue uno de los primeros en llegar. No es sanitario ni agente de emergencias. Es vecino. Y eso hoy fue suficiente. “Cogí el coche y un equipo de luces y me fui al lugar”, relata. Al llegar, la imagen del tren descarrilado le golpeó como un puñetazo. “La adrenalina es enorme, me iba a explotar el corazón”.

Dos mujeres trasportan botellas y garrafas de agua en la caseta municipal de Adamuz. / Manuel Murillo
Entre el desconcierto encontró a un joven de unos veinte años, herido, con sangre en los pies y tiritando. “Tenía mucho frío”. Gonzalo no dudó: se lo echó a cuestas, lo subió al coche junto a otros heridos y los llevó a su propia casa. Allí, donde horas antes había normalidad, ahora había dolor, silencio y espera.
El chico permanece allí, aguardando noticias de su madre y de un amigo.
Entrar donde nadie quiere entrar
Pero Gonzalo volvió al lugar del accidente. Entró al tren junto a un compañero. Lo que vio dentro lo persigue. “Te encuentras lo que no te quieres encontrar… víctimas por todos lados. Muy dantesco. Muy malo”.
Heridos atrapados, cuerpos sin vida, escenas imposibles de borrar. Aun así, siguieron sacando heridos. “Había un despliegue policial, vecinos, de todo el que podía entrar allí”. No por valentía, sino por humanidad. “Para no repetirlo nunca jamás en la vida. Ha sido demasiado”.
El pueblo como primer hospital
Mientras tanto, Adamuz se organizaba casi sin saberlo. Raquel fue testigo directo de las primeras horas, las más críticas. “Al principio no había apenas sanitarios”, explica. Y entonces el pueblo hizo lo único que sabía hacer: ayudar.
Mantas, botellas de agua, primeras curas, palabras tranquilizadoras. “La gente del pueblo hemos ayudado como hemos podido”. Fueron minutos eternos. “Nos hemos visto sobrepasados en esa primera tanda. Ha habido muchos heridos, muchos de ellos graves”.
Hasta que llegaron los refuerzos, Adamuz sostuvo la emergencia con sus propias manos.

Un hombre porta varios chaquetones, sudaderas y ropa de abrigo para los afectados, en Adamuz. / MANUEL MURILLO
Una movilización ejemplar
Juanjo lo observó todo desde el centro del municipio, donde se habilitaron espacios de acogida y refugio. “Es una tragedia, una catástrofe”, resume. Sin embargo, destaca algo que hoy une a todos: la respuesta colectiva.
“Adamuz se ha portado impecable”, afirma. Medios, espacios, rapidez. “Desde que he llegado he visto la movilización. Se palpa en el ambiente”. Dentro de la magnitud de lo ocurrido, el pueblo respondió como un solo cuerpo.
Ayudar… y saber retirarse
Manolo es otro de los muchos nombres anónimos de este día negro. Ofreció su vehículo de nueve plazas, su tiempo, su fuerza. “Me puse a disposición para traer gente”. No fue necesario, pero sí lo fue todo lo demás: agua, sillas, logística, orden.
“También tratamos de no estorbar”, explica. Cuando la situación empezó a estar controlada, muchos vecinos se retiraron en silencio. Porque ayudar también es eso: saber cuándo hacerse a un lado.
Hoy Adamuz no duerme. El pueblo está cansado, herido, en shock. Historias de niños alojados por familias adamuceñas, charlas tintadas de tensa espera y dolor, físico y emocional, se han puesto a la hora del día en la noche más larga de la historia adamuceñas. Pero también lo ha hecho el orgullo, del que presta ayuda cuando más hace falta. Y así, entre el horror del accidente y la magnitud de la tragedia, quedan las vivencias, las que después no saldrán en los balances oficiales.

Noelia Santos
Javier, familiar de uno de los desaparecidos en el accidentede Adamuz: "Estamos desesperados, necesitamos tener noticias"
La desesperación se hace patente entre los familiares de los desaparecidos en el accidente ferroviario ocurrido el pasado domingo en Adamuz. El centro cívico de Poniente Sur, en Córdoba capital, es el lugar en el que madres, padres, hermanos o cuñados esperan, y desesperan, aguardando a tener noticias de sus familiares. Uno de ellos es Javier, cuñado de Agustín Fadón, trabajador del Alvia siniestrado y del que todavía no tienen noticias.

Rafael Verdú
Renfe activa los transbordos por carretera entre Córdoba y Villanueva de Córdoba mientras la vía permanece cortada en Adamuz
Renfe ha activado este martes su plan de transporte alternativo para los viajeros que deben trasladarse entre Madrid y Andalucía mientras la línea de alta velocidad permanece cortada tras el trágico accidente de Adamuz.
Mediante varios autobuses, los pasajeros de estos servicios deben hacer transbordo en Córdoba. Quienes vienen de Madrid se apean en Villanueva de Córdoba para realizar el trayecto hasta la capital cordobesa en bus, dado que la vía está cortada entre ambos puntos mientras concluyen las labores de retirada de los trenes siniestrados. Y a la inversa, quienes van hacia la capital española procedentes de Sevilla o Málaga se bajan en Córdoba y van por carretera hasta Villanueva, donde retoman las líneas de alta velocidad.

Araceli R. Arjona

Los Reyes de España, en la zona cero del accidente en Adamuz. / Manuel Murillo
Los Reyes de España, en la zona cero de Adamuz
Los Reyes don Felipe y doña Letizia, vestidos de negro, acaban de llegar a la zona cero del accidente de trenes ocurrido el domingo en Adamuz y lo hacen acompañados por la vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero. Silencio absoluto y ambiente de solemnidad en un lugar, junto a los vagones del Iryo, en el que está misma mañana fue localizado un cadáver, el número 41. Con semblantes muy serios, los reyes están saludando a la comitiva de autoridades, entre ellos Óscar Puente y Juanma Moreno, que les están informando de la situación.

Noelia Santos
Familiares de 41 desaparecidos aguardan noticias en el centro cívico Poniente Sur
La Junta de Andalucía acaba de informar de que, en estos momentos, en el centro cívico Poniente Sur hay familiares de 41 desaparecidos en el accidente ferroviario de Adamuz. De momento, las noticias no corren con la celeridad que desearían estos familiares, que reconocen estar "desesperados" ante la falta de noticias.

Noelia Santos

Javier, familiar de Agustín Fadón, uno de los desaparecidos en el accidente ferroviario. / Paula Ruiz
Javier, familiar de un tripulante del Alvia accidentado en Adamuz: "Estamos desesperados, necesitamos tener noticias"
Javier es cuñado de Agustín Fadón, miembro de la tripulación del Alvia siniestrado durante el accidente de Adamuz y del que su familia aún no sabe nada. Javier habla de la desesperación de no saber nada de su cuñado y de que nadie les diga nada. “Ya es demasiada espera, ya es demasiado tiempo”, afirma compungido.
Según les ha comentado un compañero de Agustín, estaba trabajando en la cafetería, pero fue un momento al baño, al coche dos, momento en el que se produjo el fatídico accidente. Desde ese momento ya no se le volvió a ver, de la misma forma que tampoco da señal su teléfono móvil.
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