Patrimonio
Atribuyen a José Risueño el Ecce Homo de la parroquia de los Remedios de Cabra
Así lo indica un estudio de Manuel García Luque publicado en la revista ‘Cuadernos de Arte e Iconografía (CAI)’ de la Fundación Universitaria Española

Ecce Homo de Cabra. / José Moreno

Un destacado estudio de arte realizado por Manuel García Luque, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, ha identificado una obra de gran valor artístico en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de Cabra, atribuyendo un excelente busto de Ecce Homo al maestro del barroco granadino José Risueño (1665-1732). Esta atribución, basada en rigurosos análisis estilísticos, viene a clarificar la autoría de una pieza que, debido a su calidad, había sido previamente relacionada con figuras de la talla de Alonso Cano o Torcuato Ruiz del Peral.
Así lo expresa en el artículo «Tres obras desconocidas de José Risueño» publicado en el número de diciembre de la revista Cuadernos de Arte e Iconografía (CAI) de la Fundación Universitaria Española, donde estudia tres obras dispersas y que el historiador García Luque atribuye al artista granadino sobre la base de un análisis estilístico, técnico y formal. Las otras dos obras son un lienzo del Niño de la Espina, de colección particular, y un retrato a lápiz de su mecenas y protector, el arzobispo Martín de Ascargorta, que perteneció al álbum Jaffe.
El busto del Ecce Homo, que actualmente se exhibe en la embocadura del camarín del retablo mayor de la iglesia egabrense, es considerado una creación personal de Risueño, artista conocido por su versatilidad al combinar los oficios de pintor y escultor.
Caracteres de la obra
En el mismo se expresa que los expertos señalan que los caracteres formales de la obra, como la tipología física de Cristo, la fina nariz redondeada, los ojos entornados y la barba bífida unida al bigote son rasgos distintivos de las imágenes cristíferas atribuidas a Risueño. Además, otro rasgo crucial es el contraste técnico entre el suave modelado de la piel y la talla más áspera y aristada de la clámide, un sello de la técnica escultórica de Risueño en la década de 1720.
En cuanto a la policromía, también atribuida a Risueño, destaca el uso de escaso aparejo en las vestiduras y la minuciosidad en las carnaciones, con detalles como un sutil hematoma y el peleteado -pintura de pelo fino- para completar la melena.
La pieza tiene una larga historia documentada en Cabra. Aparece inventariada por primera vez en 1745 entre los bienes de la Cofradía de la Soledad. Aunque la vía de ingreso a la parroquia -que en el siglo XVIII era una ermita- no está clara, se enmarca dentro de la dilatada proyección de los talleres escultóricos de Granada en la Subbética cordobesa.
Llegada a Cabra
La hipótesis de su llegada se vincula con el egabrense José Gutiérrez de Medinilla (1657-1729), canónigo de la catedral de Granada y benefactor de la Cofradía de la Soledad. No sería de extrañar que este coleccionista de arte, que atesoró obras de Ribera y Cano, poseyera o contribuyera a la llegada de un Ecce Homo de un artista contemporáneo y ligado a la Catedral como Risueño.
Aunque su procedencia exacta sigue abierta a investigación, la confirmación de la autoría de José Risueño supone un hito en el estudio de su producción escultórica, a menudo desdibujada por un sinfín de atribuciones erróneas.
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