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Saneamiento

Aguas de Montilla retira de la red más de 55 kilos de toallitas cada día

La empresa lanza un llamamiento para tratar de frenar el «grave impacto medioambiental»

Las toallitas húmedas forman ‘fatbergs’, bloques compactos de fibras, polímeros, grasa y otros residuos. | JOSÉ ANTONIO AGUILAR

Las toallitas húmedas forman ‘fatbergs’, bloques compactos de fibras, polímeros, grasa y otros residuos. | JOSÉ ANTONIO AGUILAR

Juan Pablo Bellido

Juan Pablo Bellido

Montilla

Aguas de Montilla ha lanzado un llamamiento a la ciudadanía para tratar de frenar el grave impacto que las toallitas húmedas están causando en la red de saneamiento del municipio. La empresa, que gestiona el ciclo integral del agua en la ciudad, ha querido recordar que este residuo cotidiano, tan extendido en los hogares por su comodidad, esconde un problema ambiental y económico cada vez más difícil de contener.

«Aunque puedan parecer inofensivas, las toallitas húmedas han terminado convirtiéndose en uno de los enemigos silenciosos del alcantarillado urbano» sostienen desde la empresa, para añadir que su aparente «cara amable» —suavidad, olor agradable y eficacia de limpieza— ha ido alimentando una «falsa sensación de sostenibilidad» que no se corresponde con la realidad.

Según los responsables de la firma, esta estrategia de apariencia ecológica —conocida como greenwashing— «ha extendido la idea de que las toallitas húmedas pueden eliminarse fácilmente por el inodoro cuando, en realidad, sucede todo lo contrario».

En Montilla, el volumen habla por sí solo: los operarios de la empresa que gestiona el ciclo integral retiran cada día más de 55 kilos de toallitas del alcantarillado municipal, que forman los temidos fatbergs, auténticos bloques de fibras, polímeros, grasa y otros residuos —como bastoncillos o productos de higiene— que se compactan bajo las calles y crecen rápidamente. De hecho, los propios trabajadores de Aguas de Montilla han adoptado la expresión de «el monstruo» para referirse a estas acumulaciones de residuos, que llegan a bloquear bombas, colapsar estaciones de bombeo y generar averías cuya reparación representan un gran coste.

Un problema global

El problema no es local. Estudios internacionales, como el elaborado en Reino Unido bajo el nombre Water UK, apuntan a que este tipo de productos están detrás del 93% de los bloqueos en estaciones de bombeo y depuradoras. Las consecuencias no solo se miden en reparaciones millonarias, sino también en desbordamientos e inundaciones que afectan directamente a la vida de los ciudadanos. «Cuando estos residuos se fragmentan, el daño se multiplica, ya que generan microplásticos que viajan hasta ríos y mares, dejando una huella ambiental cada vez más visible», recuerdan desde Aguas de Montilla.

En ese contexto, la empresa mixta formada por Hidralia y el Ayuntamiento lleva años librando una batalla diaria contra un fenómeno que no deja de crecer. Por este motivo, la red municipal, con más de 95 kilómetros de conducciones y más de 2.000 pozos distribuidos por todo el municipio, es monitorizada de forma continua para anticipar incidencias, evitar plagas y reducir daños en las infraestructuras hidráulicas.

Sin embargo, el foco vuelve una y otra vez al mismo punto: el mal uso del inodoro como cubo de basura. A pesar de que algunos envases sigan indicando que las toallitas son «desechables», la naturaleza tarda más de 600 años en descomponerlas. Su mezcla de algodón, poliéster y productos químicos impide que se disuelvan, por lo que acaban llegando enteras a las tuberías, solidificándose junto a grasas y detergentes.

Aguas de Montilla registra más de un centenar de intervenciones al año por atascos en distintos puntos del municipio, con un coste medio de unos 350 euros por actuación. El total ronda los 35.000 euros anuales, una cifra que recae en buena parte sobre las comunidades de vecinos cuando el atasco se produce en zonas interiores.

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