La economía lucentina: un caso de éxito
Es la segunda ciudad de la provincia desde hace 150 años y cuenta con el 5% de la población

Innovación. En el empuje económico desempñan un papel importante las tecnologías y nuevas energías. / Manuel González

Para aquellos que llevamos años analizando la economía de la provincia de Córdoba y su evolución, la economía lucentina ha sido siempre un caso particular, una suerte de excepción en las generalidades que se podían decir de la economía provincial cordobesa. Lucena siempre ha sido «un caso». Un caso de éxito que es necesario analizar y poner en perspectiva.
Desde que Charles Darwin escribiera ‘El origen de las especies’ (en 1859), el éxito de cualquier especie de seres vivos o comunidad viviente se mide por su crecimiento y supervivencia a lo largo del tiempo, a lo largo de la historia.
Trasladada esta idea a la economía, podemos decir que una sociedad es económicamente exitosa si, alcanzado un nivel de renta medio o medio-alto (con todos los matices que se quieran sobre la bondad del PIB para medir el bienestar), su renta per cápita sigue siendo creciente, al tiempo que crece su población. Y hay que tener en cuenta la variable poblacional, porque crecer en renta per cápita por decrecimiento poblacional, como lo están haciendo las sociedades ricas en proceso de envejecimiento (y Japón es el paradigma avanzado), es más un síntoma de decadencia que de éxito. Para poder, pues, hablar de éxito de una economía, sea nacional, regional o local, es necesario analizar, en primer lugar, su evolución demográfica.
«Junto con Pozoblanco, son los dos únicos pueblos de toda la provincia, exceptuando la capital, en los que los saldos migratorios de la transformación de la economía española de final del franquismo son transitorios»
La evolución demográfica de Lucena a lo largo de siglo XX y el cuarto de siglo XXI que llevamos ha sido, en algunos aspectos, similar al del conjunto de la provincia, al tiempo que ha sido la excepción dentro de sus pueblos. Lucena ha sido desde hace más de 150 años la segunda ciudad de la provincia de Córdoba por población, manteniendo en la actualidad la misma «cuota» que hace un siglo: el 5% de la población cordobesa total.

Economía diversificada. Es una de las características que definen el crecimiento económico de Lucena. / Manuel González
La demografía lucentina vivió una fuerte expansión demográfica en la primera mitad del siglo XX, lo que la llevó a casi duplicar su población para 1950 (36.181 habitantes). En esa década, especialmente, sufrió, antes que la mayoría de los pueblos de la provincia, un proceso de emigración que le haría perder casi un 20% de sus habitantes. Un proceso de emigración que es excepcional en la provincia, pues se inicia antes (en los 50) y no se repite en la década siguiente, siendo, junto con Pozoblanco (en este caso, con una década de retraso), los dos únicos pueblos de toda la provincia (la capital es otra historia, pues siempre ha absorbido población de la provincia) en los que los saldos migratorios de la transformación de la economía española del final del franquismo (1960-1975) son transitorios. A partir de ahí es cuando se puede hablar del éxito de Lucena, pues, desde la década de los 80 hasta la crisis de 2010, el crecimiento demográfico y económico es continuo, alcanzando los 42.000 habitantes antes de la crisis de 2008. Desde ese momento vive un proceso de estancamiento demográfico (en el entorno de los 42.000-43.000 habitantes) con síntomas de caída, pues el número de personas jóvenes (entre 20 y 40 años) viene disminuyendo desde 2010.
«La clave de su éxito demográfico, por la que es excepción como economía local, es la evolución diferencial de su estructura productiva»
Desde una perspectiva de renta per cápita, la renta bruta de los hogares lucentinos estaba en 2022 (últimos datos disponibles), por encima de los 27.000 euros, lo que la situaba entre los pueblos con mayor nivel de renta de la provincia, algo significativo especialmente entre los pueblos grandes. Una renta per capita que ha ido creciendo en los últimos años por encima de la media, con tasas superiores a la media provincial, regional y nacional, lo que habla de la nueva vitalidad de la economía lucentina.
La clave del éxito demográfico lucentino, por la que es un caso excepcional dentro de las economías locales de la provincia (junto con Pozoblanco, que necesitaría también un análisis particular), hay que buscarla en su economía, en la evolución diferencial de su estructura productiva.
La característica esencial de la economía lucentina es que, siempre y a diferencia de algunos pueblos grandes cercanos, ha sido una economía muy diversificada, en la que, a la agricultura de olivar, vid y secano, se añadió muy pronto un potente sector industrial. Y es que, frente a otros pueblos de la provincia intensivos en agricultura o agroindustria, Lucena ha desarrollado industrias en sectores intermedios muy significativos, de los que, a pesar de las crisis, siempre sobreviven empresas y, sobre todo, el capital humano y las redes comerciales. Cobre, textil, mueble, mobiliario de cocinas o frío industrial han sido y son industrias específicamente lucentinas que, sumadas al sector agrario (siempre presente en la economía cordobesa), la construcción y el comercio, dan como resultado una economía integrada, menos dependiente que la media de la Administración pública o del turismo.

La Plaza Nueva y el Ayuntamiento de la ciudad. / Manuel González
Ese peso del sector industrial en la economía lucentina, en ligero retroceso por la evolución del sector servicios, le ha dado a la economía lucentina algunas características particulares: un mercado de trabajo más potente y estable y una fuerte componente exportadora. Lucena siempre ha tenido (salvo en los momentos transitorios de crisis de algún sector) una tasa de paro menor que la media provincial, lo que le ha dado una mayor estabilidad en las rentas y en su crecimiento. De lo anterior se deduce una especificidad de la economía lucentina: es una economía que, como pocas, ha sabido «surfear las olas», reinventarse continuamente y competir frente a economías próximas, diferenciándose de ellas. Ha sido, por tanto, una economía madura y flexible, como corresponde a una economía industrial desarrollada.
«La especificidad de la economía lucentina es de una economía que, como pocas, ha sabido reinventarse y competir frente a economías próximas»
Esta madurez de la economía lucentina es necesario subrayarla, pues explica parte de su éxito a lo largo de la historia contemporánea. Máxime si se tiene en cuenta que ha sido una economía que se ha hecho al margen de los tres grandes procesos de inversión pública en infraestructuras dotacionales y de transporte de nuestra historia reciente. Así, a pesar de ser la ciudad de mayor población en el sur de la provincia y estando en el eje de comunicaciones entre Córdoba y Málaga, no fue sede del hospital comarcal a finales de los 70; se tardaron más de 15 años en completar la autovía hasta Málaga; y, finalmente, se quedó fuera de toda opción ferroviaria por el trazado de la línea entre Córdoba y Málaga.
Esta historia de éxito, creando un primer tejido industrial a finales de los sesenta al margen de los planes públicos, reinventándose con cada crisis y al margen de los ciclos inversores que han impulsado otras economías locales, sin dependencia de las transferencias públicas, es la historia de éxito de un pueblo, de una ciudadanía con una estructura social diferente a la de su entorno y con una acusada cultura empresarial.
Lucena es, ciertamente, dentro de las economías locales de la España interior, un caso de éxito, pues ha mantenido su población, ha hecho crecer su renta, a pesar de las crisis y los olvidos, ha evolucionado.
Un caso de éxito que está viviendo un momento de transición, ya que ha de volver a adaptarse al entorno, a los nuevos tiempos, a la nueva economía.
Algo que hará como lo ha hecho siempre a lo largo de su historia.
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