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Diario Córdoba

REPORTAJE

Una ballena en plena Campiña cordobesa

Tal día como hoy, pero de 1957, se conoció el hallazgo casual de los primeros restos de un balénido en España, un hecho que ocurrió en el Chilancón de Santa María de Montilla

Un operario muestra a uno de los expertos uno de los huesos de la ballena. CÓRDOBA

Sesenta y cinco años. Ese es el tiempo que ha transcurrido desde que tuvo lugar uno de los descubrimientos más fascinantes de la historia reciente de Córdoba y que traspasó las fronteras patrias gracias a la sagacidad del periodista montillano José Ponferrada Gómez, corresponsal de las agencias EFE y Cifra, cuyos teletipos dieron cuenta de su noticia en la mañana del 16 de agosto de 1957.

El prolífico escritor montillano dio cuenta de unas obras que se llevaban a cabo en la zona del Chilancón de Santa María, a las afueras del casco urbano de Montilla, durante las cuales aparecieron, de manera casual, lo que resultaron ser los primeros restos óseos de una ballena en España.

El descubrimiento se convirtió en todo un acontecimiento a nivel nacional, de modo que el Gobierno de España decidió enviar a Montilla a tres reputados científicos para analizar los huesos. Así, junto al profesor Rafael Martín –encargado del estudio de los restos fósiles–, se desplazaron hasta la localidad Rafael Cabanás –que se centró en el yacimiento del Chilancón–, y Diego Jordano –encargado de la identificación zoológica–.

Los tres investigadores –que durante su estancia en la localidad contaron con Pepe Cobos y con José Ponferrada como guías de excepción– publicaron en 1961 el artículo Primer cetáceo fósil español, Balaonoptera rostratella, Van Beneden, del Mioceno de Montilla (Córdoba) en la Revista de Estudios Geológicos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Aunque los montillanos siempre creyeron que el fósil había sido enviado al Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, la realidad es bien distinta. De hecho, su conservadora de Paleontología, Prehistoria y Geología, Begoña Sánchez, confirmó en el año 2005 que no había «constancia alguna» de la existencia de una ballena procedente de Montilla.

Así, en contra de lo que se recogía en una de las ediciones del Diccionario Enciclopédico Espasa-Calpe, la especialista barajó la posibilidad de que los restos fósiles fueran a parar a otro lugar.

Y, en efecto, uno de los centros que recibió restos procedentes del Chilancón de Santa María, «en una caja que pesaba más de cien kilos», tal y como consta en un documento de la empresa que se encargó del transporte desde Montilla y que consiguió recuperar Inmaculada de Castro, archivera municipal, fue el Instituto Lucas Mallada de Investigaciones Geológicas.

«El mal estado en el que se encontraban los fósiles, que prácticamente se desmoronaban al cogerlos, aconsejó sacar moldes de escayola de los huesos, que fueron los que se enviaron a varias instituciones académicas, no solo de Madrid, sino también de Córdoba y Granada», explicó la archivera.

Otro de los centros que recibieron los moldes de escayola procedentes de Santa María fue la Facultad de Veterinaria de Córdoba. No en vano, el investigador montillano José Rey, cronista oficial de la ciudad, recordaba haber visto los huesos del cetáceo durante una visita que realizó al centro en el año 1972.

«Un profesor nos mostró unas cajas con restos pétreos y aseguró que se trataba de la ballena de Montilla», explicó José Rey, quien reconoció no haber olvidado esta anécdota por haber sido precisamente su suegro, el recordado fotógrafo Manuel González, el encargado de cubrir la noticia para la Agencia EFE, lo que posibilitó que el hallazgo fuera conocido rápidamente en todo el mundo.

Y José Rey estaba en lo cierto. Algunos de los fósiles del Mioceno encontrados en el Chilancón de Santa María se conservan desde su hallazgo en la Facultad de Veterinaria de Córdoba. «Entre los fondos del Museo de Anatomía de la Facultad se encuentra una vértebra de ballena, de más de medio metro, que se corresponde con el hallazgo que tuvo lugar en Montilla», aseguró el director del departamento de Anatomía, José García Monterde.

Aunque los operarios que en 1957 trabajaban en el Chilancón descubrieron varios restos más, hasta el año 2005 solo fue posible localizar una vértebra de gran tamaño, aparte de los tres huesos que se exponían ya en el Museo Histórico Local de Montilla y que correspondían al costillar del mamífero.

No obstante, fuentes de la institución universitaria confirmaron en primera instancia que el traslado de la facultad hasta el campus de Rabanales pudo determinar que el resto de fósiles se quedasen en el edificio de la avenida de Medina Azahara, donde fueron conservados hasta su fallecimiento por el catedrático José Martín Ribes

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