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Diario Córdoba

REPORTAJE

Padres y madres en duelo en Puente Genil

Crean una asociación pontanesa para personas que han perdido un hijo | Requieren la colaboración altruista de un psicólogo que les ayude y les dé las pautas para superar el trance y seguir con sus vidas

Araceli, en la imagen con su marido, promueve una delegación de la asociación Alma y vida. CÓRDOBA

«Pedía meterme en la caja de mi hijo». Ese era el deseo de Araceli Cabello, una pontana que recibió una llamada telefónica el 10 de junio de 2009, del instituto donde cursaba estudios su hijo de 16 años, comunicándole el fallecimiento de éste al «desvanecerse en la clase de informática».

Antonio Ángel era un joven deportista, sano, sin ninguna patología, pero que el destino quiso llevárselo de este mundo terrenal, dejando tras de sí a unos padres destrozados y a dos hermanos de 15 y 5 años, que no comprendían tan cruel arrebato. Esta fue la tragedia, pero la actitud de Araceli Cabello Rodríguez, el empuje y la fuerza, le llevaron a tomar el camino más óptimo. Había que elegir «o la no aceptación o vivir dignamente». Eligió este camino, un proceso largo y tortuoso en el que pasó todas las etapas: el duelo, la aceptación, la ira, la rabia, hasta llegar a donde se encuentra hoy en día, cuando puede disfrutar, sin sentirse culpable por reírme, por vivir, por seguir viviendo…». «He logrado vivir dignamente sin olvidar a mi hijo», explica.

Araceli consiguió salir del pozo, en gran parte, por un grupo de terapia que localizó en Sevilla y al que acudió durante un año y medio, cada 15 días, para compartir con otros padres la misma tragedia. El grupo «me permitió ir sacando y limpiando la herida». Tras este periodo creó una delegación del mismo en Córdoba. Y ahora está en fase de constitución en Puente Genil.

Alma y vida, padres y madres en duelo es el nombre de la asociación de la que Araceli Cabello va a abrir una delegación en Puente Genil para poder crear un grupo terapéutico que pueda dar cobertura más próxima a las personas de la comarca, es decir, de Aguilar, Cabra, Moriles y Montilla, principalmente.

Esta asociación, con sede en Sevilla, cuenta en aquella provincia con siete grupos. Desde hace ocho años está otro operativo en la capital cordobesa, y con este nuevo impulso «queremos dar una oportunidad a padres que no querían desplazarse a otras localidades». Este ha sido el principal motivo por el que quiere constituir este grupo, para cuyas futuras terapias ya dispone de local. Ahora lo que necesita Araceli es «un psicólogo que, de forma altruista, nos ayude a crear el grupo y nos aporte las pautas». Por tanto, «el único fin que persigo --explica-- es montar un grupo de terapia de ayuda a los padres». Araceli entiende que después de 13 años de haber perdido a su hijo su «misión en la tierra es ayudar a los demás». «Tengo que ayudar a otros padres a levantar cabeza», añade.

También reconoce que esta opción la eligen algunas personas, y que incluso entre la pareja puede haber divergencias, es decir, «hay personas a las que les va bien la terapia y otras prefieren evadirse con el deporte u otras alternativas».

A pesar de la dureza de la experiencia vital, Araceli concluye que también ha existido un aprendizaje en positivo durante estos trece años: «He adquirido una enseñanza tras la muerte de mi hijo, la de ayudar a los demás para que no se sientan solos. La soledad, que se siente es horrorosa, aunque se esté acompañado», concluye.

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