Cuatro años de trabajo para recopilar entrevistas, trabajar en investigación, hacer fotografías, realizar mucho trabajo de campo, y hacer el montaje y diseño para poder poner en marcha todo un registro de las "Plantas Comestibles Silvestres de Guadalcázar" que se han recopilado a través de un libro en el municipio.

En este trabajo ha participado el Real Jardín Botánico de Córdoba y el Ayuntamiento de la localidad, y en el mismo han trabajado la botánica Mónica López y Raúl Osuna como técnico municipal y ha contado con la colaboración de varios especialistas que han otorgado rigor científico a los datos, además de los más importante: la colaboración de los mayores que han sido la base fundamental para conocer las plantas, sus usos y como elaborar platos con ellas.

Esta recopilación formará parte de los archivos que ayudarán a educar y cultivar de cara a las nuevas generaciones de este patrimonio. Permitirá no perder una tradición centenaria en la localidad, la de el uso de las plantas y además ha contado con especialistas que han dado el rigor científico necesario que ya de por sí aportaban los mayores con su experiencia propia.

Las plantas

Algunas de las plantas siguen siendo muy habituales en la zona, pero otras prácticamente han desaparecido. La realidad es que hay mayores que siguen recolectando, pero reconocen que hay menos y recuerdan como lo que antes era muy habitual ver en las cunetas, hoy día se hace prácticamente imposible.

Cada planta ha sido localizada, descrita, ubicada en su espacio, fotografiada, incluso cocinada, todo ello siguiendo las indicaciones de los mayores. Ha habido que tener en cuenta la estacionalidad de las plantas y las fases de la misma en las diversas estaciones del año a la hora de registrarlas, esto ha hecho incluso un poco más arduo el trabajo teniendo en cuenta que muchas de las plantas se consumían con sus hojas en estado basal.

Algunas especies comunes como las tagarninas o los cardillos siguen siendo muy comunes, otras prácticamente han desaparecido y especies que se comen de forma natural en otros lugares y en esta zona sólo se usan para el ganado. Uno de los puntos negativos es la cantidad de plantas afectadas por plagas como la chumbera.

Todo esto se ha podido conocer a través de las conversaciones que además han permitido aprender otros usos que en el día a día se les daba a las plantas de la zona.

Las recetas

La elaboración de las recetas ha descubierto grandes tesoros culinarios, ha permitido recordar sabores de la niñez y ha afianzado platos que siguen estando a la orden del día en la gastronomía local.

La tagardinas o tagarninas, que se usaban principalmente en guisos o incluso en salteados y que todavía se consumen, las acelgas que poco se parecen a las compradas en el supermercado y se preparan de diversas formas, las collejas que se saltean con huevos o en tortillas, el ajoporro que se usan de forma similar a los puerros, las verdolagas que se compartían también como comida para algunos animales, espárragos trigueros, amargueros, cerrajas, cardo borriquero, cardillo y así…hasta medio centenar de plantas que se han recopilado en fichas con sus nombre común y nombre científico, sus curiosidades, su forma de recolección, sus usos y recetas, sus partes comestibles y un largo etcétera

Los mayores también han hablado de lo que conocemos como “malas hierbas”, incluso a estas le encontraban uso antaño y más de uno puede contarlo gracias a estas hierbas, se ha sabido a través de estas investigaciones.

Una de las recetas que aparece en el libro. CÓRDOBA

Duro trabajo de recopilación

Guadalcázar es uno de los municipios de Córdoba más rico en fauna y en flora, adelanta Mónica López que es botánica y responsable del archivo del Real Jardín Botánico de Córdoba. Además, considera a la localidad su pueblo ya que vive desde hace años en el municipio y las charlas con los vecinos en su día a día le hizo darse cuenta de que “era necesario aunar todos los conocimientos y usos tradicionales de las plantas silvestres en el campo”. Fue precisamente su relación con los mayores lo que le hizo pensar en poner en marcha este proyecto.

Cintia Bustos, presidenta del Instituto Municipal de Gestión Medioambiental de Córdoba (Ingema), que ha colaborado, se ha referido a la importancia de este gran proyecto que “ayuda a preservar, guardar e informar el patrimonio etnobotánico de la campiña de Guadalcázar”, además ha subrayado la presidenta “contando con aquellos que más saben nuestros mayores”.

El alcalde de Guadalcázar, Francisco Estepa, ha explicado que el Ayuntamiento ha colaborado con este proyecto porque es un “legado fundamental para las nuevas generaciones”

Una de las tareas más difíciles ha sido localizar algunas plantas y es que el nombre que se le daba por parte de los mayores era difícil extrapolar a la especie botánica correcta, así lo explica Raúl Osuna, técnico del Ayuntamiento que ha trabajo en el proyecto de principio a fin. Además se ha encargado de fotografiar las especies.

No obstante ha sido un trabajo muy compartido en el que lo más bonito ha sido el contacto con los vecinos y que ya tiene su recompensa, un libro en las estanterías de muchos vecinos y una recopilación para la posteridad.

Además de todo lo aprendido y como resumen final queda la siempre satisfactoria relación con los mayores, que una vez más ha hecho aprender mucho de la vida, ha ofrecido distintas perspectivas, vivencias y experiencias muy significativas y uno de las grandes recompensas de este trabajo en la que coinciden sus responsables.

Todo lo que saben las personas mayores debe ser escuchado y recopilado”, la razón de ser del proyecto.