El pueblo de Castro del Río ha vuelto a brindar un homenaje a la memoria. El Consistorio castreño organizó una acogida muy especial, llena de emoción y de sentido en los tiempos tan convulsos que se viven últimamente, a una persona con raíces castreñas y cuya familia tuvo que verse obligada al exilio a México en el año 1939, debido al fin de la Guerra Civil y al inicio de la dictadura franquista. Se trata de José María Riobóo Martín, famoso ingeniero y empresario mexicano de éxito, asesor y persona muy cercana y de confianza del presidente mexicano López Obrador, cuyo padre y abuelo son originales del barrio de la Villa de Castro. Concretamente, la familia Riobóo vivía en el número 4 de la plaza de la Iglesia, según datos recabados en el padrón del archivo municipal.

José María Riobóo Martín era hijo de José María Riobóo del Río, médico nacido en Castro del Río el 25 de diciembre del 1906, hijo de Raimundo Riobóo Pérez de Mena y de María Josefa del Río Fuentes. Estuvo afiliado a la Agrupación Socialista de Madrid y se exilió con tan solo 30 años a México tras la Guerra Civil.

Estos apellidos tan curiosos pertenecen históricamente a la alta burguesía agraria de la localidad castreña, siempre ligados a los estamentos del poder local durante varios siglos. Sin embargo, y a pesar de pertenecer a una familia acaudalada, José Riobóo del Río formó parte de ese grupo de escritores, científicos e intelectuales que defendieron la legalidad republicana y cuyo fin no era más que luchar por unos ideales basados en el establecimiento de una sociedad más justa.

La trayectoria

La Fundación Pablo Iglesias recoge una entrada especial sobre él, detallando toda su trayectoria profesional y política: «Médico. Estudió Medicina en Salamanca y Cádiz, licenciándose en 1931 en la Universidad Central de Madrid, especializándose en Dermatología y Enfermedades Venéreas. Trabajó como inspector de la Dirección General de Sanidad. Afiliado a la Agrupación Socialista de Madrid, fue represaliado por su participación en la revolución de octubre de 1934. Durante la Guerra Civil fue capitán médico del cuerpo de Guardias de Asalto en Barcelona, comandante médico y jefe de Sanidad en Cataluña.

Llegó a México a bordo del Mexique en julio de 1939, donde trabajó como responsable de la consulta de Dermatología y Enfermedades Venéreas de la Benéfica Hispana. Falleció en la ciudad de México en 1986».

Su hijo, José María Riobóo Martín, persona que presidió el homenaje, es ingeniero civil por la Facultad de Ingeniería de la UNAM, fundador y presidente del Grupo Riobóo desde 1974. Fue miembro del consejero técnico de la Facultad de Ingeniería y miembro del comité consultor de la Facultad de Ingeniería de UNAM, de la división de Educación continua de la misma y de la división de estudios de posgrado. Además, forma parte del consejo directivo de Westhill Institute, rector de la Univerdad de Westhill.

También es miembro numerario de la Academia de Ingeniería Estructural y miembro del comité asesor del Distrito Federal en Seguridad Estructural y director de los subcomités para la elaboración de las normas para diseño y construcción de estructuras desde 1985 y el de las normas para diseño y construcción de puentes de 1997 a 2003, participando en la elaboración del reglamento de construcciones para edificación en el Distrito Federal. Fue, asimismo, director e integrante de la comisión de admisión de dirección de responsables de obra de 1985 a 1990 e integrante del comité de admisión de corresponsables en Seguridad Estructural desde 1995.

José María Riobóo del Río. CÓRDOBA

Reencuentro

Riobóo Martín viajó a Castro del Río para el homenaje junto a su esposa, Yasmin Esquivel Mossa, ministra de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de México, y también con gran parte de su familia. El ingeniero mexicano estuvo acompañado por miembros del Consistorio castreño, entre los que estaba el alcalde, Salvador Millán; por el presidente de la Diputación de Córdoba, Antonio Ruiz; y también por la senadora del PSOE por Córdoba María Jesús Serrano y por la diputada en el Congreso por Córdoba Rafi Crespín.

Emoción en La Villa

Riobóo se mostró muy emocionado en su paseo por el barrio de la Villa, donde desde principios de siglo vivieron sus antepasados. Emotividad que se tradujo de sus palabras entrecortadas por la emoción en el acto celebrado en el recién inaugurado Teatro Cervantes, con apenas unas treinta personas, entre las que tan solo se encontraban familia y cargos institucionales ya que la visita no se hizo pública a los medios de comunicación.

El acto comenzó con la intervención del alcalde de Castro del Río, Salvador Millán, que antes de presentar a Riobóo, llevó a cabo un alegato a la memoria, precisamente en el día 18 de julio, «día en el que, de la noche a la mañana, los ciudadanos de este país, tuvieron que defender su tierra, sus raíces y su patria de aquellos que querían arrebatársela. Ninguno de nosotros vivimos aquella época y lo único que tenemos para evitar que una situación similar en la que vecinos, amigos, hermanos, se enfrentaran hasta la muerte es la memoria». Millán recalcó que «la memoria nos debe servir para evitar que esa situación se vuelva a repetir, y todos debemos evitar que caiga en el olvido. Ese es el mayor homenaje que todos los ciudadanos de este país, pueden hacer por todos aquellos que sufrieron las consecuencias de aquel 18 de Julio de 1936». Para dar por finalizado su discurso y dar paso a Esquivel, el alcalde castreño acabó señalando que «nos encontramos en este emblemático lugar del casco histórico de nuestra villa, para recibir a la familia y homenajear a un castreño que, como tantos otros, sufrieron las consecuencias de la Guerra Civil española, por el simple hecho de defender su tierra».

El recuerdo

Tras su intervención, Millán hizo entrega a José María Riobóo de una copia enmarcada del padrón del año 1900 donde hay constancia de dónde vivía su familia y también le entregó un cuadro con el escudo de Castro tallado en madera de olivo.

Despúes de Millán, Esquivel llevó a cabo un repaso a la vida académica y profesional de Riobóo. Tras la presentación por parte de la ministra de la Suprema Corte de Justicia de México y tras recibir diversos obsequios y regalos, Riobóo tomó la palabra y, tras agradecer al alcalde de Castro del Río y a todas las autoridades presentes la invitación, expresó que «estaba especialmente emocionado por volver a la tierra donde en 1906 nació la persona más importante de mi vida, mi padre». El hijo del exiliado explicó primero que «este acto honra la memoria de mi padre, y será algo que quedará grabado en la historia de mi vida y en la de mi familia», para luego relatar de forma muy conmovida «las enseñanzas de mi padre, así como todos y cada uno de los recuerdos que tenía de su casa, de su patio andaluz, en el que jugaba con unos cubos marcados con números. Ese era el recuerdo más primitivo que siempre me contaba que tenía de Castro del Río». El mexicano finalizó su intervención agradeciendo de nuevo la invitación y rememorando entre lágrimas cómo su padre, que «se tuvo que ir a México sin un centavo, se tuvo que abrir camino en un país difícil y hacer sacrificios increíbles para llevar a sus padres, a mi abuelo y a mi madre… A casi toda su familia en brazos a México. La mejor lección que me dio en vida fue la de que no hay salvación si no era con todos, es decir, o todos o nada».

El acto finalizó con un estruendoso aplauso mientras que Riobóo lloraba emocionado junto a su familia. Cruzar al otro lado del charco tuvo su justa recompensa, la memoria de todos y cada uno de los exiliados y represaliados por la dictadura debe perdurar en la historia.