Pedro José Vera, Máximo José Barbera y Emilio Montero forman parte de una cuadrilla de esquiladores que ayer terminaban esta faena en la finca La Pernea Alta, situada en la aldea mellariense de La Coronada y propiedad de José Antonio Agredano. Vera, además de participar en uno de los programas de la televisión autonómica extremeña dedicado a este oficio, ganó en 2019 el campeonato de Extremadura de esquila, ha quedado dos veces en tercer lugar en el de España y representó a nuestro país en el campeonato mundial, celebrado en Francia. 

En un breve descanso, Pedro José explica que «desde mitad de marzo, hasta mitad de junio, se esquilan principalmente todas las ovejas andaluzas y extremeñas». Asegura que «se considera un buen esquilador el que pela, diariamente, unas 100 ovejas de las de aquí, las merinas. Si hace más, ya es excepcional», por lo que «aproximadamente, se esquilan 20 animales por hora». La parte más difícil del ovino «es la barriga», ya que, «por ejemplo, cuando está parida, las venas de esa zona se dilatan y si tienes un accidente, sangra mucho». En cuanto a las razas, «cada una tiene su dificultad», señala, pero «en el mundo de los esquiladores se dice que quien no esquila una merina, no es esquilador». Es la más difícil porque al tener «lana por todo el cuerpo, no necesita una piel dura para protegerse, por lo que es muy fina».

Su oficio también ha evolucionado y Vera recuerda que empezó con un equipo «muy bueno de Granja de Torrehermosa (Badajoz), esquilando con las tijeras de toda la vida». Después de un paréntesis en el que se desplazó hasta Barcelona para trabajar en la construcción, «al retomar el oficio, las tijeras estaban en desuso, los esquiladores de mi cuadrilla utilizaban máquinas eléctricas, que después se han ido perfeccionando hasta las que tenemos hoy, las mejores del mercado».

Es muy infrecuente, pero «si, por un pliegue en la piel, un grano que no se ve al estar tapado por la lana o por el movimiento del animal, se hace algún pequeño corte, decimos la palabra moreno, que aquí en la zona se usa para llamar a la persona encargada de curarlo, normalmente, el pastor». Además, explica que antes se daba picón machacado con ceniza «y alguna cosilla más secreta», mezcla que en la actualidad ha sido sustituida por sprays adquiridos en centros veterinarios.

En cuanto a las esquiladoras, «en España, no hay muchas, pero, afortunadamente, eso está cambiando. Hay esquiladoras muy buenas», como Claire, a la que conoció en Francia e invitó a visitar Pernea Alta. «Para mí es importante que la gente de mi tierra viera que las mujeres pueden hacer este trabajo igual o mejor que nosotros, porque lo he visto y así me lo han demostrado, compensando la fuerza con habilidad». Consciente de que su trabajo está desapareciendo, anima a los jóvenes a incorporarse a él: «Viajas a muchos lugares; yo conozco gente de toda España y parte de Francia, se gana bastante dinero en poco tiempo. Invito a los que estén desempleados o que les guste el campo, a que conozcan esta forma de vida».

Por su parte, José Antonio Agredano recuerda que «a ellos los llamaba mi tío y mi padre, cuando yo era pequeño». Agredano asegura que «trabajan rápido, esquilan muy bien, no hacen cortes y cobran un precio razonable».