Un vecino de Castro del Río deberá indemnizar a dos agricultores en casi 105.000 euros y pagar una multa de 3.500 euros por arrancar dos hileras de olivos movido por los celos.

La sentencia relata como probado que en la madrugada del 3 de abril del 2010, el procesado utilizó un tractor de su propiedad para arrancar 62 olivos marteños de una finca y 52 de la hacienda colindante. Acto seguido volcó el tractor cayendo a un arroyo. A las 5.28 horas acudió a la Policía Local para denunciar que le habían robado el tractor después de romper el candado del recinto en el que se encontraba estacionado. A las 7.37 horas llama a la Policía Local para decir que había encontrado el tractor. La acusación que pesaba sobre el encartado era de delito de daños y simulación de delito.

El juez de lo Penal número tres argumenta que aunque nadie le vio provocar los daños "existe una cuantiosa prueba indiciaria". De un lado, estuvo en las inmediaciones del olivar la noche de los hechos aduciendo que iba a su parcela porque las ovejas estaban pariendo y, por otro, el hijo de uno de los perjudicados es el actual novio de la ex pareja del procesado.

A ello se suma que los tres coincidieron en un bar de copas esa misma noche y que el acusado "estaba resentido" con ella "por haber puesto esta fin a la relación". La joven destacó que "no dejaba de llamarla para decirle que quería volver con ella" y que desde el incidente "no la ha vuelto a molestar más".

La Policía Local encontró un zapato con sangre de oveja enganchado a la puerta del tractor y el acusado negó su pertenencia, pero al intervenir la Guardia Civil y decirle que le iban a hacer la prueba del ADN admite que podría ser suyo y que estaría tirado en la basura.

Concluye el juez que si bien arrancó los olivos del suegro de su ex novia también arrancó los del vecino pues eran de la misma clase y no había separación entre las hileras.