El entusiasmo mostrado por 480 manos moviendo a la vez 960 bolillos sorprendía ayer a las organizadoras de la I Concentración de Encajeras de esta especialidad en la provincia de Córdoba. La asociación de mujeres María Górriz, de Puente Genil, promovió ayer esta reunión en su objetivo de "sacar a la calle, cada mes de marzo, una actividad interesante relacionada con la mujer", como indica su presidenta, Concepción García. Esta actividad anual se realiza en este mes porque, según el colectivo organizador, es el dedicado a la mujer. Han creído interesante mostrar la actividad de este taller de manualidades que funciona internamente en la asociación desde hace tres años bajo la dirección de Leandra Alarcón.

En la concentración estuvieron presentes unas 240 encajeras, bueno había sólo un hombre procedente de Madrid y no parece lógico escribir en masculino, que pertenecen a 15 grupos de tres comunidades autónomas (Andalucía -la más numerosa-, Castilla-La Mancha y Madrid). La asociación ha recibido varias comunicaciones lamentando la ausencia en esta concentración ya que coincidía con otras dos en puntos diferentes de la geografía española. Aunque insisten en ser invitadas a la próxima que se fragüe en Puente Genil.

La presidenta de la asociación organizadora se mostró satisfecha por "la disponibilidad de las mujeres participantes" al tiempo que agradecía la "necesaria colaboración municipal y de empresas privadas". Este evento estaba diseñado para celebrarse al aire libre, en la plaza Ricardo Molina, pero la lluvia obligó a buscar refugio en las naves de la Expo.

Acompañando a estos encuentros suele ir una tienda ambulante donde las encajeras pueden encontrar todo lo relacionado con los bolillos, desde las bases, alfileres, hilos y dibujos a trabajos terminados u orientación y clases. El dependiente lleva 39 años diseñando dibujos a mano mientras que su esposa tiene en Almagro (Ciudad Real) -cuna del bolillo- una academia.

TALLER PONTANO La monitora del taller de Puente Genil, Leandra Alarcón, explica que actualmente hay diez personas desarrollando estas labores con edades que van desde los 15 a los 66 años y alaba la destreza que muestran al paso del tiempo.

La inscripción costó 3 euros -una forma de amarrar la asistencia- y las participantes recibieron diploma, camiseta y bolsa de picnic. Además se incluían productos típicos locales: carne de membrillo, magdalenas, aceite y vino. La sesión se complementó con una visita a una bodega y un breve recorrido turístico. Una jornada de trabajo y ocio que sólo se interrumpía por una escapada para comprar carne de membrillo.