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Mayo Festivo

Noche de 'juernes' en las Cruces de Córdoba: "Esto es como la Feria, pero más tranquilo"

Los jóvenes toman la primera fiesta del Mayo Festivo en una jornada en la que se ha visto mucha Policía en los accesos a los recintos

Noche de ‘juernes’ en las Cruces de Córdoba

Víctor Castro

Rafael Verdú

Rafael Verdú

Córdoba

Son bonitos los atardeceres primaverales. Cambia la luz en minutos y casi todo cambia, porque nada se ve igual. Se alargan las sombras como un ciprés, con permiso de Miguel Delibes y del que hubo que talar en el Bailío hace una semanas. Con una temperatura agradable, a todo el mundo le gusta pasear a esa hora en que la noche y el día se confunden. Así ha sido la tarde, el ocaso y las primeras horas de la noche en este jueves de Cruces en Córdoba, que en realidad ha sido como un viernes, con su tardeo incluido. Este Primero de Mayo, como siempre y como en casi todo el mundo, es festivo porque se celebra el Día del Trabajo. Pero aquí no trabaja -casi- nadie ese día, ni tampoco hay clases. Juernes lo llaman los jóvenes.

Han sido los jóvenes quienes han tomado las calles del Centro de Córdoba, sobre todo al comenzar la noche. En San Andrés, como en otras cruces familiares, sonaban sevillanas al atardecer, todavía no a todo volumen. Desde Santa Marina llegaba un grupo de jóvenes, veinteañeros quizás, aunque hoy en día las apariencias engañan más que nunca. Tres parejas, dos jarras de rebujito y un camino. A las Cruces. "Esto es como la Feria, pero más tranquilo", decía Alfonso agarrado de la mano de su novia, piripintados los dos. "Y que no falte el rebujito", apostillaba quien decía ser "su colega de toda la vida".

Las cruces familiares, más tranquilas

¿Más tranquilo? Sí, en las Cruces familiares. Pero que se lo digan a los cientos de personas -casi todos adolescentes- que desde primera hora de la noche abarrotaban ya la Cruz del Bailío, quizás una de las que tiene más bulla en toda la ciudad. Aquello es una plazoleta acotada donde caben los que caben, la entrada es un embudo -solo se puede acceder por Capuchinos- y la salida una vía de alta capacidad que nadie a esa hora usa. Allí suena música aflamencada para cumplir con las normas y no pasa nada; al gentío le gusta. Las cantan, porque moverse no se puede mucho más allá del paso de costalero o la agitación manual del gato de los chinos. En comparación, un par de sardinas en lata tienen más sitio para echar un dominó. Si ponen sevillanas, a ver quien es el guapo o guapa o guape que las baila sin saltarle un ojo al vecino. Ni Israel Galván, oiga, y eso que tiene un coreografía en un ataúd.

Vigilancia para evitar el botellón

Mucho se ha hablado de los botellones en la ciudad durante las Cruces de Mayo. "No vamos a dejar que se haga botellón en las Cruces", dijo el alcalde. Pero pasar de las musas al teatro no es sencillo. El Ayuntamiento ha puesto todos los medios para acabar con el botellón y son bien visibles. Policías locales en cada acceso o salida de las Cruces con más bulla, recorridos de entrada y salida, vallas que protegen los domicilios particulares en las zonas abarrotadas.

¿Funcionan las medidas antibotellón? Sí, al menos en el entorno de las zonas más céntricas. Pero es imposible controlarlo todo y algunos grupos de chavales iban cargados con bolsas de supermercados llenas de botellas y refrescos. "Aquí ha pasado un grupo que llevaba un carro de la compra lleno de botellas", decía la propietaria de un bar a unos metros de una Cruz.

En algunos puntos como en la calle Moriscos los vecinos han visto botellones. En cualquier caso, nada que ver con lo que ocurría hace unos años: el miércoles, primer día de Cruces, solo hubo tres denuncias por orinar en la calle y otras dos por vender alcohol fuera de horario.

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